La columna para la tercera edad
Sábado 29 de Julio de 2017

La transformación del cuidado, cuando nos convertimos en padres de los padres

El paso por la vida alienta a que se adquirieran nuevos roles y se abandonen otros en pos de la adaptación social. cómo hacerlo cuando uno no es un especialista.


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Contextualizando la realidad argentina, casi 3.5 millones de personas (el 70% del total de mayores de 60 años) no viven solos y dependen del cuidado de sus familiares. Por otra parte, sólo el 1% de los ancianos se encuentran internados en instituciones especializadas. Sean cuales fueran las circunstancias y nuestros sentimientos, enfrentamos un problema eminente: como hacer "lo correcto" frente al debilitamiento de nuestros progenitores y compaginar las obligaciones familiares y laborales diarias.

El paso por la vida alienta a que se adquirieran nuevos roles y se abandonen otros en pos de nuestra adaptación social. En lo que respecta al rol de "hijo" –o "ser hijo"–, generalmente a nuestra mediana edad comienza una nueva dinámica en la relación paterno-filial, donde se inicia el proceso que conlleva atender y cuidar a nuestros padres ya mayores. La pregunta es entonces, cómo hacerlo cuando uno no es un especialista.

Aunque hay quienes dicen lo contrario, resulta importantísimo poder aclarar que cuidar no es lo mismo que amar. Generalmente se piensa que si amamos a una persona será fácil cuidarla, pero esto no es así. En el caso del cuidado de los padres, se requieren habilidades especificas como observar, escuchar, acompañar, aprender a callar, medir las palabras, repetir, gestionar, hacer lo conveniente que no siempre coincide con lo que se desea, conciliar con el resto de la familia intereses y valores, trabajar en equipo. No siempre se nace con todas o algunas de las capacidades mencionadas, ni estas derivan directamente del amor. Se deben adquirir, pulir, hacer que emerjan dentro nuestro. Además –y esto es más difícil aún– hay que tomar conciencia que inevitablemente tenemos limitaciones.

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Entonces, tomar conciencia conjuntamente con reconocer lo engorroso y angustiante de la situación son senderos que encaminan a una mejor organización del escenario y contención del adulto mayor.

Para evitar o disminuir el estrés y la influencia negativa en la salud física y mental que genera el deber de encargarse de otro con sus consecuentes obligaciones y responsabilidades, es importante prevenir, informarse, conversar con quienes están atravesando momentos similares, aprender a delegar y compartir.

La complejidad y dinámica de la asistencia a desplegar va a depender de cada familia y de las características del individuo a atender. Claro está, que cuanto mayor funcionalidad y salud integral posea, más deberá respetarse y fomentarse su autonomía ya que esta retrasará la dependencia. Afortunadamente, hoy en día existe una multiplicidad de ofertas para desplegar el potencial de las personas mayores. Ofertas de educación no formal, centros de día, ciclos de talleres, universidades del adulto mayor, instituciones de salud integral, etcétera, que apuntan al desarrollo cognitivo, emocional, social y funcional del asistente.

En casos donde la salud se encuentra más deteriorada, apremia conocer a que situación vital se hace referencia o que enfermedad está presente, y así confeccionar un plan de acción inicial, generalmente decidido en familia junto a la opinión de profesionales, e integrando en la toma de decisiones al adulto mayor –en la medida que esto sea factible. No olvidemos, que el paciente añoso debería ser protagonista de su propia vida, no espectador de ella, el mayor tiempo posible.

Darse lugar y espacio para la reflexión e ir contemplando y construyendo vías de cuidados alternativos, viabiliza que las decisiones sean tomadas racionalmente valorando múltiples dimensiones. Así, en casos donde se requiera contratar cuidadores domiciliarios especializados o ingresar al adulto a una institución, el impacto para todos los intervinientes será menor comparado al que genere la impulsividad o la premura en las acciones, así como también será menor el costo emocional de estas medidas.

Acompañar, proteger y cuidar es saber utilizar los recursos existentes en la sociedad destinados a los diversos niveles y tipos de dependencia. Debemos entender que toda intromisión en la voluntad del otro debe ser bien evaluada y revisada en el tiempo. Siempre, cuando hablamos de un adulto mayor, la consulta gerontológica familiar puede resultar una herramienta oportuna que construya nuevas lecturas de cada situación y con ello, nuevas formas de comprensión e intervención.

Por todo esto, es necesario entender que no hay recetas ni fórmulas únicas o exactas, pero sí caminos que a veces conducen a la clausura y otros –ojalá siempre- a la apertura de posibilidades.