Ovación
Domingo 07 de Agosto de 2016

Bauza, ante la difícil empresa de cautivar

La actualidad de la Asociación del Fútbol Argentino es perturbadora, preocupante, intrincada. Los problemas afloran por el lado que uno ose mirar. Todo llevará tiempo. Deberán resolverse infinidad de temas. Algunos de ellos son más bien superficiales; otros en cambio, se vinculan a la profundidad, en la acepción más estricta de la palabra.
Pero la agenda parece estar marcada por lo visible, lo que despierta interés masivo, más que por lo estructural. Aparecieron entonces, como prioridades, definir el torneo, el entrenador de la selección mayor y repatriar los sentimientos de Lionel Messi.
El inicio del certamen doméstico sigue envuelto en dudas, razonables, que se corporizan hoy en cuestiones económicas y ya no meramente en aspectos organizativos como el calendario. Pero más allá de nuestro campeonato, las luces apuntaron primordialmente, en otra dirección... No siempre lo que más inquieta es lo urgente, por ello antes de dialogar con Lionel había que definir quién lo haría. Y la cuestión se dilató un tiempo, lo cual no es desatinado. Nos hemos acostumbrado a demandar soluciones veloces y voraces, con los riesgos que eso implica. Pero esta vez, un puñado de días sirvieron para analizar mejor, esperar respuestas y decidir con coherencia y entendiendo la coyuntura. Así finalmente, ante la negativa de muchos y ante la imposibilidad de otros, emergió Edgardo Bauza para quedarse con el buzo de entrenador entre las opciones que aún se sostenían en pie.
La calidad de los recursos que tendrá a disposición es innegable. Más allá del dolor y la carga emocional que resultan lógicos tras las tres finales perdidas, la base de este grupo sigue vigente y sería saludable que continúen forjando un camino que amén de no coronarse con títulos viene sosteniendo una línea para nada despreciable.
Deberá encontrar el modo de llegar a esos corazones y esas mentes Bauza, incluidos los del renunciante capitán. Deberá emplear sus herramientas y sus habilidades para atraerlos. Pero sobre todo deberá convencer desde su idea futbolística a todo aquel jugador que decida convocar.
En este país donde todo debe ser blanco o negro los matices parecen no tener espacio. Consecuencia de ello, el culto del orden que practica Patón lo ha llevado a ser considerado, terminante e irreversiblemente defensivo. Hipótesis parcial a mí juicio, y distante de la realidad. Más allá del estilo que profese, sus principios no se alejan demasiado de los de Sabella, por citar un ejemplo.
Exigir que todos se involucren en la recuperación de la pelota no significa que el centrodelantero juegue de mediocampista, basta con que retroceda y ocupe un espacio para cumplir el cometido. De hecho los grandes equipos actuales hacen de la reconquista del balón una misión colectiva. Esa probablemente sea una premisa innegociable del nuevo técnico. Pero a partir de allí, la propuesta de juego estará presente, como ha estado en todos los clubes donde ha dirigido. Sería hipócrita no reconocerle atributos ofensivos a la Liga Deportiva Universitaria de Quito de 2008 o al San Lorenzo de 2014, ambos campeones de América, o al Colón que logró clasificar a la Copa Sudamericana en 2003 o a otros tantos procesos que por poco no culminaron en títulos.
Tampoco debemos temer a la palabra equilibrio. En esta sociedad tan alejada de ese término solemos asociarla a disciplina, a control, más que a creatividad o inventiva, pero realmente no es una cosa ni la otra. Es, en todo caso, el nexo para que ambas cuestiones se vinculen satisfactoriamente. Y que a partir de allí, el nuevo seleccionador construya su propuesta no debe ser necesariamente negativo.
Bauza transmite simpleza y exigencia. Ha construido una carrera –tanto dentro como fuera del campo- apoyado en la dedicación, en el inconformismo y en la obsesión por ser el mejor. Virtudes que si logra incorporar al seleccionado, lo pondrán cerca de su objetivo, que es ganar. Ganar a lo que sea, pero no como sea. Saber a lo que se juega es más importante que ganar gustando. Aunque tácitamente, por el talento de nuestros exponentes de mitad de cancha en adelante, se estará siempre cerca de enamorar.
Bauza transmite simpleza y exigencia... pero también autoridad y vigencia. Y puede que sea ese liderazgo, el mismo que ha sostenido en toda su vida deportiva y el que lo mantiene vigente, el bastión al que se aferre para acercarse al éxito en la difícil empresa de cautivar a los intérpretes y dar alegrías a las masas.

César Carignano//Especial para Ovación