El país
Domingo 23 de Octubre de 2016

Macri no quiere que lo acusen de "pactar" con Cristina y apura a la Justicia

El Gobierno se vio obligado a reaccionar tras las denuncias de que estaría frenando las causas de la ex Presidente en el marco de una "estrategia electoral". Un extenso análisis al respecto.

Esta semana el diario "El País" exportó de la política italiana el término "dietrología" para explicar el debate en torno a la supuesta prisión de Cristina Kirchner. La "detraslogia" (traducido al español) no es otra cosa que la tendencia que tiene la sociedad italiana y ahora también la argentina de encontrar conspiraciones para explicar todo lo que sucede. Bajo estas condiciones hay que interpretar cada acto de la política: desde la citación a Cristina el lunes de la semana que viene por la causa de las obras viales hasta el "parate" judicial contra el mundo K que denunciaron primero Jorge Lanata y después Margarita Stolbizer, pasando por las insólitas presiones públicas del Gobierno a la Justicia, el encuentro semi-secreto entre Daniel Scioli y el propio Presidente, la inesperada resolución judicial del entuerto Gómez Centurión, la sobrevida de Daniel Rafecas en el Consejo de la Magistratura, la reaparición de Ernesto Sanz en las reuniones de Gabinete y las sospechosas conductas de varios sindicalistas más preocupados por no ir al paro y hablar bien del Presidente que por defender a sus representados.

Siendo justos, habrá que reconocer que Argentina alimenta las teorías conspirativas: no es común en un país que un ex funcionario tire 9 millones de dólares guardados en bolsos en la puerta de un convento, ni que semejante corrupción como la K tenga tan pocos detenidos, tanto de parte de ex funcionarios como del mundo privado que hizo negocios y pagó coimas durante 12 años (la excepción es Lázaro Báez). ¿Se le puede pedir al ciudadano común semejante cuota de candidez para que crea que la Justicia está investigando en serio no sólo a un Gobierno, sino a todo un sistema irregular, incluyendo el privado?

Volvamos a Cristina. Su suerte judicial y teórica detención están unidas con la otra punta del ovillo: su supuesta candidatura a algo por alguna provincia en el 2017. Siguiendo con los supuestos, si se presentara por caso en la provincia de Buenos Aires se dice que dividiría el voto peronista y filo peronista con Sergio Massa, permitiendo que una lista de Cambiemos gane la elección con tan sólo un tercio de los votos. En esta teoría, Cristina sería funcional a Macri, quien para que esto suceda, mira para otro lado ante la súbita lentitud judicial, con el objetivo de que la ex Presidente pueda ser candidata. Así leído suena a guión de cine, salvo por el hecho de que quienes instalaron que se morían por competir con Cristina fueron los propios funcionarios macristas, comenzando por Marcos Peña. Sin contabilizar la teoría expuesta en esta columna durante todo el invierno de que Macri y Cristina funcionaban como un Yin/Yang de opuestos que se atraen, se necesitan y se retroalimentan mutuamente con la pelea permanente. Ya hemos dicho aquí que la carrera de uno y otro en los últimos nueve años ha estado más entrelazada de lo que parece a simple vista. Con Macri ya Presidente y Cristina en la oposición, la dialéctica continuó y aguantó hasta donde pudo. Hasta esta semana.

Fue el analista Roberto García el primero en señalar que podían proliferar candidatos peronistas con olor a Cambiemos en la provincia el año que viene. El encuentro -inexplicable- entre el Presidente y Daniel Scioli en Olivos hace tres semanas, el supuesto parate judicial de Comodoro Py y la alianza Massa-Margarita Stolbizer hicieron estallar el statu quo.

Macri y Scioli se vieron. La afirmación llega por el absurdo de que nadie la negó. No hubo foto oficial ni publicación en Facebook ni imagen distorsionada en Snaptach, ni desmentida a la publicación de la noticia de parte de la Casa Rosada. El ex gobernador bonaerense consultado por este periodista acerca del encuentro jamás respondió la llamada. Funcionarios cercanos a María Eugenia Vidal, involucrados en la parte final del teórico acuerdo entre Macri y Scioli -frenar a la justicia platense en la embestida contra Scioli- fueron los únicos que desmintieron todo en forma tajante. La versión de la reunión, dicen en el peronismo bonaerense, la entregó el propio Scioli: que le habían pedido que se presente el año que viene a cambio de enfriar las investigaciones que la justicia bonaerense tiene sobre él, comenzando por la del fiscal Álvaro Garganta. La mayor preocupación de Scioli sería por la gran actividad papelera de su fiel escudero Alberto Pérez, a quien acusan con maldad de ser todo un experto en facturas (y no de panadería). Scioli, según el relato, se habría manifestado en favor del "acuerdo", al pronosticar que sería el "tapón de Massa". Hay más: según se comenta en el peronismo de la Provincia, Scioli se habría jactado que, como parte del pacto, el gobierno se comprometía a "enfriar" las "operaciones periodísticas" en su contra. De ser esto así, sería un gran papelón que merece alguna aclaración oficial al respecto.

– ¿Hay parate judicial contra Cristina? Hace un mes publicamos aquí una investigación sobre el estado de las causas que involucran a la ex Presidente. La conclusión era que, en la mayor parte de ellas, Cristina iba a ser procesada, y una vez que terminara los juicios orales, condenada. Y que, según la explicación de los propios jueces y fiscales federales, era muy probable que terminara presa por acumulación de penas y condenas, en un esquema muy parecido al de Ricardo Jaime. Esta interpretación de los hechos demora el desenlace hasta por lo menos el 2018, cuando ya estuviera definida la suerte política de la ex Presidente.

Las denuncias de Lanata y de Stolbizer hicieron estallar no sólo el modelo político imperante Cristina vs. Macri y Macri vs. Cristina sino desnudaron a la política y la justicia.

La política, sobre todo el peronismo, no se enfrentó a Cristina disputándole su liderazgo a la espera de que la Justicia dirima la suerte de la ex Presidente. (Fuente: Infobae).

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