Ovación
Domingo 08 de Mayo de 2016

De buena madera

Martín Carrizo será otro de los santafesinos en los Juegos Olímpicos, al conseguir la clasificación el viernes pasado, al ganar los 1.500 metros libre en el Nacional Open. En 2013, Ovación vaticinó algo que finalmente se dio: “Fue algo que recordé ese mismo día”, confesó.

El barrio Sargento Cabral es un mundo a parte en Santa Fe. No solo por su constante vorágine sino por el ritmo laboral y de emprendimientos que exhibe. Un lugar singular y que escribe a diario una historia. En esta ocasión, unos de sus fascículos tendrá una connotación especial desde el viernes pasado, cuando uno de sus hijos dilectos dejó en alto su estirpe al cristalizar su sueño de clasificar a los Juegos Olímpicos de Rio (del 5 al 21 de agosto).
Se trata de Martín Carrizo, quien logró la Marca A al imponerse en los 1.500 metros libre en el Campeonato Nacional Open de mayores de natación en el CeNARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), con un tiempo colosal de  15’11”59/100 (necesitaba bajar los 15’14”77/100). Por si fuera poco, estuvo a 01”25/100 del récord nacional en poder de Martín Naidich (15’10”24/100).
De esta manera, Tronco –como quizás más se lo conoce– se sumó al batallón albiceleste, que tiene también a Santiago Grassi (100 metros mariposa), Federico Grabich (50, 100 y 200 metros libre), Naidich (1.500 metros libre) y Virginia Bardach (200 y 400 metros combinados). Un soldado que tiene como entrenador a Roberto Ortiz y que representará al club Regatas en la cita máxima del deporte mundial. Pavada de performance para un chico de 24 años, que se repuso a las malas y que, lejos de rendirse, le hizo frente al destino y fue en busca de sus deseos. La forma cabal de refrendar una vez más que el deporte es sinónimo de superación.
Después tanta carga física y emocional, Martín se tomó dos días de descanso en su casa para arrancar otra vez con los entrenamientos, más sabiendo todo lo que ahora se le viene por delante. Igualmente, esto no quedó solo acá, porque también puede concretar su presencia en aguas abiertas cuando se la juegue en el Preolímpico de Setúbal, Portugal, que se realizará el 11 y 12 de junio.

En la calidez de su hogar, Carrizo recibió a Ovación y, con un café de por medio, contó sus sensaciones.
—¿Ya de vuelta en casa, pero con los pies sobre la tierra o todavía en la estratosfera después de cumplir este sueño?
—(Risas) Con los pies bien sobre la tierra y con la cabeza pensando en todo lo que se viene, que por cierto es muy lindo. Sin dudas es un sueño increíble. Pese a todo la adrenalina que generó este objetivo, se podría decir que estoy muy tranquilo y feliz por lograr lo que me propuse desde el primer día que empecé a nadar: clasificar a un Juego Olímpico. Hoy solo me queda agradecer a toda la gente que me apoyó.
—¿Sentiste presión al saber que esta era tu última chance?
—Siempre confié en que se podía dar, porque ya había pegado un tiro en el palo en Paraguay y en Brasil quedé a poco más de tres segundos, pero días antes de viajar a Buenos Aires para competir en el Nacional ya sabía que tenía dejar todo, porque era mi última posibilidad, que sino me arriesgaba de seguro nada me saldría. Justamente pasó algo que me ayudó un montón: me llamó Claudio Plit (cuatro veces campeón del maratón Santa Fe-Coronda). En ese diálogo me dijo estas palabras: “Unite a la acción del momento y disfrutalo. Porque si no lo hacés con tranquilidad todo puede terminar mal”. Entonces me saqué de la cabeza esa presión de que tenía que hacer la marca, porque la idea no debía ser esa. Fue así como me abrió la mente para que me compenetre con la emoción de este deporte.
El camino a la ilusión
—¿Cómo fue el viernes ya instalado en Buenos Aires, desde que te levantaste hasta que te dormiste?
—Me levanté a las siete a desayunar, pero por requisitoria, porque si fuera por mí le daba un poco más (risas). “Tronco, a las ocho te quiero en la pileta”, me dijo Roberto (Ortiz), así que había que madrugar. En esas pasadas tuve buenas sensaciones, más que nada sabiendo a la tarde estaba el plato fuerte y en donde no competía contra nadie, solo contra mí y el reloj; no importaba llegar al podio, solo superarme en lo personal. Gracias a experiencias previas con psicólogos, hice una relajación mental –respiraciones cortas y continúas estando acostado– de por lo menos media hora. Siempre me resultó en la previa de cada competencia, porque me ayuda a mantenerme calmado y con la mente en lo que debo hacer. Después llegó el momento esperado, el de salir por todo. Salí con la indumentaria habitual y el andar cansino, sin apuro, sin nervios, tranquilo. Lejos del miedo a fallar, sino con la fe intacta y pensando en la táctica que planeamos con mi hermano (Agustín) y Roberto. Luego, ya en el agua, comencé a sentir todo tipo de cosas, pero constaté que nunca antes había pasado tan rápido los 400 metros iniciales. Estaba como muy suelto, que nada me frenaba y que tampoco me detendría. Aunque en los 1.300 metros comencé a sentir el cansancio, a solo 200 para el final. Pero lejos estuvo eso de ser un condicionante, ya que no me detendría por nada del mundo. Me podían atar los pies que no bajaría la intensidad, porque estaba convencido de lo que quería hacer. Al momento de tocar la pared, lo primero que hice fue tomar aire producto de la agitación y escuché el ruido de toda la gente que gritaba. Así fue como, sorprendido, miré el reloj y confirmé todo lo que el resto vaticinaba. Me recorrió un sentimiento indescriptible por el cuerpo.
—En 2013, en estas páginas hubo una especie de una premonición, que perdió fuerza en 2014 y 2015 producto de las cosas malas que te fueron pasando, pero que por esas cosas del destino, se terminó dando. ¿Por qué pensás ocurrió?
—Confieso que fue algo que recordé el mismo día a la noche, donde la tapa decía “De cabeza a Río”. Fue como vaticinar algo cuando estaba muy lejos de los tiempos y demás. Entonces, a medida que fue pasando el tiempo, también producto de ese nuevo sueño que surgió, mis expectativas crecieron. Me tocó caerme muchas veces; operaciones en la espada que me dejaron en cama mucho tiempo y lejos de la natación en 2014. Después llegaron las dolencias en los hombros que me trajeron un sinnúmero de problemas, pero por suerte hubo gente que me supo tratar y dio una mano inmensa. Luego llegó el 2015, en el que me tocó cambiar de club por decisión personal, conociendo a gente nueva que me renovó la confianza. Siempre digo que por algo las cosas se dan en la vida, casi nunca se presentan sin querer. Uno lo tiene marcado en el destino o bien debe salir a buscarlo. Igual, jamás pensé en abandonar. Era algo que mi viejo me inculcó desde chico cuando me llevaba al club Unión, pegando en la parte trasera del auto el símbolo de los Juegos Olímpicos. “Si algún día uno de ustedes llega (sumando a su hermano) yo voy a estar tranquilo, pero no lo pongo para que sea su objetivo, sino para que vean lo hermoso que es el deporte”, me dijo mi viejo. Casi sin querer, se hizo realidad.
—¿Cuándo sentiste que alcanzar esta meta era posible?
—Después de correr mi primer torneo regional ya representando a Regatas. Me anoté en los 1.500 metros y marqué 15’13” en pileta corta (25 metros). Es verdad que en larga los parciales se incrementan un segundo más, pero el aliciente era importante. Igualmente sabía que me faltaba competencia y así fue como empezó este peregrinar. Hoy solo siento una alegría inmensa y un cierre a todos los esfuerzos. Lógico que esto no queda acá, voy a seguir trabajando para bajar marcas, mucho más ahora cuando hay que superar todo. Se viene una etapa dura y linda a la vez, de ponerme metas nuevas y valorar el sacrifico que se hizo.
—Cinco de los clasificados son de la provincia, ¿lo mejor de la natación está hoy en Santa Fe?
—Hoy sí y eso que entrenamos con lo que hay, con lo que podemos. No puedo imaginarme las cosas que podríamos hacer con más herramientas, instalaciones y apoyo.
—¿Podés ya hablar sobre cuáles son tus aspiraciones en Río 2016?
—Uno conoce su potencial y hasta presumir hasta dónde puede dar. Soy consciente de que no puedo hacer 14’34” –es el récord mundial en poder del chino Sun Yang–, pero sí que es posible llegar a 15’ y que no se trataría de una mala marca.
—La cosa no queda solo acá, porque también se puede dar una clasificación en aguas abiertas, ¿te la jugás por más o ya estás conforme?
—Es algo hermoso para mí las aguas abiertas. El cronómetro en la pileta corre, pero ahora tengo que pensar en nuevas condiciones para ver si puedo meterme también en esta disciplina. Desde ya que me la voy a jugar. No será la primera vez que me toque luchar por algo, por eso quiero seguir soñando.
—Lo bueno es que estás habituado a las aguas abiertas, ¿eso te incentiva o depende el contexto?
—En este caso habrá un detalle que no debo pasar por alto: la temperatura. Es porque se correrá con 17 o 18 grados y el agua fría no es algo que me beneficie, pero es un factor mental también. Me siento en condiciones de afrontar el reto y me la jugaré. Tenemos acá un río para aprovechar.
—¿Cómo sigue la cosa ahora?
—Entrenamientos de doble turno, de pileta y pesas. Después se vienen un viaje que comenzará dos semanas antes de la cita en Portugal. Y después tengo una concentración en la altura de México (San Luis de Potosí).
—¿A quién se lo dedicás?
—A la gente que siempre confió en mí. Mil a veces primero y último a mi familia, sobre todo a mi hermano. Además a mi psicólogo (Néstor Ortiz), traumatólogo (Ignacio Dallo), kinesiólogo (Marcelo Caballero), nutricionista (Marcelo Blank) y profe de pesas (Pablo Biladom).

Juan Diego Ferrante / juandiego.ferrante@uno.com.ar