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Lunes 17 de Agosto de 2015

Tercera marcha del año en Brasil para exigir el juicio político a Dilma

Cientos de miles de brasileños salieron a la calle convocados por internet y reclamaron el "impeachment" de la presidenta, que vive su peor momento desde que está en el poder.

Brasil vivió otra multitudinaria jornada de protestas contra el gobierno de Dilma Rousseff y su Partido de los Trabajadores (PT), con reclamos de juicio político contra la primera mandataria, que vive su peor momento desde que está en el poder. Rousseff reasumió para un segundo mandato en enero pasado. Las estimaciones sobre la convocatoria opositora variaban ampliamente, pero la protesta reunió a gente en unas 200 ciudades del país, con una asistencia de entre 250.000 a 400.000 manifestantes. "Fuera Dilma!" fue el grito más escuchado. Se trató de la tercera manifestación antigubernamental a gran escala de este año, después de las de marzo y abril pasados.

Vestidos de verde y amarillo en honor a la bandera nacional, los brasileños exigieron en las calles de las grandes y medianas ciudades la salida anticipada de la presidenta, cansados de la triple crisis, económica, política e institucional que sacude a Brasil. La combinación, nefasta para el gobierno y el PT, de estancamiento económico y escándalo judicial en la estatal Petrobras ha llevado a Rousseff a mínimos históricos de apoyos, menores al 10 por ciento.

Cifras cambiantes. Según el grupo de medios Globo, hubo manifestaciones en unas 100 ciudades y participaron entre 405.000 y 265.000 personas, basado en estimaciones oficiales y de organizadores. Las cifras indican una adhesión inferior a la de marzo, cuando 1,7 millones de personas salieron a la calle. Pero según la policía militar de San Pablo, sólo en ese Estado hubo 465.000 personas en la calle. La cifra la da el diario O Estado de Sao Paulo. En esta ciudad, bastión histórico de las protestas contra Rousseff, la avenida Paulista fue tomada un verdadero mar de manifestantes. En Río de Janeiro, una corriente formada por miles de personas recorrió la costanera. Y tal como sucedió en las dos jornadas anteriores de protesta, pequeños grupos organizados o personas aisladas exhibieron pancartas pidiendo un golpe militar. Si bien estos grupos recibieron la lógica atención de los medios, eran claramente minoritarios, formados en muchos casos por militares retirados. El reclamo central no fue el de estos nostálgicos, sino el de "impeachment" o juicio político, la exigencia que los manifestantes independientes ahora comparten con el principal partido de la oposición, el PMDB del senador Aécio Neves. "Estoy aquí por la situación complicada de Brasil, económica, y por la corrupción y mala gestión del PT", dijo el médico carioca Camilo Lins, de 60 años. Agitando banderas de Brasil o vestidos con la camiseta "verdeamarela", los manifestantes cantaron el himno nacional y levantaron pancartas con frases como "No a la corrupción", "Fuera Dilma", "Impeachment". El trasfondo del descontento es el escándalo de sobornos que ha costado más de 3.000 millones de dólares a Petrobras. Esa fortuna fue a dar a las cuentas de empresas amigas del gobierno y del propio PT de Dilma, según la investigación de la Justicia federal. El juez que lleva el caso, Sergio Moro, fue uno de los "héroes" de la jornada de ayer y su nombre fue voceado por los manifestantes. Las manifestaciones fueron convocadas principalmente por ciudadanos en las redes sociales de Internet.

La popularidad de Rouseff ha caído al menor nivel de un mandatario brasileño desde 1992, cuando Fernando Collor de Mello se vio obligado a dejar el cargo después de ser sometido a juicio político por corrupción. Una encuesta de este mes de Datafolha indicó que apenas 8 por ciento considera que el gobierno es "excelente'' o "bueno''. Por el contrario, el 71 por ciento consideró que el gobierno es "un fracaso''. El Grupo Eurasia, que asesora sobre riesgos políticos, consideró que "el mayor riesgo para el gobierno sería que las protestas masivas se higan frecuentes y sea seguidas por movimientos sindicales''.

En 2013, una ola de protestas a nivel nacional tomó por sorpresa tanto al gobierno de Rousseff como a los analistas. Las multitudes más numerosas vistas en una generación salieron a las calles poco antes de la Copa Confederaciones, un año antes del Mundial. Los manifestantes estaban indignados por los enormes gastos en estadios y otra infraestructura para el Mundial, en contraste con el deterioro de las escuelas y hospitales. Hoy la insatisfacción con los servicios públicos y los impuestos elevados sigue en ebullición mientras el país se prepara para los Juegos Olímpicos de Río en 2016. Tanto el Mundial 2014 como los Juegos Olímpicos fueron planeado por Dilma y el PT como la coronación de una era dorada de gobiernos petistas, iniciados por Lula en enero de 2003. Esas expectativas desaparecieron hace tiempo. Dilma fue reelegida el año pasado en un ajustado ballottage contra Aécio Neves, pero quedó debilitada por el creciente escándalo Petrobras y una economía que ya no crece, y al contrario, se contrae (se estima que este año el PBI caerá un 2 por ciento). Rousseff reasumió el cargo el pasado 1º de enero, pero desde entonces sólo ha sufrido caídas en la popularidad combinadas con malas noticias del frente económico y del cada vez más peligroso caso Petrobras, que ha llevado a prisión a varios de los principales empresarios de Brasil y a José Dirceu, ex mano derecha de Lula y al tesorero del PT, Joao Vaccari Neto.