Ovación
Domingo 04 de Septiembre de 2016

El que se coronó en el cielo

Este lunes se cumplen 46 años de la muerte de Jochen Rindt, quien perdió la vida durante la clasificación del GP de Italia, en el circuito de Monza. Como en las tres pruebas siguientes nadie superó el puntaje que había acumulado hasta allí, se convirtió en el único campeón post mortem de la historia de la F1

Pasadas las 14.15 del caluroso sábado 5 de septiembre de 1970, durante la clasificación del GP de Italia de Fórmula 1, que se disputaría al día siguiente en el veloz circuito de Monza, de 5.750 metros, donde el promedio de la vuelta rozaba los 250 km/h –y que no tenía las chicanas actuales–, el líder del certamen salió de los boxes en busca de una nueva pole. Había logrado cuatro en los nueve GP anteriores y dominaba con autoridad dicha temporada.
Faltaba poco para cerrar la quinta vuelta de la tanda. Había dejado atrás la curva del Vialone –donde hoy está la variante Ascari– y venía a fondo pero, muy poco antes de ingresar a la curva Parabólica, el Lotus 72C-Cosworth Nº 22 –que no utilizaba el alerón trasero para ganar velocidad pero, al tener menor carga alar, era más inestable– primero se desvió hacia la derecha y, luego, encaró violentamente hacia el guardrail que estaba a la izquierda. Había fallado el eje del freno delantero derecho y, el impacto contra la defensa, a más de 170 km/h, devolvió al auto hacia la pista, donde realizó varios trompos, hasta que se detuvo más adelante, en medio de la grava.
La parte delantera del chasis de aluminio había desaparecido. El piloto fue trasladado a la enfermería del autódromo y, tras una serie de masajes cardíacos, el doctor Piero Carassai decidió derivarlo al Ospedale Niguarda de Milán. Cabe destacar que la víctima acostumbraba utilizar solo cuatro de los cinco puntos del arnés de seguridad, y no lo llevaba abrochado en la entrepierna, por lo que en el momento del impacto se deslizó bajo las correas.
Sus heridas eran muy graves –tenía la tráquea rota, el tórax y el abdomen aplastados y ambas piernas presentaban múltiples fracturas– pero, no obstante, es poco probable que el correcto uso del arnés hubiera evitado el trágico desenlace con un auto que no estaba diseñado para soportar semejante impacto frontal, como sí lo hacen en la actualidad.
Por eso, Karl Jochen Rindt fue declarado oficialmente muerto cerca de las 15.25. Tenía 28 años y, pocas semanas después, los 45 puntos que había acumulado hasta entonces fueron inalcanzables para sus rivales y se coronaría campeón post mortem de la máxima categoría del automovilismo mundial.

El alemán-austríaco
Rindt nació en Maguncia (Mainz), Alemania, el 18 de abril de 1942, hijo de madre alemana y padre austríaco, que era abogado y de buena posición económica. En julio de 1943, con solo 15 meses, perdió a sus progenitores durante los devastadores bombardeos aliados sobre Hamburgo, en el marco de la Operación Gomorra de la II Guerra Mundial y, entonces, sus abuelos maternos lo llevaron junto a su hermano Uwe –por parte de su madre– a Graz, Austria, donde creció. Los mismos decidieron que conservara la nacionalidad alemana, pero Rindt correría durante toda su trayectoria con una licencia austríaca. Una vez calificó a sus orígenes como una "terrible mezcla" y, cuando le preguntaron si se sentía más austríaco que alemán, o viceversa, solo respondió: "Me siento como un europeo".
Siendo muy joven se fracturó el cuello del fémur mientras esquiaba y, tras varias cirugías, una pierna le quedó casi 4 centímetros más corta que la otra, por lo que cojeó levemente durante el resto de su vida.
Su pasión por las competencias automovilísticas surgió tras probar un Jaguar Sport en Goodwood, Inglaterra. Su primera carrera fue la Flugplatzrennen de 1961, con un Simca Abarth 2000. Luego condujo un Alfa Romeo Giuletta GT 1300, con el que logró ocho victorias. En 1963 pasó a la Fórmula Junior con la ayuda de Kurt Bardi-Barry, el rico propietario de una agencia de viajes.
En abril de 1964 debutó en la Fórmula 2 en el Preis von Wien, en Aspern, donde abandonó y, el 18 de mayo siguiente, ganó el London Trophy en el circuito de Crystal Palace, con un Brabham BT10, escoltado nada menos que por Graham Hill.
Por sus 29 victorias (lograría nueve en 1967 con un Brabham BT23), lo llamarían el Rey de la Fórmula 2, en la que participó hasta agosto de 1970 (cuando ya hacía seis años que competía en la F1), al disputar el Festspielpreis de Salzburgo.
Además de los monopostos, Rindt también corrió con turismos y, en 1965, con el estadounidense Masten Gregory, conquistó las míticas 24 Horas de Le Mans con la Ferrari 250LM Nº 21 del North American Racing Team. Asimismo, sería subcampeón de la Tasman Series en 1969, y disputó las 500 Millas de Indianápolis de 1967 y 1968, abandonando en ambas ediciones.

Hacia la consagración mundial
Rindt debutó en la Fórmula 1 el 23 de agosto de 1964 en el GP de Austria, en el circuito de Zeltweg, con un Brabham BT11 del equipo de Rob Walker. Al año siguiente, se convirtió en piloto oficial de Cooper y, su coequiper, fue el neocelandés Bruce McLaren. Su mejor resultado fue un 4º puesto en el GP de Alemania, en Nürburgring, y finalizó 13º en el campeonato, con 4 puntos.
El 12 de junio de 1966 logró su primer podio en la Fórmula 1, al arribar 2º en el GP de Bélgica, en el antiguo trazado de Spa-Francorchamps, de 14,120 kilómetros, mismo resultado que alcanzaría el 2 de octubre siguiente en el GP de Estados Unidos, en Watkins Glen, y finalizó 3º en el campeonato, detrás del australiano Jack Brabham (quien, además, se había consagrado campeón en 1959 y 1960) y el británico John Surtees (monarca en 1964).
En marzo de 1967 se casó con la modelo finesa Nina Lincoln, hija del piloto sueco Curt Lincoln y, en 1968, cuando pasó a Brabham, nació su hija Natasaha. En 1969 se sumó a Lotus, convocado por el constructor británico Colin Chapman para reemplazar al escocés Jim Clark, muerto el año anterior en una carrera de F2 en Hockenheim, Alemania.
Los Lotus siempre revolucionaron a la categoría con sus innovaciones técnicas, que les permitieron lograr numerosas victorias a sus pilotos pero, también, eran frágiles y peligrosos. Rindt mantendría con Chapman una relación con altibajos, ya que llegó a criticar públicamente la seguridad de los autos por el accidente que protagonizó en Montjuic, España, donde se fracturó el tabique nasal tras perder su alerón y estrellarse, como poco antes le había sucedido a su coequiper, Graham Hill.
El 5 de octubre de 1969 lograría su primera victoria, al alzarse con el GP de Estados Unidos (donde Hill se fracturó ambas piernas) y, además, se ubicó 4º en Inglaterra, 2º en Italia, 3º en Canadá, y 4º en el Mundial, detrás del escocés Jackie Stewart, el belga Jacky Ickx y McLaren.
Todo indicaba que 1970 sería su año. Comenzó la temporada con el Lotus 49C-Cosworth, con el que disputó el GP de Sudáfrica, en Kyalami y, en la 2ª fecha, en Jarama, España, debutó el modelo 72C, diseñado por Chapman y el francés Maurice Philippe. Como al mismo todavía le faltaba desarrollo, Rindt volvió al 49C en el GP de Mónaco, donde logró la primera de sus cinco victorias de ese año. En la 5ª fecha, en Zandvoort, el Lotus 72C –ahora con la suspensión mejorada– regresó con todo y mostró todo su potencial porque, a partir de allí, Rindt ganaría cuatro carreras consecutivas: Holanda, Francia, Inglaterra, y Alemania. Hasta que llegó el fatídico GP de Italia...
Legado imborrable
Rindt fue sepultado en el cementerio Central de Graz el sábado 11 de septiembre y, en su funeral, el sueco Joakim Bonnier señaló: "Morir haciendo algo que se ama, es morir feliz. Independientemente de lo que suceda en el resto de los GP de este año, para todos nosotros, Jochen es el campeón del mundo".
Tras la muerte de Rindt, el único que podría quitarle el título en las tres pruebas que restaban (Canadá, Estados Unidos, y México), era Jacky Ickx. Ese año se otorgaban puntos a los seis primeros (9, 6, 4, 3, 2 y 1) y, para definir el certamen, se contabilizaron los seis mejores resultados de las siete primeras pruebas y los mejores cinco de las otras seis.
El belga lideró el 1-2 de las Ferrari 312B en Mont-Tremblant, escoltado por el suizo Clay Regazzoni, el ganador en Monza, donde Rindt había perdido la vida 15 días atrás.
Pero en Watkins Glen, donde Lotus volvió a competir tras el duelo por el alemán-austríaco, Ickx se despidió del título al finalizar 4º, en una carrera que ganó un brasileño de 23 años que disputaba su cuarto GP. Ese 4 de octubre y, con un Lotus 72C-Cosworth, el mismo con que Rindt se mató, Emerson Fittipaldi cantó victoria y, de este modo, la F1 consagró a su primer –y hasta ahora único– campeón post mortem.
Así, el destino mostró su cara más cruel ya que, tal como le había prometido a su esposa, Rindt dejaría de correr si se coronaba campeón, lo que al fin pasó. Pero, desgraciadamente, en su caso pasó al revés.