Política
Sábado 18 de Junio de 2016

"López era el contrapeso que Kirchner le puso a De Vido"

Diego Cabot, autor del libro "Hablen con Julio", se explaya sobre el rol que tenía el exfuncionario K, detenido con casi nueve millones de dólares.

"José López tenía línea directa con Cristina". Así de tajante es la definición que hace Diego Cabot del vínculo entre la expresidenta y el exfuncionario detenido esta semana con casi nueve millones dólares en una residencia religiosa de General Rodríguez en provincia de Buenos Aires, donde intentaba ocultar esa plata, equivalente a más de 125 millones de pesos.
Cabot, abogado y periodista económico del diario La Nación, fue autor junto a Francisco Olivera en el año 2007 de un libro que muchos recordaron tras el grotesco episodio del martes a la madrugada: "Hablen con Julio", se llama la obra, en referencia al exministro Julio De Vido, jefe de López. En ese libro se trazó el primer boceto del funcionamiento de los circuitos de la obra pública en los albores del kirchnerismo, oscura trama que hoy parece revelarse de modo "cruel y torpe", según califica el autor.
En diálogo con Diario UNO de Santa Fe, Cabot habló de aquella investigación y de la conmoción política que ha generado el arresto de López.
—Todos hablan de él desde el martes a la madrugada, pero ¿quién es José López?
—José López era una suerte de contrapeso que colocó Néstor Kirchner en el megaministerio de Planificación que creó. Era como un trípode, cuyo vértice era De Vido y dos contrapesos para quitarle peso específico. Uno era (el exsecretario de Transporte Ricardo) Jaime, que está preso, y el otro era López, exsecretario de Obras Públicas, que también está preso. Este fue el esquema que armó Kirchner y que con el tiempo fue mutando. López terminó siendo el hombre que lubricaba la política de obras públicas con sobreprecio.
—¿Por qué Kirchner le puso un contrapeso a De Vido?
—Kirchner siempre fue igual. Él establecía sistemas de contrapeso para que nadie pueda proyectar una sombra que lo afecte. Siempre lo hizo en Santa Cruz: cuando aparecía alguna persona que le podía hacer sombra, se encargaba de boicotearla. Nunca quiso tener ningún tipo de sucesión, nadie con vuelo propio. De hecho si mirás lo que pasó con ministros que tuvieron algo de vuelo propio, como (el exjefe de Gabinete) Alberto Fernández, (el exministro de Economía Roberto) Lavagna, (el exministro de Justicia, Gustavo) Béliz en el inicio, todos terminaron afuera. Entonces a De Vido, como tenía mucho poder por la plata que manejaba, le puso contrapesos.
—Y si habría que plantear grados de confianza de Kirchner hacia estas tres personas, ¿dónde ubicás a López? ¿Por encima, por debajo, en igualdad con De Vido?
—Era un par de De Vido. Ambos tenían línea directa con Kirchner. Después López tuvo mucha relación con Cristina. De hecho en su momento se especuló mucho con que iba a ocupar el cargo de De Vido después de que Kirchner murió. Ahí él establece línea directa con Cristina. Se hablaba mucho de la salida de De Vido y también se decía que él se quería ir del gobierno. Pero no lo dejaron ir para custodiar lo que sabía.
—Cuando ustedes inician la investigación, ¿la idea era llegar a De Vido, o el objetivo era otro?
—Nosotros queríamos hacer una biografía de De Vido, cuya historia en realidad no da para un libro, porque es un tipo muy particular, sin una gran historia. Siempre fue un gerente de confianza de Kirchner. Nos parecía, sí, que era el hombre clave en el inicio del kirchnerismo. Desde ahí se incubaron todas las ideas iniciales del kirchnerismo, que terminaron expuestas con torpeza y crueldad en los últimos años. Queríamos hablar de él como artífice del poder. No te olvides que De Vido era el dueño de la caja y para Kirchner la caja era poder. Entonces lo terminamos usando como una mirilla para observar la estructura de poder que gobernaba la Argentina desde 2003. Y ahí ya se veía esta matriz que salió a la luz ahora, de esta manera tan cruel y torpe, repito.
—Y remontándonos al momento de la publicación de tu libro, ¿las revelaciones obligaron al gobierno a modificar algo de las prácticas que denunciabas?
—¡No, en absoluto! ¡Se nos reían! Decían que éramos mentirosos, nos amenazaba con demandas, mandaron el libro a cantidad de abogados para saber si nos hacían juicio o no. Nos cuidamos mucho en el lenguaje que utilizamos porque sabíamos que eso iba a suceder. Pero la verdad es que la impunidad fue tan grande en todos estos años que no tuvo consecuencias directas. Sentían que nada los amenazaba. Sí sucedió que el libro se vendió mucho (habrá en breve una sexta edición), pero la verdad es que la sociedad no estaba dispuesta a ver lo que sucedía. En aquel momento la gente disfrutaba de la bonanza de la salida de la crisis.
—¿Y en el mundo empresarial cómo impactó el libro?
—Empezaron a ver que lo que sucedía de modo particular, era en realidad una conducta general. Pero la verdad, es que a nadie le importaban estos temas éticos o de transparencia porque el gobierno cabalgaba sobre una popularidad enorme. En aquel momento no había una demanda de transparencia. La gente se conformaba con dejar atrás la crisis. Para nosotros fue muy triste.
—La sensación de entonces para ustedes, de acuerdo a esto que decís, fue de mucha soledad.
—Hay un capítulo del libro donde nosotros esbozamos 10 o 12 dichos o frases de gente que nos recomendaba no publicarlo, o de emisarios que venían del gobierno y nos decían "¡para qué van a escribir esto!". Lo hicimos igual porque considerábamos que era nuestra forma de hacer periodismo. Pero no la pasamos bien. Algunos nos decían que no podía ser cierto lo que informábamos.
—¿Hubo impericia o incapacidad política por parte de la oposición junto a complicidad u omisiones maliciosas por parte de la Justicia, para que esto no estalle antes?
—Hubo una mezcla de todo. Gran parte de lo que decíamos quedó publicado en el libro, y en el diario. Porque hubo muchas cosas más, por ejemplo al poco tiempo revelamos lo del avión de Jaime (adquirido mediante testaferros). Pero sí, la oposición más de allá de algunas excepciones no supo poner sobre la mesa de discusión estos temas. Y la Justicia parecía moverse en línea con esa indiferencia de la gente frente a los hechos de corrupción, y no investigaba al poder cuando era poder. Y no te olvides que después vino la muerte de Kirchner, que le otorgó a Cristina un baño de perdón por todo lo que había sucedido. Ganó con el 54% de los votos.
—Este efecto dominó con Jaime, Báez, López presos, ¿dónde termina? ¿En De Vido? ¿Llega a Cristina?
—Si la Justicia funciona como debe ser, no con las pruebas que pueden aparecer, si no con lo que ya tienen, esto va a llegar a la familia Kirchner. No solo a la expresidenta, sino también a Máximo y a las sobrinas y demás que estuvieron involucradas en la causa Hotesur. Lo de De Vido se va a acelerar cuando se avance en las causas por importación de combustible. Va a poder explicar muy poco, y le servirán de poco los fueros hasta que el Frente para la Victoria decida abandonarlo y dejarlo en la banquina. Porque la política tiene que seguir, el peronismo tiene que seguir, y si el peronismo tiene un lastre hoy, es el kirchnerismo.
—¿En cuánto beneficia al actual gobierno todo esto que sucede con los exfuncionarios kirchneristas? ¿Le da el aire que necesitaba cuando el agobio de la crisis económica empezaba a ahogarlo?
—Una cosa no tapa la otra: la inflación sigue alta y la corrupción de los Kirchner está a la vista. La oportunidad en la que llega no puede ser mejor para el gobierno, pero también le carga la responsabilidad de no correrse un milímetro, porque ahora hay una voracidad de transparencia. Porque Macri pudo haber festejado cuando se enteró que este hombre tiraba los bolsos dentro del convento. Pero también tiene que saber que la sociedad no le va a perdonar una.
Moneda dura
—¿Esa plata que López tiraba dentro del convento, a qué podría corresponder?
—Son los retornos que el gobierno pidió durante años...
—¿En dólares, no en pesos?
—Siempre pedían retornos en dólares. Las empresas se tenían que encargar de conseguir la moneda dura, ya sea en Argentina o en Uruguay.
—¿En Uruguay?
—En algunos hoteles de Uruguay se hacían operaciones. Allá viajaban algunos emisarios a cobrar en moneda dura debido a las restricciones que el mismo gobierno había impuesto acá.