Ovación
Lunes 07 de Diciembre de 2015

Más allá de los resultados

Los números de Darío Franco al frente del plantel sabalero no son los mejores, pero en el final del torneo la identidad de juego que alcanzó Colón y los pasajes de buen fútbol que evidenció son las grandes esperanzas pensando en el próximo año

Si uno se remite a las estadísticas, se podría decir sin miedo a equivocarse que los números de Darío Franco al frente del plantel sabalero distan mucho de ser los mejores. En un fútbol donde mandan los resultados, la campaña del entrenador no es de las más auspiciosas. Incluso si se la compara con la realizada por Javier López, el porcentaje de efectividad  termina siendo menor.
El exentrenador sabalero sumó 17 puntos sobre 42 en juego ya que dirigió 14 partidos. En ese lapso cosechó tres victorias, ocho empates y tres derrotas. Obteniendo un porcentaje de eficacia del 40,4%. Aceptable si se toma en cuenta el contexto en el que debió asumir y las constantes lesiones producto de una mala pretemporada que había diagramado el cuerpo técnico que conducía Reinaldo Merlo.
Aún cuando el equipo que conducía López estuvo seis partidos sin perder, la dirigencia decidió apostar por un nuevo entrenador entendiendo que Colón no jugaba bien y que tampoco tenía una identidad definida. Lucía mejor en la tabla y en los números que dentro del campo de juego.
Es por eso que fueron a buscar a Darío Franco como plan A y ni siquiera tuvieron en cuenta otras alternativas. Seducía su estilo de juego y la vocación ofensiva que le impregnaba a sus equipos. Más allá de que su paso por Defensa y Justicia no había sido bueno, al punto tal que fue despedido por no lograr buenos resultados.
El gran interrogante que sobrevolaba respecto a la llegada de Franco estaba dado en saber si este plantel estaba en condiciones de adaptarse a la filosofía del flamante técnico. En virtud de que venía jugando de una manera muy distinta en los últimos tiempos con Diego Osella, Merlo y López.
Y sin dudas que el comienzo alentó esas sospechas, porque la sensación era que los futbolistas no entendían a Franco y viceversa, encima las lesiones se reiteraban y los resultados eran negativos. Luego del debut con empate ante Nueva Chicago, se sucedieron tres derrotas consecutivas que generaron un panorama sombrío.
A esa altura todos coincidían en que  Franco debía cambiar para que la realidad no lo termine llevando puesto. Sin embargo, con el correr de los partidos el rendimiento no mejoraba pese a una serie de tres encuentros sin caídas con dos empates y un triunfo.
Pero luego llegó la derrota frente a Sarmiento en donde el equipo jugó mal y pareció tocar fondo, encima una semana después debía enfrentar a Unión, quien llegaba como claro candidato. Sin dudas que ese partido marcó un click porque después de mucho tiempo Colón jugó un encuentro aceptable superando a su rival. Parecía ser un punto de partida, pero volvió a perder.
Sumó dos caídas (Quilmes y Belgrano) en la previa al segundo Clásico pese a que en lo futbolístico evidenciaba una mejoría. De a poco el mensaje del técnico era asimilado por sus dirigidos. Se produjo un  cambio en el esquema y la lesión de Pablo Vegetti le abrió el camino para jugar sin un referente de área.
A partir de ese momento se observó lo mejor de Colón, con buenos pasajes de fútbol y a la generación de juego le agregó contundencia frente al arco rival. Después de mucho tiempo, los hinchas se ilusionaban con un equipo protagonista.
Es por ello que más allá de la bronca que mostraron los protagonistas por no clasificar a la Copa, la realidad indica que Franco consiguió lo más importante a lo que puede aspirar un entrenador y es que sus futbolistas le crean. No es casualidad el saludo de Pablo Ledesma cuando marcó el gol en Córdoba.
Ni tampoco las palabras de agradecimiento de Sperduti manifestando sus ganas de quedarse siempre y cuando el técnico siga en el club. Son muestras de respaldo que van más allá de los resultados  y que permiten esperanzarse con un futuro mejor. En este caso bien podría afirmarse que el ciclo de Franco se respalda más en los atributos futbolísticos que en los resultados.
Siempre se dice que el camino más corto para obtener triunfos es jugando bien. En ese sentido, este Colón comenzó a dar los primeros pasos para que así sea. Ahora será tarea de los dirigentes no desarmar  la base y potenciarla, para que el equipo deje de ser una saludable promesa y se convierta en realidad.

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