Santa Fe
Domingo 03 de Julio de 2016

Los síntomas del estrés en los niños, sus causas y consecuencias

Mirada experta. Eduardo Silvestre es pediatra, psiquiatra infantil y trabaja en el hospital Garrahan. Disertó en Santa Fe acerca de cómo afecta esta enfermedad a la salud del infante y sobre las maneras de identificarla

Eduardo Silvestre brindó en la ciudad de Santa Fe la conferencia Estrés en la Infancia, sus Consecuencias sobre la Salud y el Impacto de la Internación Hospitalaria como Factor Agravante.
Es pediatra, psiquiatra infantil, Magíster en PsicoNeuroInmuno Endocrinología, excoordinador de Emergencias, actual jefe del Área Ambulatoria del Hospital Garrahan de Buenos Aires y Coordinador del Programa de Formación de Agentes de Salud en la Fundación de ese hospital.
Previo a su disertación, habló con Diario UNO y aseguró que "el estrés en el adulto se inicia en realidad en la temprana infancia, por eso es importante diagnosticarla para prevenir futuras y graves complicaciones".

—¿Qué podría indicar que un niño tiene estrés?
—Según diversos estudios, cefaleas persistentes, problemas para dormir o alteraciones en el apetito son algunas de las consecuencias más habituales del estrés; aunque existen otras. Recordemos que el estrés es la respuesta fisiológica del organismo en la que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada.
"Los principales síntomas del estrés en los niños –precisó– pueden ser entonces problemas para dormir, cambios en el apetito, diarreas frecuentes, bajo rendimiento escolar, incremento o disminución de la actividad física, cansancio o fatiga, apatía, pasividad, problemas para relacionarse con otras personas, irritabilidad, tristeza, crisis de llanto, aumento de las crisis de asma, entre otros".
—¿Por qué la preocupación puesta en el estrés infantil, más allá de las mencionadas?
—Por sus consecuencias. Llama la atención hablar de estrés en la infancia, pero si es algo tan frecuente en los adultos, ¿por qué pensar que un niño no lo tiene? La lógica implica que sí puede tenerlo y entonces debemos tratarlo. Hasta ahora, no lo hemos estado diagnosticando y probablemente lo hemos estado llamando de otra manera.

Diversas formas

Con mayor profundidad, el especialista dijo que los niños estresados también pueden "transpirar abundantemente, quejarse de cansancio crónico, tener intolerancia al ejercicio físico, dolores musculares inespecíficos, palpitaciones, espasmos de sollozo, diarreas inespecíficas, vómitos, disminución del umbral de dolor, cefaleas, migrañas; o mostrarse muy ansiosos, o bien retraídos, tristes, o bien hipervigilantes".
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"Muchas veces –ilustró–presentan una preocupación desmedida acerca de la mayoría de los acontecimientos de su vida cotidiana, son comunes los miedos patológicos, así como las conductas obsesivas, fóbicas y evitativas; tienden a asumir responsabilidades inadecuadas para su edad, suelen ser desmedidamente autoexigentes, se irritan con facilidad o no protestan por nada".

Presente y futuro

Por otra parte, Eduardo Silvestre aseguró que "el 99,9 por ciento del estrés adulto se origina en la niñez" y enfatizó: "O sea que actuando sobre la niñez, podemos prevenir el estrés adulto. Y el estrés no es solo ponerse nervioso y tener problemas de conducta, sino que impacta directamente en el cuerpo y es responsable de muchas enfermedades". También sostuvo que "hay una relación directa entre el estrés y los infartos agudos de miocardio, los accidentes cerebrovasculares, diabetes tipo 2, depresión, tumores".
"Pero además de todo eso –dijo–, lo que nos importa también el padecimiento en el presente de los niños. Buscar causas y soluciones a lo que inicialmente mencioné como síntomas compatibles con estrés. Si el niño llora, no come, le duele la cabeza y no hay razones orgánicas o físicas visibles o aparentes, debemos seguir estudiándolo desde una mirada interdisciplinaria. Los médicos somos un eslabón pequeño dentro de la cadena de la salud".
Luego dijo que "si el estrés se cronifica se van produciendo acciones deletéreas en el cuerpo. Eso provoca un círculo vicioso que hay que frenar".
Por fortuna, según el especialista, las situaciones de estrés son casi siempre temporales, asociadas a una elevada carga escolar (o extraescolar), la llegada de un nuevo miembro en la familia, la separación de los padres, el cambio de casa o de colegio, el inicio de las clases, entre otras.
Y agregó Eduardo Silvestre: "Los posibles casos de acoso en el colegio, la preocupación por la situación económica del hogar (tal vez conviene no mostrar la propia ansiedad paterna, aunque tampoco ocultar lo que sucede en casa) o peleas familiares, son otras situaciones que podrían provocarlo".

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