La columna para la tercera edad
Domingo 03 de Septiembre de 2017

Cuando conocer es poder

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Durante el mes de agosto tuve la oportunidad y el agrado de disertar y asistir en dos congresos de formación científica, en las ciudades de Buenos Aires y Mendoza.

Tanto en el Congreso nacional de salud mental como en el de Gerontología, había personas de diferentes países, quienes no solo presentábamos experiencias y dispositivos de ejercicio de la profesión, sino que cada uno, a su modo dejó cuestionamientos abiertos, incógnitas que quedaron como signos de pregunta en las cabezas de los asistentes, abriendo camino a la duda que moviliza, que suma, que aporta.

Aquella misma duda que en momentos de creatividad y estudio, genera acciones de intervención para sumar calidad de vida a las personas que llegan a los consultorios y demás dependencias de salud.

Ya en mi casa más tranquila, leyendo las notas tomadas en aquellos salones de hoteles donde los congresistas exponían sus producciones, hojeando libros expuestos como novedades a los cuales de ninguna manera pude resistirme, costándome horrores elegir cuales traerme– es que se me viene la palabra agradecimiento a la mente, e inevitablemente se refleja en mi corazón.

Es que más allá de los contenidos académicos de los encuentros, resalto la actitud de servicio que poseen quienes se reúnen para compartir el saber. Que generoso es el profesional que a pesar de sus trabajos, sus familias y demás obligaciones de su vida, se toma días de su tiempo para llevar luz a quienes nos sentamos para seguir aprendiendo. Que valioso es que los que tienen algo para dar, lo hagan -esto sin dudas, en todos los aspectos de la vida-.

En relación a lo escuchado en estos días de formación, me llevo las ganas de crecer que posee la comunidad de los profesionales de la salud, el compromiso por aumentar la calidad de vida de los pacientes y el diseño de acciones tendientes al bienestar social.

Pero no solo esto, sino que más valioso aún, deseo compartirles una vivencia que me provoco la más profunda emoción. Al llegar a la ciudad de Mendoza y registrarme en el Congreso Argentino de Gerontología, me dirigí al aula Magna del centro de exposiciones, donde se estaba realizando el acto de apertura. Minutos antes, la señora que realizaba las acreditaciones se disculpa por no tener un programa para darme, ya que se había doblado el número de inscriptos, con 900 personas como asistentes. !Que sopresa fue entrar al salón y ver que allí, sentados, con programas en mano, miradas atentas y actitud predispuesta, había más de 450 adultos mayores!. Ahí estaban como protagonistas de sus vidas, con ganas de aprender y seguir nutriéndose en esa maravillosa oportunidad de crecimiento.

Fue entonces que durante tres días los vi allí, asistiendo a talleres, cursos y mesas redondas, escuchando hablar de ellos, cuestionando a profesionales cuando no estaban de acuerdo, y aportando historias de vida y experiencias significativas a las que todos encontramos interesantes. En algunos casos ejemplos de tenacidad, en otros, de resiliencia, de compromiso, de logros. De ímpetu, de ganas, de lucha. Ejemplos de transgresión, de aggiornamiento, de reinvensión. Ejemplos de ejemplo.

En ese Congreso en particular, a final entendí que no habíamos ido nosotros los jóvenes y adultos, "los que supuestamente estamos en el lugar del saber", a llevar conocimientos. Sino que habían sido ellos "los que estaban sentados como aprendices atentos" los grandes maestros de las jornadas. Una vez más fueron Ellos, los Viejos Queridos, los que mostraron a través de sus acciones que los que debemos aprender somos Nosotros. Nosotros de ellos.
Ellos de nosotros.
Y todos, en cualquier edad y puesto social, siempre, de todos.