Ovación
Domingo 16 de Agosto de 2015

“Mi vida fue una milonga”

Alberto Batata Caraballo cumplió 79 años y hace 53 que dirige, desplegando toda su sabiduría. Hoy es el  DT de Peñaloza, junto  a su hijo Juan Manuel

Tiene todo su cuerpo empapado de vida, de pura vida. Sus recientes 79 años (10/8/1936) demuestran esa mirada pícara, cuando una anécdota lo desborda por los poros. Aún tiene un aire de compadrito, salido de algún tango, de algún barrio arrabalero. Sus hombros reflejan que en un tiempo, la pinta se colgaba de una percha, en donde el saco cruzado, bien cepillado y con los botones relucientes, abrían el camino a la conquista. Cuántas cosas se pueden escribir de Alberto Osmar Caraballo, más conocido en el ambiente de la Liga como Cacho o Batata. El dos por cuatro sigue sonando en el viejo conventillo, los guapos se reúnen en el patio central a mostrar esa presencia intocable, para esos pebetes que observan desde lejos. Algunos querrán ser como esos personajes, y un poco así transcurre la vida de Batata Caraballo, que vivió y vive con la misma intensidad que su juventud. Jamás se jubilará del fútbol, de dirigir a generaciones que han pasado por su sabiduría. 
 
Ahora, su hijo Juan Manuel lo acompaña como ayudante de campo, en su querido Peñaloza. Es poco el espacio de esta página para conocer a este entrenador que comenzó allá por 1962, es decir 53 años transitando en todas las canchas, en donde ha dejado su sello inconfundible. Ovación lo citó para charlar de la vida, del fútbol, de las mujeres, de las emociones que reflejan la vida de este técnico querido por todo el mundo.
“Comencé a dirigir en 1975 en Gimnasia. Me surgió la idea de ser técnico porque me di cuenta de que yo tenía condiciones en su momento. Dejé de ser jugador, mejor dicho arquero, y pensar que un 15 de abril de 1951 debuté en quinta, cosa que a veces me perjudicaba, porque trabajaba en una fábrica de escobas, en calle San Lorenzo. Me tocaba hacer la cabecita del palo con un torno y a veces se resbalaba mi mano y me hería; igual iba a jugar con dolor, a pesar de que me costaba agarrar la pelota. 
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—¿Por qué dedicaste tu vida al fútbol?
—Porque es mi vida. Terminan los partidos y me tomo dos horas de relax. Trabajo mucho con papel y lápiz, y empiezo a escribir cosas del fútbol y voy buscando el equipo del futuro. Yo no me dediqué a campeonar, me dediqué a formar y no me arrepiento, porque me di cuenta de que me equivoqué, porque lamentablemente los dirigentes, por necesidad lógica y propia, buscan técnicos que salgan campeones y de otra manera no le interesan y a mí eso no me gusta.
 
—¿Cómo lidiás con la juventud?
—Los hago sentir seres humanos. Respeto. Que se den cuenta de que el que está enfrente respeta. El chico no te va a faltar el respeto. Mi nieto a veces me grita y le digo: “¿Por qué me gritás? ¿Yo te grito a vos? Entonces no me grités, porque no me gusta, eso no se hace”. Si tengo que pedirle disculpas a un jugador joven lo hago delante de sus compañeros. Soy humano y me equivoco. El error del ser humano es equivocarse y no reconocerlo.
 
—Son muchos años de técnico, vividos con una profunda pasión.
—Muchas satisfacciones he tenido. Es cuando querés a una mujer, puedes ser bizca, fea, no me importa, y si yo la quiero y tengo una pasión por ella, la seguiré amando. El fútbol es igual y es indispensable que la familia te acompañe. 
 
—¿Sos consciente de que sos el técnico más veterano en la Liga?
—No. No me gusta escuchar eso (sonrisas). Te digo una cosa: me di cuenta de que era inteligente, después de viejo. ¿Sabés por qué? Porque mi vida fue una milonga. Yo hacía las cosas bien y nunca me di cuenta de que las hacía bien. Fueron pasando los años y vi cómo la gente me tomó aprecio y me pregunté: “¿Qué hice yo para que me feliciten?”. No soy humilde, ni me hago el humilde. Soy como soy. Tuve un defecto grande: nunca me interesó la guita. Tuve mucho y no tuve nada. Conocí el hambre. Lloré sin que me vean, porque también lloramos los guapos.
 
—¿Viviste la vida a pleno?
—Sí, y quiero vivir más. Le pido a Dios todos los días que me ayude. Tengo otras cosas que cumplir, son más personales. Tengo que ordenar algunas cosas y después, si me tengo que ir, me iré. No sé adónde, porque me van a sacar cagando a donde vaya (risas). Entonces, estuve rodeado de mujeres que me amaron. Estoy rodeado de amigos que me aman, pero sigo siendo el mismo loco de mierda. 
 
—¿Por qué el fútbol es una pasión para vos?
—Creo que tendría que haber sido maestro. Pienso que hago docencia siendo técnico. Lo siento y lo hago. Sé que cumplo un rol social. ¿Sabés que me gustaría? Que me contraten para dar charlas en los clubes.
 
—¿Es imposible que te jubiles del fútbol?
—No, me muero. Siempre laburé. Preguntame de qué no trabajé. El fútbol me dio la libertad y me sacó, estar un poco más con mi familia.
 
—¿Con qué tango te quedás?
—Me quedo con el tango Desorientado. El tango es la vida. A los pibes les digo que escuchen tango, no digo que lo quieran, pero que escuchen la letra. Por ejemplo ese tango que dice: “Qué me van a hablar de amor”.
 
—¿Quién es Batata Caraballo?
—Un loco delirante.
 
Ernesto Titi Cantero / ernesto.cantero@uno.com.ar