Santa Fe
Viernes 06 de Enero de 2017

Los Reyes son santafesinos: la historia de los hermanos Melchor, Gaspar y Baltazar

Todo comenzó con una broma que se hacía en la familia, pero los varones de la casa terminaron siendo homónimos del trío de Belén

Son de Rosario. Baltazar, Gaspar y Melchor. Aseguran que muchos se sorprenden por sus nombres.

Los Reyes existen y viven en una calle de árboles y pájaros de Fisherton; la magia también, y corre por cuenta de una familia afable que siempre tiene a alguien más sentado a la mesa. Se trata de Gaspar y los mellizos Melchor y Baltazar (el nombre original es con S, pero a este rosarino lo anotaron con Z) Ferreyra Santoro, de 16 y 13 años, que en originalidad de nombres llevan por lejos la delantera. Dicen que bromas y anécdotas sobran cuando los conocen y no es para menos, una formación real no se encuentra todos los días, ellos lo saben, sonríen y disfrutan.

La versión local del trío más famoso del mundo se sentó con La Capital para contar la historia de los nombres junto a sus padres Cristian y Roxana, su hermana Paloma y la tía Lorena. Aseguran que todo comenzó como una gracia, detrás de las sonrisas de un programa de humor que fantaseaba el resultado de un partido con unos delanteros sobrenaturales.

"Decían que tenían la delantera mágica: Gaspar, Melchor y Baltasar", cuenta Cristian, que se asume fanático del fútbol. La anécdota alude al programa "Deportes en el recuerdo", de Pachu Peña y Pablo Granados, donde en un sketch sobre formaciones de equipos de décadas pasadas, remataban con una ironía, el paradigma de una escuadra goleadora, la de los tres reyes.

Mientras Cristian, empleado en una concesionaria de autos, se divertía con las ocurrencias de los programas de Pachu y Pablo, surgió un chiste familiar: los mellizos que venían en camino se llamarían Melchor y Baltasar, para sumar estirpe al hijo varón que ya había en la casa, Gaspar, y así tener una delantera propia y "con toda la magia".

¿La mamá participaba de ese humor tribunero? "Sí, pero tenía en claro que jamás los llamaría así", dice Roxana, médica en un centro asistencial. También participaban a su modo Paloma y Gaspar, de por entonces de cinco y tres años. "Como los mellizos estaban ubicados uno a cada lado, ellos tocaban la panza y les hablaban y decían «éste Melchor, éste Baltasar»", evoca la mamá entre risas, de lo que parecía un juego familiar que no iba a pasar de eso.


Y... pasó.

Pero ya se sabe, lo que se nomina existe. "Al final, cuando nacieron, sentí que ya estaban nombrados", dice Roxana. Las primeras reacciones de la gente llegaron justamente con los primeros meses de los bebés. Cuando los llevaban a control, apurada y bolso en mano, invariablemente las recepcionistas levantaban la cabeza cuando escuchaban el segundo nombre y encima alguna alusión a Gaspar, que iba y venía por la sala.

También de sorpresa fue la cosa cuando se decidió el bautismo de los tres varones y la ceremonia no podía comenzar porque la familia no llegaba. El sacerdote no encontró mejor disculpa que decir "no podemos comenzar porque faltan los Reyes Magos", para sorpresa de quienes esperaban. Al escuchar los tres nombres durante la unción, los padres y padrinos restantes no salían de su asombro, mientras los Ferreyra Santoro intercambiaban sonrisas, relata la tía Lorena.

Las anécdotas siguen por cuenta de los protagonistas. "Muchas veces, cuando estamos juntos y nos preguntan los nombres y los decimos, piensan que es una cargada, se ríen y dicen falta Gaspar, y nosotros les decimos, está en mi casa", dicen los mellizos, simpáticos y espontáneos, que fueron juntos hasta séptimo grado. Ahora pasaron a segundo año en escuelas diferentes, el Superior de Comercio y Francisco Gurruchaga, donde también Gaspar cursa informática.

"A mi me dicen Negro, por Baltasar; y a Melchor le dicen Mencho o cosas parecidas", cuentan divertidos los mellizos, que escuchan reggaeton. Gaspar toca la guitarra, le gusta el hard rock, es más serio y según su papá, de hablar poco pero contundente. De pequeño fue a un taller de arte del barrio y durante la charla alguien trae sobre la mesa una de sus creaciones, todos celebran la ocurrencia.

Sobre el final queda una duda. ¿Se pudo armar la delantera familiar con toda la magia? Gaspar se va a escuchar música cuando hay partidos, pero los mellizos parecen cumplir el mandato "Yo cinco de enganche y él delantero de izquierda", responden casi a dúo, como casi siempre que se les pregunta, armonía real, sin duda.Y hablando de dudas, aquí no caben. Los Reyes Magos existen, y viven en el oeste, en el barrio de Fisherton.


“Permitámonos soñar y seguir siempre ilusionados”

El cierre de las fiestas de fin de año tenían un color especial para los Ferreyra Santoro. Los primeros regalos parecían un intercambio en un ir y venir entre la realidad y la fantasía. Y era Mariela, una prima de la madre de los niños, la encargada de una visita casi ceremonial, infaltable:llegaba cada año para lo que ella llamaba “comer con los reyes”.

   Lo llamativo es que los adolescentes nunca se disfrazaron de sus homónimos, pero ahora, al contar la simpática anécdota de sus nombres, dicen que van a dejar algo para los rosarinos, se trata de un mensaje de buenos deseos, como los deseos que cada familia cumple en los rituales del seis de enero.

   “A medida que crecemos vamos perdiendo la inocencia que tenemos de pequeños y nos vamos convirtiendo en seres escépticos, descreídos de todo aquello que nos hicieron pensar que existía cuando éramos niños. En una fecha tan especial para todos nos gustaría que todos los adultos nos volviésemos niños para tener la ilusión y la esperanza de que los Reyes Magos existen y que nos traen ese regalo con el que soñamos. Permitámonos soñar y seguir esperando ese regalo de reyes”, dicen los tres a coro.


Silvia Carafa

Especial para La Capital


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