Ovación
Viernes 01 de Julio de 2016

"Ahora o nunca"

Malvina Verón participará este sábado en el Torneo Multiáreas del CARD, con la ilusión de clasificarse a los Juegos Olímpicos de Río 2016

Desde las 14, se realizará en el CARD (Centro de Alto Rendimiento Deportivo) de Santa Fe un Torneo Multiáreas de levantamiento olímpico de pesas, del cual tomarán parte atletas de la región y una delegación de Chaco. La particularidad es que todas las miradas estarán puestas en Malvina Soledad Verón, que buscará la clasificación a los Juegos Olímpicos de Río.
Se confirmó hace poco más de una semana que la Argentina tendrá una plaza femenina y que saldrá entre la santotomesina y la rosarina Joana Palacios, quien el miércoles pasado alcanzó la medalla de bronce en el Mundial juvenil de Tbilisi, Georgia, llegó a los 199 en el total olímpico en la categoría hasta 63 kilos.
De esta manera, Malvina, de 27 años y que incursionará en la categoría hasta 53 kilos (baja luego de militar en los 58), necesita llegar como mínimo a los 176 en el total, en lo que se transformaría en uno de los mejores registros de su carrera. El pasaje a la cita máxima del deporte mundial se dirime por porcentaje de aproximación, teniendo en cuenta el tope que decreta la federación internacional. En el caso de Palacios, los 199 representan un 78.4% (el índice es de 254 kilos), por lo tanto Verón debería llegar por lo menos a los 176 para alcanzar el 78,5% (marca de 224).
Por consiguiente, las expectativas son muchas y la santotomesina demostró durante toda su vida que nada es imposible y que está preparada para cualquier desafío; máxime si se tiene en cuenta que está ante la posibilidad de concretar el sueño de llegar a un Juego Olímpico.

Por peso específico

En la previa de la competencia (a las 11 se realizará el pesaje), Malvi le contó sus sensaciones a Ovación, además de algunas reflexiones para tener en cuenta.
—¿Todo listo?
—Sí, ni hablar. Más que nada ansiosa, asustada ya no. Serán muchos los factores que se juntarán, por el hecho de haber tirado buenos kilos en una categoría más alta y de bajar para repetir esos que hace bastante me llevaron a grandes cosas. Después también que Joana haya elevado nueve kilos, la marca me impulsa a esforzarme como nunca antes. Por eso estoy confiada en que puedo lograrlo, y preparada mentalmente en caso de que los resultados no se den.
—¿Cuáles son tus posibilidades?
—Si supiera que no llego, directamente ni me presentaría. Tengo la filosofía del que abandona no tiene premio; nunca se sabe qué puede pasar hasta el último momento. Siempre intenté de ver a las rivales como alcanzables, porque las metas, por más irreales que parezcan, tienen que ser posibles. Eso es lo que mantiene vivo el espíritu deportivo. De hecho, la marca que se me exige significa hacer la mejor de mi carrera y por eso es momento de intentarlo. Creo que las cosas se dan por algo; quizás esta elevación en la vara de exigencia signifique que me esfuerce más.
—¿Llegó esta posibilidad en el mejor o peor momento?
—Nosotros siempre trabajamos con la posibilidad de que surgiera una plaza. Por eso no dejamos de entrenar, ni siquiera cuando volvimos del Panamericano. Ya se sabía desde principios de año de que podría haber varios doping positivos, porque se abrían muestras viejas de Beijing 2008 con reactivos nuevos, entonces nos manejamos con esa expectativa. Por eso pienso que «es ahora o nunca». Después del Panamericano me replantee muchas cosas, eran muy ambiguas las sensaciones que tenía: ya estoy grande y me estoy perdiendo parte de mi vida junto a mi pareja y mi hijo, de disfrutar de esas cosas que, por dedicarte al deporte de alta competencia, no podés, porque nadie apuesta por una. Pero después me di cuenta que no era así, que había un laboratorio que me ayudaba, una provincia que me seguía abriendo las puertas y un municipio que me brindaba la confianza, entonces me di cuenta que existían personas que querían que llegue hasta este lugar. A lo mejor no es la manera que uno la espera, como sería una clasificación directa, pero estamos en un sistema que no depende de uno mismo sino de un equipo, donde la política deportiva del país se encargó de destruir. Queriendo crear nuevas bases se rompió la cúspide de la pirámide. Igual, es algo que nunca entenderán. Para ser campeón primero hay que ser último, subir escalones. No se puede llegar a la cima de la noche a la mañana.
—¿Qué te impulsa a tener tantas expectativas?
—Hay muchas cosas que pesan en la balanza. Si me pongo a medir fríamente, fue increíble el esfuerzo y sacrificio que se hizo, pero así también el disfrute. El sueño de todo deportista amateur es el de participar en un Juego Olímpico. Es como que te queda dando vuelta esa espina y fue eso lo que me trajo de nuevo a confiar en que puedo lograrlo. Ya lo venía pensando hace un montón y por eso este sueño se me hizo presente. Soñar no tiene nada negativo, es lo que te aferra a la última chance. Hoy me está pasando eso y daré todo. En la vida el tren pasa una vez, pero cuando lo hace por segunda no es de la misma manera. Todo puede pasar, que me vaya bien o mal, pero tampoco sé si podré tirar cuatro años más. Si sé que las políticas deportivas tienen que cambiar para las generaciones que vienen. Para eso se necesita recambio, pero por ahora viene lento.
—En caso de cristalizar esta meta, ¿de quién sería el logro. De tu círculo íntimo o del proyecto nacional?
—Será gracias a mi familia y la gente que confió en mí siempre. La política no deja de serlo en ningún aspecto, así que la dejo fuera de esto. Se lo deberé a mis tres entrenadores. A Pedro Tolosa, que me formó e incentivó. Después a Oscar Donayo, a quien no puedo ponerle un rótulo o algo, porque fue muy especial conmigo. Él murió con el sueño de una medalla mundial y no lo pudo ver y por eso, a más de 10 años de su ausencia, trataré de homenajearlo con mi mayor esfuerzo. Y también a mi vieja, que también falleció sin verme olímpica. Entonces todo eso me da fuerzas para jugármela. Todo sucede por algo. De haber ido a Londres 2012, mi mamá me hubiese dejado estando allá y eso no podría habérmelo perdonado nunca. Ella tuvo mucho que ver en todo y, más allá de las limitaciones económicas que teníamos, incentivó otras partes, como mis estados de ánimo y la forma de ser para hacerle frente a la vida. No hay palabra que pueda definir la carga emocional que tengo. Son muchas las cosas que me pasaron desde 2012. Nada fue fácil, la pasé mal personal y deportivamente, y las pesas se transformaron en mi escape. También se lo debo a mi hijo, que hace un esfuerzo ante mis ausencias, de los viajes y de no estar cuando él lo necesita. Por eso mismo quiero concretar este sueño.
—¿Solo depende de vos?
—Totalmente. Cuando el atleta quiere, puede conseguir hasta lo imposible. Le está pasando justo a Joana con su medalla mundial y su posible clasificación a los juegos. Lo más justo sería que ella tenga su medalla y yo el pasaje olímpico (risas). Soy muy creyente y por eso pienso que los tiempos de Él (por Dios) son justos y las cosas que se darán este sábado son las que deben pasar. Voy a poner todo de mí para alcanzar este sueño.