Ovación
Domingo 26 de Junio de 2016

En manos de su legítimo dueño

Hoy se cumplen 40 años del primer combate entre Carlos Monzón y Rodrigo Valdez, donde Escopeta le GPP 15 (unánime) al colombiano y, de este modo, recuperó sobre el ring la corona mediana que el CMB le había quitado en un escritorio en 1974 tras vencer a Mantequilla Nápoles

A través de los años, innumerables deportistas fueron víctimas de injusticias de todo tipo pero, en una muestra de su grandeza, solo los auténticos elegidos pudieron torcer decisiones dirigenciales, políticas y hasta judiciales, lo que agigantó sus respectivos legados. ¿Quién no recuerda las mil y una que debió soportar el inolvidable Muhammad Ali tras negarse a ir la guerra de Vietnam en 1967? Pero a El Más Grande no le importó porque, en los hechos, siempre fue consecuente con sus ideas y, en 1974, volvió a ceñirse la corona pesada tras noquear a George Foreman en Kinshasa.
Pues bien: Carlos Monzón, el más grande boxeador profesional de nuestra historia, también fue inmerecidamente despojado del cetro mediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en 1974 y, poco más de dos años después, recuperó sobre el ring lo que habían quitado en un escritorio (ver aparte).

Fue por lo que era suyo

Para el esperado combate unificatorio ante Rodrigo Valdez, el nacido en San Javier había llevado adelante parte de su preparación en París donde, en todo momento recibió interminables muestras de admiración. Durante su estadía, diversos medios de la Ciudad Luz publicaron que Escopeta era una de las figuras más populares en Francia en los últimos diez años y, además, hasta afirmaron que se ubicaba a la misma altura de diversas personalidades políticas, literarias y económicas.
Por caso, Monzón fue invitado a la mundialmente conocida casa Lacoste, donde le obsequiaron una enorme cantidad de remeras y pantalones, y en la que firmó innumerables autógrafos y se prestó a distintas requisitorias periodísticas.
En la capital francesa primero y, en el principado de Mónaco después, quien acompañó a Carlos a diario en sus entrenamientos y también colaboró activamente con Rodolfo Sabbatini, organizador del choque, en la promoción del mismo –además, el italiano se había asociado con la poderosa empresa estadounidense Top Rank, la que por intermedio de su titular, Bob Arum, se hizo con los derechos televisivos de la Pelea del Año– fue el francés Jean-Claude Bouttier, derrotado dos veces por el sanjavierino, en 1972 y 1973 y, en ambas ocasiones, en París.
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La pelea había acaparado la atención de todo el mundo. Entre periodistas, fotógrafos y camarógrafos, los enviados especiales de la prensa argentina eran 24 y, los colombianos, 12. En el estadio Louis II –donde Carlos había vencido a Nino Benvenuti en 1971 y a Emile Griffith en 1973– se pusieron a la venta 9.450 entradas, con valores que oscilaban entre los 10 y 210 dólares (entre estos ingresos, más los de la TV y diversos contratos publicitarios, se recaudaron casi 800.000 dólares).
En la conferencia de prensa previa al combate, Louis Medecin, el alcalde monegasco, recordó que, en su gestión, ésta sería la 5ª pelea mundialista en el principado y, la de Monzón-Valdez, se convertiría en "la coronación ideal" para su larga carrera política.
La noche en que efectuaría su 99º combate profesional, Monzón se mediría con un boxeador moldeado en la fragua de los más exigentes gimnasios neoyorquinos, ya que el oriundo de Cartagena tendría en su esquina al legendario entrenador estadounidense Gil Clancy –histórico rincón de Griffith y expromotor del Madison Square Garden–, y era dueño de un depurado estilo boxístico, amén de ser considerado un fajador de respetable poderío en la corta distancia.
Además, en el rincón del moreno también estaría el cubano Antolín Sánchez Govín, el entrenador que dejó La Habana –donde había nacido– tras la revolución castrista de 1959 y, siempre, estuvo a su lado a lo largo de toda su trayectoria.
Escopeta llegaba al choque con 12 defensas exitosas del cetro de las 160 libras y en la cima del mundo y, Valdez, con cuatro. Desde el 25 de mayo de 1974, cuando en el mismo escenario donde ahora se las vería con Monzón, cuando le había GKOT 7 al estadounidense Bennie Briscoe por la corona CMB vacante, el moreno le había GKO 11 al tunecino-francés Gratien Tonna el 13 de noviembre de ese año (el mismo rival al que Escopeta despachó en cinco asaltos el 13 de diciembre de 1975); luego, le GKOT 5 al santafesino (oriundo de Villa Ana) Ramón Méndez, el 31 de mayo de 1975 en el Coliseo El Pueblo de Cali, Colombia; el 16 de agosto del mismo año, le GPP 15 (unánime) al estadounidense Rudy Robles en la Plaza de Toros de Cartagena de Indias, su ciudad natal y, en su último combate previo al que sostendría con el sanjavierino en Montecarlo, le GKOT 4 al marroquí –nacido en Rabat y radicado en París– Nessim Max Cohen, el 28 de marzo de 1976.
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Por su parte, desde que el 20 de abril de 1974 fuera despojado de su corona por el CMB, el santafesino retuvo su cetro AMB el 5 de octubre de ese año ante el australiano Tony Mundine en el Luna Park (en la que sería su tercera y última defensa en la Argentina); el 30 de junio de 1975, Carlos aplastó al estadounidense Tony Licata, quien nunca había sido noqueado, al que derribó ¡siete veces! y le GKOT 10 en el legendario Madison Square Garden de Nueva York, en la única presentación de su carrera en los Estados Unidos, y el ya citado choque ante Tonna.
Precisamente, tras su 12ª defensa (la 4ª y última en París), había comenzado la cuenta regresiva para la pelea con Valdez, de la que hoy se cumplen 40 años de su realización. La misma fue una de las más esperadas de su tiempo –sin distingos de categorías– y, tras arduas gestiones, finalmente se habían firmado los contratos. En este choque, ambos expusieron sus coronas y, luego de la misma, el ganador sería reconocido como el único rey mundial de las 160 libras.
A la hora del pesaje oficial –que se realizó a las 11 del mismo día de la pelea en la Piscina, próxima al puerto, donde también se había efectuado el de Monzón-Benvenuti II cinco años antes–, hubo algunos que tenían sus reservas sobre la real preparación de Carlos para tan importante combate pero, el sanjavierino, les tapó la boca a todos: dio 72,300 kilos. En cambio, el que tuvo problemas fue Valdez ya que, cuando la aguja se clavó 160 gramos por encima del límite de los 72,574 kilos, los rostros del colombiano y los de su equipo se transformaron.
Es más, cuando el monarca CMB estaba sobre la báscula, el Chino Govín tomó disimuladamente de un brazo a su pupilo, haciendo de palanca para que pesara menos. Pero, al instante, el promotor Juan Carlos Lectoure, quien integraba el equipo del monarca AMB, le advirtió: "Ojo, que yo de éstas hice mil", por lo que el DT soltó rápidamente al moreno. Luego de algunas deliberaciones, se acordó de que se pesaría horas después: tras correr y quemar el exceso, Valdez dio 72,570 kilos (solo cuatro gramos por debajo del límite) a las 19.30, poco antes de recibir un telegrama de Alfonso López Michelsen, el por entonces presidente de Colombia, en el que le deseaba éxito para el combate que sostendría horas más tarde ante Escopeta.
Entre otros, en el ringside dieron el presente el príncipe Raniero III y el heredero del trono, su hijo Alberto (quien hoy conduce los destinos del principado tras la muerte de su padre, el 6 de abril de 2005, a los 81 años); los actores franceses Jean-Paul Belmondo (incondicional seguidor y fanático de Monzón) e Yves Montand (quien fuera presidente del jurado del Festival de Cannes); el británico David Niven (ganador del Oscar en 1958), Alain Delon y su esposa, Mireille Darc y, también, el egipcio Omar Sharif (su verdadero nombre era Michael Shalhoub y era hijo de libaneses cristianos, nacido el 10 de abril de 1932 y que murió el 10 de julio de 2015, a los 83 años).
Justamente, Sharif le apostó a Delon 7.000 dólares a mano de Valdez, ya que el egipcio estaba convencido de que el oriundo de Cartagena vencería a Escopeta. Además, poco antes de la pelea, Delon y uno de sus guardaespaldas se encargarían de noquear en el ringside a un francés que le faltó el respeto a Susana Giménez, quien era la compañera de Monzón desde hacía dos años.

Escopeta no dejó dudas

Entre otros emprendimientos comerciales, José Steimberg era el titular de una concesionaria de la afamada casa alemana Mercedes Benz, ubicada frente a la cancha de River, en la Capital Federal, que se llamaba Geramo, y había comenzado a aparecer con asiduidad junto a Carlos Monzón desde 1974, lo que provocó que Tito Lectoure empezara a desconfiar de esta relación y, la brecha, se profundizó cuando Cacho comenzó a opinar de las finanzas del campeón mediano. Por eso, a la hora de subir al cuadrilátero para esta pelea con Valdez, en el rincón del sanjavierino –junto al inolvidable Maestro Amílcar Oreste Brusa,hacedor de Escopeta– estuvo Steimberg y no el titular del Luna Park. De regreso al país, las lanzas se romperían definitivamente...
El primero en ascender al ring fue el francés Raymond Baldeyrou, quien sería el árbitro del mismo (y que ya había actuado como tal en la paliza que Carlos le había dado a Mantequilla Nápoles en 1974 en París, tras la cual el CMB le quitó la corona de esa entidad, en una velada que fue organizada por Alain Delon); luego lo hizo Valdez, vistiendo pantalones rojos con vivos amarillos y, por último –lo que provocó la prolongada ovación de los presentes–, subió Monzón.
El combate arrancó parejo y, desde el inicio, las estrategias estuvieron claras. Si bien Valdez poseía un buen nivel técnico, le facilitó las cosas a Carlos con su lentitud y porque no fue consistente con sus ataques. Escopeta, haciendo uso –como siempre– de su privilegiada contextura física y largo de brazos, se encargó de mantener lejos y a raya al moreno, sacando golpes desde cualquier ángulo y apelando a una de sus cualidades más brillantes: retroceder pegando. Cumplido ya el 5º round, Carlos manejaba claramente los tiempos de la pelea, dosificando las energías y, Valdez, evidenciaba haberse quedado sin piernas y como resignado a una derrota inevitable.
Caída de Valdez
En el 14º y penúltimo round, Escopeta derribó al nacido en Cartagena.
En el 14º y penúltimo round, Escopeta derribó al nacido en Cartagena.
Pero la mejor mano del moreno llegó en el 8º capítulo: fue una dura derecha que impactó de lleno en el rostro de Carlos –erróneamente, algunos llegaron a exagerar en que produjo un efecto similar al piñazo de Bennie Briscoe en 1972, cuando el santafesino sí estuvo conmovido en el Luna Park– pero, Monzón, con el corazón de guerrero que lo caracterizaba, superó la adversidad.
Es más, frío y cerebral como a lo largo de su deslumbrante trayectoria, el oriundo de San Javier siguió adelante en las tarjetas mientras esperaba la oportunidad de aplicar su devastadora derecha a fondo.
Y, ese momento, llegó en el 14º y penúltimo round, cuando lo tomó a Valdez viniendo hacia él y lo impactó con un impecable recto de derecha en el mentón. El colombiano cayó de rodillas sobre las cuerdas, donde recibió la cuenta de protección de 8 segundos. Todo estaba dicho, porque al moreno –con su ojo izquierdo prácticamente cerrado y su rostro que evidenciaba el duro castigo recibido en los 13 asaltos anteriores– ya no le quedaba la más remota chance de llevarse el combate. Todas sus declaraciones previas ("yo lo voy a noquear al Che" llegó a afirmar) habían ido a parar al baúl de las frases muertas. Por eso, en el 15º y último capítulo, solo trató de no ser noqueado y terminar de pie, lo que finalmente pudo lograr.
Cuando finalizó la pelea, el ring se llenó de gente. Muchos de ellos eran colombianos, quienes festejaban ruidosamente la supuesta victoria de Valdez, en un intento de impresionar a los jueces. Pero sería en vano, ya que los mismos le dieron el triunfo a Carlos –quien presentaba una leve inflamación bajo su ojo derecho– en fallo unánime: Baldeyrou, 146-144 y, los también franceses Andre Bernier y Pierre Talleyrac, 147-145 y 148-144, respectivamente.
¡Ah! Muy a su pesar, Omar Sharif le pagó los 7.000 dólares de la apuesta a Delon, uno de los hinchas más reconocidos de Carlos, quien celebró con él su inolvidable victoria.
De este modo, Monzón era nuevamente el rey unificado mediano AMB-CMB y, el mundo, fue testigo de otra página de gloria que Escopeta escribió para el boxeo de todos los tiempos. Y, como el auténtico consagrado que fue, demostró que, para quitarle un título, no hubo –ni habría– escritorios que valgan.
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La verdadera razón de un despojo

Por esto el cmb le sacó el título a monzón. El 20 de abril de 1974, el Consejo Mundial de Boxeo le quitó a Carlos el título mediano que reconocía esta entidad. Pero, la supuesta historia oficial de que Escopeta fue desposeído del cetro por no realizar el control antidóping tras el choque ante Mantequilla Nápoles del 9 de febrero del mismo año en París, también es totalmente inexacta.
La verdadera razón fue que el colombiano Rodrigo Valdez rechazó una oferta de 18.000 dólares para enfrentar a Monzón en el Luna Park y, aprovechando esta situación, el profesor Ramón G. Velázquez, el por entonces presidente del CMB, desconoció al sanjavierino como campeón, aduciendo que "no tenía suficiente comunicación con Buenos Aires" y, por eso, ordenó cubrir la vacancia de la corona con el choque entre el oriundo de Cartagena y el estadounidense Bennie Briscoe, que se realizó el 25 de mayo de 1974.
Ese día, en el estadio Louis II de Montecarlo y, con el arbitraje del británico Harry Gibbs, el colombiano le GKOT 7 al radicado en Filadelfia y se coronó campeón mundial de las 160 libras. Según el dirigente mexicano, el promotor Juan Carlos Lectoure negaba la autoridad del CMB porque siempre (menos al final de su trayectoria), respondió a la línea que bajaba de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
El propio Velázquez se lo reconoció al calificado colega Julio Ernesto Vila –quien fuera clasificador oficial del CMB durante décadas– cuando le dijo que "no puedo seguir reconociendo a un púgil cuyo manejador desconoce mi autoridad". Y, como muy bien explica el inolvidable Maestro en su obra 20 Campeones y una Leyenda (Tomo I, página 176, Ediciones Interactivas, 1997), "por ello Velázquez firmó el decreto de destitución. Injusto para Carlos. Comprensible políticamente. Que cada uno lleve sus culpas ante la historia".
De un plumazo y, en un escritorio, Escopeta se había quedado sin una de sus coronas. A partir de ese momento y, hasta que unificara los títulos con Valdez el sábado 26 de junio de 1976 en el principado de Mónaco, el santafesino solo sería reconocido como monarca de los 72,574 kilos por la AMB.