Ovación
Domingo 24 de Enero de 2016

El nuevo Iron Man

El santafesino Agustín Carrizo, de 26 años recién cumplidos, arrancó con todo esta nueva temporada con vistas a su participación en el próximo Mundial, que se realizará el 29 de noviembre en Sunshine Coast, Australia. “Es una competencia larga y se necesita de mucha cabeza fría para no rendirse”, reconoció.

Cada comienzo de temporada genera nuevas expectativas y maximiza los objetivos, mucho más si uno se prepara para una competencia trascendental. Este es el caso de Agustín Carrizo, quien a los 26 años recién cumplidos tendrá la responsabilidad de representar el país en el próximo Mundial de medio Iron Man 70,3 en Sunshine Coast, Australia. Una cita que reunirá a las principales bestias de este deporte, que demanda una suprema entereza física y una mentalidad de acero.
El caso es que Agustín es nuevo en esto, ya que durante gran parte de su vida se dedicó a la natación, hasta que a mediados de 2013 probó suerte con el triatlón.
Después de convertirse en uno de los mejores exponentes de la región, sus constantes ansias de superación lo llevaron a ir por más. Así es como se la jugó por el Iron Man, con su primera participación el pasado 29 de noviembre en Punta del Este, en una de las fechas del Circuito Mundial. Pero quizás ni él se imaginaba que el destino le tendría preparada flor de sorpresa: la clasificación a la cita máxima en Oceanía al ser 8º en la general y 1º en su categoría (25 a 29), con un tiempo de 3h37’24”, dentro de un total de 1.500 atletas. Pavada de performance en su debut. 
Sabido es que todo cambiará a partir de ahora, Carrizo se prepara con todo para estar a la altura de las circunstancias y en diálogo con Ovación, contó todas las cosas que están pasando por su cabeza en estos momentos y cuáles serán los detalles a mejorar.
—¿Se te viene un 2016 bien distinto al resto de las temporadas o no es tan así?
—Sin dudas que será diferente. De acá en más todas las competencias suman pensando en el Mundial, que es para lo que me estoy preparando. Todo siempre sabiendo que soy nuevito en esto, porque arranqué en los triatlones recién hace un año y un mes,  y ya corrí un medio Iron Man. Antes nadie lo hubiese dicho. Toda experiencia contribuye al perfeccionamiento.
—¿Y qué conclusiones sacaste al ser tu primera competencia de esta índole y con semejantes resultados?
—Al principio estaba muy nervioso. Era la primera vez que iba a correr y tenía miedo de fallar, de no rendir, de no clasificar. Igualmente sabía que estaba bien entrenado, entonces me sobraba confianza desde ese punto de vista. La verdad es que no me puedo quejar, me las arreglé y di pelea, que eso es lo más importante y que me deja tranquilo.
—¿Cómo fue la carrera?
—Hubo un montón de cosas para contar. Todo comenzó con lo que pasó ni bien llegué, ya que me encontré con que nadie estaba listo para natación. Fue ahí donde me surgieron un montón de preguntas y lógicamente me inquieté. Había sido que se suspendió por el fuerte oleaje producto de los vientos que superaban los 40 nudos. Fue así como se terminó desarrollando un duatlón, pero mucho más extenso. Entonces hubo que pensar cómo hacer para buscar el objetivo. Largué en el puesto 1.276, a 1h05’ del primero, ya que se largó por tandas y la mía correspondía a la categoría de 25 a 29 años. Así fue como le mandé rosca en la bici y empecé a pasar muñecos, casi que no me di cuenta lo rápido que andaba. Luego fue momento de correr. Hubo que hacer una transición larguísima de más de 2’ hasta llegar al lugar donde me cambié las zapatillas y me puse los geles. Me acoplé a un pelotón, luego cuando tomé confianza hice un cambio de ritmo y me corté con otro grupo. Anduve muy bien hasta el kilómetro 17, cuando el físico no me dio para más y en el último tramo casi que llegué trotando, con todo mi resto. Al momento de la llegada lo primero que hice fue contar la cantidad de participantes, y a simple vista eran como 20 más o menos. Entonces me pregunté interiormente qué pasó, por qué tan pocos si habían largado un montón antes que yo. Después a la noche fue la entrega de premios y me di cuenta que había sido 8º en la general y 1º en mi categoría, sacándole 15 minutos al segundo. Así fue como me clasifiqué al Mundial. Todo muy loco.
—¿Te sorprendiste por el 8º puesto o por la clasificación?
—Por el boleto al Mundial. Más que nada, porque hubo que esperar hasta la noche como dije antes. De todos modos, antes pispié para ver si encontraba en la llegada a algunos de mi categoría, pero no encontré a ninguno. Es más, con varios minutos de ventaja terminé incluso por delante de algunos élite, que para mí es muchísimo. Fui el segundo mejor argentino (el neuquino Mario De Elías terminó 4º).
—¿Con qué tipo de ambiente te encontraste, ya que vos estás habituado a otro?
—Definitivamente es otra cosa, nada que ver a los triatlones en la Argentina. Me di cuenta que esto es una familia compuesta por personas de todas las nacionalidades. Como competencia se trata de lo mismo, pero mucho más extenso. Así y todo, es un espacio no tan lapidario con los deportistas, en todo sentido.

Una apuesta
—¿Cómo surgió esta idea?
—Todo comenzó cinco meses antes. Es más, llevaba recién corridos cinco triatlones. Un día estaba rodando en la costanera y Manuel Del Sastre se me acercó y me indujo a que probara suerte. Imagínense mi reacción, como diciendo que ni loco hacía algo así. Admito que le resté importancia, casi que no le presté atención, pero cuando llegué a casa y me senté, me quedé pensando. Dejé pasar el tiempo y a todo esto Manuel me seguía diciendo que pruebe, que en Punta del Este había una competencia. Cada día que pasó mi curiosidad fue creciendo hasta que me la jugué, pagué la inscripción y listo. A partir de ese momento se inició mi corta preparación, por decirse de alguna manera, pese a que siempre estoy entrenado. Tendría que agradecerle a Manuel Del Sastre por introducirme a esto. 
—¿Tu entrenamiento cambió o no dista tanto de lo que hacías todos los días?
—Las tres disciplinas son las mismas, pero lleva más tiempo y dedicación. Es más complicado llevarlo a cabo, no tanto por la natación, sino por el resto en bici y corriendo. Así que estoy dedicándole muchas horas al día y solo descanso los domingos completos. El tema es que ahora en Santa Fe se puso bravo por el calor (risas), así que tomamos todas las precauciones necesarias. 
—¿Te acostumbraste a practicar un deporte solitario como este?
—Lo bueno de todo es que hay mucho compañerismo. Pero en el medio Iron Man es verdad que uno está muy solo, porque es largo y se necesita de mucha cabeza fría, porque sino abandonás seguro. Eso es algo en lo que trabajo mucho, en no darme por vencido y no dejarme absorber por las circunstancias. Es hasta más importante que el estado físico. 

La banca solidaria
—¿Qué dice la familia sobre esta nueva faceta?
—Lo primero que me dicen es que estoy loco (risas). En el buen sentido, lógico. Lo ven como algo extraordinario. Lo bueno es que en todo momento recibo su apoyo y eso es muy importante, porque sentís indefectiblemente que no estás solo, que hay alguien que te respalda. Mi familia es un eslabón fundamental.
—Una casa revolucionada entonces, porque tu hermano (Martín) tiene chances de clasificarse a los Juegos Olímpicos en natación.
—Totalmente. Se podría decir que, después de tanto sacrificio, se están dando las cosas. Ojalá ambos podamos alcanzar nuestros sueños. Para eso trabajamos.
—¿Pensás que este es el deporte que querés practicar de ahora en más o volverás a lo tradicional después del Mundial?
—Definitivamente me di cuenta en este poco tiempo que es algo que me encanta, así que seguiré insistiendo. Lógicamente que no dejaré de lado los triatlones, acuatlones y maratones. No sé qué tiene, pero es una competencia con una fiesta que te atrapa.
—¿Cómo están dadas las condiciones para entrenar en la ciudad?
—Está muy bien. Como decía antes, ahora se complica un poco por el calor. Tenemos una ruta en buenas condiciones para pedalear, una costanera para correr tranquilamente, aunque sí carecemos de una pileta de 50 metros. Es verdad que se puede nadar en el río para hacer las transiciones, pero buscamos algo para el día a día. Hoy solo está la de Unión. Colón tiene una, pero que es un desperdicio, porque está ahí parada sin uso. Así que nos arreglamos con lo que hay.
—¿Se viene la parte más estresante, en la que tenés que hacer malabares para juntar la plata para el viaje?
—Sin dudas. A eso hay que sumarle el trámite de la visa. El tema económico es un tema importantísimo, porque todo lo costeo con fondos propios, no hay apoyo externo. Es por ello que estamos en la búsqueda de que nos den una mano para representar a la ciudad en una competencia de relieve internacional.
—¿Sos el mejor exponente de la región?
—Nunca me creo el mejor, siempre pienso que hay otro que me supera afuera. Entonces me esfuerzo todo el tiempo en mejorar, es un incentivo para mí saber que existen atletas mejores que yo. Siempre se puede progresar, por lo tanto hay que laburar.

Juan Diego Ferrante/ Ovación Santa Fe/ juandiego.ferrante@uno.com.ar