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Jueves 06 de Agosto de 2015

Nicole Neumann: "Ser linda no siempre fue un beneficio"

La modelo está en el esplendor de su carrera y analiza los pormenores de una profesión que la tiene como protagonista desde los 12 años.

¿Ser linda fue siempre un beneficio o también un sufrimiento, Nicole?
Donde lo padecí un poquito más fue en el colegio, con los chicos de secundaria. Yo tenía 12 años. De chica era muy tímida, introvertida. Por ahí mis compañeros me veían en una revista con un vestidito corto, maquillada, y me empezaban a tirar avioncitos con mensajes. Yo me moría de vergüenza. Mensajes lindos, pero para una chica de mi edad y tímida, no sé... ¡Todo lo contrario de creérmela! Tocaban el timbre y me quería quedar encerrada en el aula más o menos.
¿Te hicieron bullying por ser “la famosa del colegio”?
Puede ser. Por ahí un poquito de eso viví. Pero eso pasa seas famosa o no. Se la agarran con la linda porque es linda o la inteligente porque es nerd. Siempre. La fama nunca me pesó. Se dio todo muy rápido. Salió la noticia de “La Lolita” y como que no lo pude meditar. No buscaba ser famosa, se dio. Yo siempre fui una chica muy centrada, con los pies sobre la tierra. Tuve muy claro para dónde quería ir, qué estaba bien y qué no. Al crecer sin padre y con una mamá medio conflictiva, por ahí el instinto de supervivencia me llevó a eso.
Pienso lo molesto que debe ser trabajar de modelo: vivir con el peso de la imagen, ir maquillada a todos lados...
En una época, más de inmadura, sí lo vivía como un peso. Sentía que tenía que ir al supermercado vestida impecable y maquillada. Decía: ‘Uy, si la gente me ve en persona pensará que soy más fea porque no estoy toda producida’. Pero es algo que con los años, lo superé. Hoy me gusta mucho más estar a cara lavada. De hecho, no me maquillo para salir a la calle, ni ando todo el día en tacos. Y me encanta cómo soy.
¿En qué momento fue el click?
Hubo un quiebre alrededor de los 18 años, que fue cuando conocí a mi papá. Estuve un año en París, trabajando allá. Eso me trajo mucho crecimiento, apertura de cabeza. Y, además, conocerlo a él me ató un montón de cabos sueltos que tenía adentro. Al fin y al cabo era una persona que yo no conocía. Y una nunca sabe qué puede pasar con una persona que no conocés en absoluto. Pero en el minuto en el que lo vi por primera vez, que nos dimos el primer abrazo, afloró el sentimiento y la relación fraternal.
Con ese pasado de padre ausente y poca contención familiar, ¿a qué te aferraste para salir adelante?
Yo creo mucho en las energías. Creo que todos tenemos, y que hay buenas y malas. Yo hice mucha autoterapia, en algún punto. Más allá de que fui medio inconstante, por ahí un año sí y el otro no. Pero me compré muchos libros de autoayuda. ¡No pavotes, eh! Libros ricos que me ayudaron un montón a no caer en muchas cosas. Era una chiquita que estaba no contenida. Creo que haber trabajado de tan chica me ayudó. Era una nena muy insegura, con cero amor propio. El trabajo me dio seguridad en mí misma y me permitió decir: “Yo valgo, yo me quiero”. Y, como explicaba antes, a no caer en cosas como, qué sé yo, drogas y alcohol. Eso, supongo, es lo más común cuando una persona vive lo que viví y no tiene una buena contención familiar. Gracias a Dios no pasó.
¿La sex symbol, tapa de revista, era insegura?
No me veía especialmente linda. No tenía mucho amor propio. Fui descubriendo mi belleza exterior después, y la hice valer.
¿Lo espiritual qué papel jugó en tu vida?
Una vez, después de que nació Indiana, fui a ver a una mujer que hacía reiki, para armonizarme un poco. Cuando una tiene un hijo es muy movilizante. Justo fui con ella, porque todavía la amamantaba, y apenas la vio la señora me dijo: “Esta beba tiene un alma vieja y vino a sanarte”. Muy fuerte. Y creo que es verdad. Mi mayor sueño siempre fue ser mamá, formar una familia tipo italiana, mesas familiares. Apunté a eso. Desde los 15 quería ser mamá, porque tenía una necesidad de tener ese lazo en la vida de tener un amor incondicional, que por ahí nunca lo había sentido del todo. Por suerte supe esperar a la persona correcta. Siempre me ocupé de no repetir errores.
¿Tomás tu presente como una revancha?
No vivo pensando en el pasado, ni soy rencorosa. Disfruto el hoy. A veces siento falencias. Por ahí con tres hijas, si tuviera un poco más de espalda familiar, que no la voy a tener, sería más fácil. Pero tengo tres hijas con salud, un marido que es el mejor padre y soy feliz.
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