Ovacion
Domingo 13 de Agosto de 2017

Del Bolt leyenda al Bolt terrenal: el traspaso que conmovió al mundo

La lesión que frustró su despedida provocó que nadie supiera quién había ganado la posta 4x100; el estrés y un físico que perdió explosión impidieron que el deporte disfrutara a pleno de su última función

Nadie puede salir de su asombro. Nadie ve, siquiera, quién logra ganar la carrera. La caída estremece, pone a 50 mil personas en estado de shock. Sobre la pista del Estadio Olímpico está Usain Bolt. Intenta levantarse, pero no puede. Y vuelve a caer. Es la imagen que retrata el costado más humano del hombre que hizo creer a muchos que no era de este planeta. La leyenda que tuvo a los Juegos Olímpicos del año pasado como el último gran objetivo, y que había decidido que se merecía una ceremonia de despedida. Y eligió Londres, uno de sus lugares en el mundo.

Pero todo salió decididamente mal. Llegó con sólo tres carreras, con el golpe del fallecimiento de un amigo y con más visitas al médico que le trata su escoliosis que a las pistas. En agosto de 2016 mostró su última gran versión y podría haber sido su adiós. Ya no dominaba desde lo físico -con tiempos más lentos-, pero sí desde la cabeza. Estos días en Londres todas fueron malas noticias: no arribaron ni el portento físico ni el trabajo atemorizante que lograba sobre sus rivales. Y la sombra de aquel Bolt leyenda no le alcanzó a este Bolt terrenal. "Fue un calambre en el isquiotibial izquierdo, pero está más dolido por la derrota que por la lesión", comunicó Kevin Jones, responsable médico del equipo jamaiquino. Así terminaba la noche más triste de Bolt. Pero todo había culminado en Río.

"Don't stop me now", se escucha en el Olímpico, con Gran Bretaña (Chijindu Ujah, Adam Gemili, Daniel Talbot y Nethaneel Mitchell-Blake) celebrando el oro que logró sobre Estados Unidos, el favorito en la posta 4x100 metros que tenía a Justin Gatlin y Christian Coleman en estado de gracia. Pero nadie sabe quién es el ganador: todos clavan sus miradas sobre Bolt. Hasta la TV intenta quedarse con el jamaiquino en el plano y sólo desaparece cuando no queda otra opción que mostrar a quienes llegan a la meta. "Don't stop me now", se escucha de fondo. Y Bolt sigue en el piso. Lo que para el musicalizador es la melodía del triunfo británico, para muchos es el himno que despide al ídolo. Y cuando Queen le deja su lugar a Neil Diamond, "Sweet Caroline" repite algo así como que "los buenos tiempos no parecían tan buenos". Música contextual para el adiós.

El Bolt que se fue apagando encuentra su ocaso sobre la pista en la que batió el récord olímpico de los 100 (9s63). Y su época marca el ritmo de Jamaica. La fábrica de velocistas se va con las manos vacías en 100 y 200m y los relevos 4 x 100m de hombres y mujeres. Como si su energía hubiese sido suficiente para ser el combustible de un equipo. Los flamantes campeones mundiales de la posta 4 x 100 masculina sirven como ejemplo. Gran Bretaña se entromete por primera vez en un historial dominado por Estados Unidos (7 títulos), Jamaica (4) y Canadá (2). El control de Jamaica se dio entre 2009 y 2015, con Bolt en el centro de la escena en las pruebas de velocidad. El cierre de la era no parece ser casual.

La última carrera de Bolt, si los metros que corrió desde que tomó el testimonio pueden darle el carácter de tal, era un gran desafío en cuanto a nombres. Ya con el bronce en los 100m, la noche en la que Gatlin y Coleman hicieron sonar las alarmas, la posta parecía el escenario ideal para la redención. Para un final de fiesta más acorde a sus 11 títulos del mundo y sus 8 oros olímpicos (podría tener 9 de no haber sido por el doping de Nesta Carter en el relevo de Pekín 2008). Un sólido equipo británico, un Estados Unidos con la experiencia de Gatlin y la juventud de Coleman, Francia de la mano de Jimmy Vicaut y Turquía, con el sorprendente Ramil Guliyev (oro en 200 metros), presagiaban un duelo interesante. Un escenario ideal que se fue desmoronando con el pasar de los segundos. Bolt tomó el relevo de manos de Johan Blake con Gran Bretaña y EE.UU. ya por delante. Se lanzó en velocidad, pero los músculos, sin ritmo de competencia y con el estrés acumulado que vivió estos últimos días -según admitió tras los 100m-, dijeron basta. El cuerpo que tantas veces lo llevó hacia adelante fue el mismo que le puso freno por primera vez. La primera, en la última.

Lo que podría haber sido un cierre con emoción se transformó en una pesadilla. Un cierre dramático para un deportista que siempre se codeó con la comedia. La previa, con paso de baile incluido, mostró a ese Bolt carismático que lo trajo hasta aquí. Porque no sólo de títulos y récords del mundo vivió el hombre.

La sorpresa y su silencio generan hasta algo de esperanza. La ilusión a la que se abrazan los fanáticos que creen que no se merece una despedida así, que debe volver para marcharse por la puerta grande. La idea de un regreso sobrevuela el Olímpico cuando ya todos emprenden la retirada. El chico nacido en Sherwood Content, un pequeño y áspero pueblo al norte de Kingston, y que soñaba con ser con Muhammad Alí o Michael Jordan, ya avisó que no piensa volver como sí hicieron ellos. Un cambio de idea no parece estar en sus planes. Aunque el atletismo necesite de su magnetismo, sus últimas presentaciones dan muestra de que no podría poner en riesgo su físico una vez más.

Hasta acá llegó Bolt. Con el 12 de agosto de 2017 como el punto final para una carrera dorada. Impactó en Pekín, cuando pocos lo tenían en carpeta. Corrió más rápido que cualquier humano en Berlín. Confirmó su dominio en Londres. Extendió su reinado en Moscú, y, salida en falso mediante, hizo de las suyas en Daegu. Reescribió la historia en Río. Otra vez en Londres, y con el final más triste para un atleta de su nivel de competitividad y antecedentes, se despidió la leyenda itinerante.


Fuente: La Nación