La columna de Stamateas
Sábado 07 de Octubre de 2017

Los estados de ánimo y su influencia

Muchas mujeres en cuestión de segundos pasan de sentirse bajoneadas a creerse la "mujer maravilla". ¿Qué nos provoca esa inestabilidad emocional?

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Existen diversas situaciones que nos provocan esto. Analicemos algunas de ellas:
Una de las cosas que más nos hace fluctuar, cambiar de humor y estar un día bien y un día mal, es no aceptar la realidad que vivimos. Cuando tenemos una idea rígida de cómo deberían ser las cosas —cómo deberían ser nuestros hijos, nuestra pareja, nuestro trabajo—, no manejamos la realidad que vivimos sino una "realidad falsa". Aceptar tu realidad no quiere decir que estés de acuerdo con ella: no te gusta, no te parece correcta, pero la aceptás y empezás a trabajar desde esa realidad, y no desde la fantasía. Aceptar la realidad te va a ayudar a no fluctuar. Decís: "Así es mi pareja, así es mi hijo, así es mi vida económica, así está mi salud. Esto es lo que estoy viviendo, y aunque esta situación no me parece correcta, voy a empezar a trabajar desde la realidad".

Hay un principio fundamental que dice que hay que aprender funcionar en cualquier escenario que nos ponga la vida. Aunque el escenario no sea de nuestro agrado, necesitamos aprender a ser flexibles para avanzar en la vida y no terminar frustrándonos. Tal vez tu escenario es que sos madre soltera, que quedaste viuda, que tu esposo se fue con otro, que tus hijos no obedecen, que te quedaste sin trabajo. Lo cierto es que, cualquiera sea tu escenario, para evitar sobresaltos emocionales tenés que aprender a aceptar tu realidad de hoy y empezar a trabajar desde ella.

En segundo lugar, otro de los motivos por los cuales fluctuamos es porque no nos conocemos profundamente. Cuando no te conocés no podés calmarte a vos misma. Por ejemplo, si sabés que durante ciertos días en el mes se te disparan las hormonas y te bajoneás, comés de más o llorás, es decir, si te conocés profundamente, vas a poder decir: "Sé que este es un problema hormonal y en dos o tres días se me pasa". Ahora, si no te conocés profundamente, pensás: "Ay, no sé qué me está pasando. Hoy la depresión me dura tres días, pero después va a durarme una semana, un mes, hasta que finalmente no voy a poder salir de casa...". Si te conocés internamente, cuando estás enojada, por ejemplo, tenés claro que te sentís así por eso que te pasó a la mañana, por lo que te dijeron, por lo que escuchaste. Pero si no te conocés, podés llegar a pensar que te estás volviendo una cascarrabias, una vieja con mal carácter.

Una persona que se conoce profundamente puede gobernar su vida, tomar buenas decisiones. Discierne qué le pasa y por qué, y de este modo puede gobernar sus emociones y llevarlas hacia donde quiere. Tenés que aprender a conocerte, porque si te conocés profundamente, cuando tengas una carencia vas a saber buscar la manera de proveerte eso que te está faltando. ¡Aprendé a conocerte un poco más!

En tercer lugar, otra de las cosas que nos hace fluctuar es sacrificar principios con tal de cubrir necesidades. Todos tenemos ciertos principios en los que nos movemos, por ejemplo, asegurás: "yo nunca voy a elegir un hombre que sea maltratador, un hombre que sea alcohólico, adicto, mujeriego", y terminás con un alcohólico mujeriego. ¿Por qué? Porque ese alcohólico mujeriego te dijo que iba a cubrir tus necesidades. ¿Necesitabas compañía?, él te dijo que te iba a acompañar. ¿Necesitabas dinero?, él te dijo que iba a pagar la prepaga y el colegio de los chicos. Así, quebraste un principio para cubrir una necesidad, y por eso fluctúas, porque sabés que hay un principio dentro de vos que se ha quebrado, y eso te hace estar un día bien y otro día mal.

Por último, otro motivo por el cual fluctuamos es que pasamos de dolor a dolor. El dolor llama al dolor. ¿De qué se trata esto? Veamos: imaginemos que una mujer quiere formar pareja. Hay una fila con cien hombres buenos, y por otro lado, un hombre malo. ¿A quién va a elegir esa mujer? Al malo. ¿Por qué? Porque desconfía de los buenos, ya que nunca conoció a un hombre amoroso, sincero, fiel. Y no lo conoció porque no tuvo un padre con esas características, porque la expareja era un malvado que la golpeaba. Entonces piensa: "¿Hombres buenos? ¡Es muy raro!", y desconfía. Sin embargo, cuando se acerca al malo dice: "¡Es como si nos conociéramos de toda la vida!", porque ya tuvo hombres así en su vida y los identifica rápidamente. El dolor no tiene que llamar al dolor: el dolor tiene que traerte sabiduría.

Querida mujer, sé flexible y aceptá tu realidad para luego empezar a trabajar en ella; conocete profundamente para que en el día malo seas consciente de por qué te sentís así y de este modo no te alarmes y puedas buscar la solución; nunca quiebres un principio para cubrir una necesidad; desechá de tu mente la idea de vivir de dolor en dolor. Sé sabia, alejate de todo aquello que te hace fluctuar emocionalmente, ¡mantené sólida y constante tu confianza en vos misma y en tu enorme potencial!