Ovación
Domingo 26 de Abril de 2015

El regreso está cerca

Carlos Delfino intensifica su recuperación y a casi dos años de haber jugado el último partido oficial tiene como meta poder retornar con la Selección Argentina. “Quiero jugar el Preolímpico, lo mío es pretencioso y ambicioso, pero se tienen que dar varios pasos”, tiró.

Se nota que su ánimo es otro. La inactividad es larga, pero Carlos Delfino prefiere tomar con paciencia la recta final de su recuperación. Esta vez cree que las chances de volver a pisar un rectángulo son concretas. Junto a sus seres queridos disfruta cada día enfocado en no acelerar nada para llegar a la meta. En diálogo con Ovación comenzó hablando de su actualidad: “La verdad es que estoy haciendo físicamente mucho más de lo que esperaba. Me operé por última vez en septiembre en Paraná y antes de eso estaba pensando mucho en retirarme y que tal vez no podría volver a correr en toda mi vida. A partir de esa operación, de cómo se recompuso el hueso, me empecé a mover, hacer bicicleta, a nadar en la pileta de mi casa. Caminé mucho, me sentí bien, tiré al aro. Estoy lejos de hacer un entrenamiento de antes, pero estoy bien de la cabeza. Casi a los siete meses, mi doctor Raúl Teaux me dijo que en ocho meses puedo estar en cancha, pero soy libre para entrenar y hacer lo que quiera. Hay días que apuro un poco más, levanté la velocidad, estoy haciendo cosas automáticas. Trato de no apurarme, pero sin darme cuenta me sale hacer un arranque, no digo que lo haga antes, mi cuerpo se siente bien”.

Un calvario de dos años
Estamos a pocos días de que se cumplan dos años de aquel fatídico partido cuando jugando para Houston se lesionó en playoffs frente a Okhlahoma. Al respecto, el Cabezón apuntó: “Me lesiono jugando para Houston en mayo de 2013 y la historia hay que contarla al revés de por qué me operé en Paraná. Lo nacional es bueno, no es la primera vez que lo hago, en 2004 también lo hice. Mi equipo y mi agente me recomiendan un doctor muy bueno de Nueva York que operaba bailarines clásicos, jugadores de NFL, NBA. Si había un ranking es el número 3. Trabaja en el Hospital de Cirugía Especial de Nueva York. Me opero ahí, el hueso se rompe, se parte y había firmado con Milwaukee. Ellos deciden ir a Viena con una máquina de alto voltaje de choque. Hicimos un procedimiento sin abrir (se considera una operación). Estuve dos meses sin pisar con una férula. Llegamos a octubre, el hueso no se consolidó y menos se cerró. Ahí de común acuerdo decidimos venir a Buenos Aires para operarme con el doctor Villani, con todos los antecedentes que él tenía. El hueso se consolida, pero tenía molestias y pensábamos que podía jugar el Mundial. Estaba haciendo lo que hago ahora con dolor, corría, saltaba, pero tenía mucho dolor. Hice un estudio en Buenos Aires, vino la gente de Milwaukee y vemos que el hueso se estaba rompiendo de nuevo. Ahí estábamos en fines de agosto y llegó el momento de no saber qué hacer, el hueso es del tamaño de un jabón de hotel (4 cm x 2), dije me voy a casa, rengueaba para caminar”.

Dio en la tecla
Con el pormenorizado detalle de lo que le tocó padecer, Delfino volvió a Santa Fe y después de consultarlo con los familiares se operó en Paraná: “Uno no valora la posibilidad física que tiene hasta que le falta algo. Se sobreestimó la situación y estaba quedando rengo, no podía correr más, un doctor americano me dijo «si querés correr con tus hijos tenés que poner tres tornillos más», la cabeza me estallaba, escuchaba cosas distintas, escuché a doctores italianos, españoles, de Estados Unidos. Me dijeron que vea al 2 y 1 de Estados Unidos. Quería quedarme acá, me aislé totalmente, hasta hace poco no hablaba, no salía, estaba todo el día en mi casa. No sabía si podría volver a jugar o no. Estoy en una transición. A Raúl Teaux lo escuché, implantamos un hueso mío de la cadera, estoy con molestias ínfimas cuando estoy cansado físicamente. No quiero poner toda la atención en el pie. Hicimos estudios, el hueso está muy bien”.

Pedido claro
Después de esta última operación, el exjugador de Unión apuntó a dar pasos cortos: “Pedí poder jugar con mis hijos en una plaza, un parque, un patio. Hace nueve meses estaba rengueando, no podía caminar. Le pedí a mi doctor poder cruzar la calle corriendo, no podía apurar el paso, a nivel temprano de mi vida, la última jugada mía que sentí dolor fue ir y volcar una pelota, sentí un pinchazo, al otro partido me empastillé y me caí, no podía pisar, dije no va más y desde ahí no corrí más, apoyaba el pie como un pirata. Quiero hacer una vida normal”.