Ovación
Lunes 28 de Diciembre de 2015

“No tenía más sentido”

El santafesino Hugo Iván Catalán decidió retirarse de la halterofilia luego de haber quedado fuera de la consideración nacional, a pesar de ser el mayor exponente de esta actividad. “Me voy por la puerta grande ya que hay mucha gente que respeta y valora todo lo que logré”, manifestó el oriundo de barrio Chalet. 

Un día, caminando con unos amigos del barrio, encontró un folleto en la calle que publicitaba clases de halterofilia (levantamiento olímpico de pesas) y entre cargadas y algún que otro comentario, sintieron curiosidad y se presentaron a ver de qué se trataba. Al vivir en una ciudad donde lo más popular es el fútbol, para ellos esta disciplina era desconocida, por ende los miedos estaban a flor de piel. Al principio les pareció entretenido, pero a medida que fue pasando el tiempo ya lo fueron tomando más en serio, ya que tenían la posibilidad de desayunar, almorzar y merendar, algo que quizás en sus casas no podían. 
Hubo uno de ellos que sintió que era más que solo un deporte, también una pasión y medio de vida. Empezó bien desde abajo, pero gracias a su empeño, responsabilidad y esmero poco a poco fue creciendo a punto tal de transformarse luego en el mejor representante nacional. Es verdad que el destino le hizo un guiño al llamarlo a este deporte, pero está más que claro que, de no ser por la contención y el amor de entrenadores y colaboradores, jamás hubiera llegado hasta el pedestal de los elogios.
Hugo Iván Catalán, junto a la santotomesina Malvina Soledad Verón, son los bastiones de las pesas en la historia de Argentina. Solo hay que remitirse a las estadísticas, que hablan por sí solas. Atletas con sentido de pertenencia y dedicación.
Pero Hugo, a partir de 2015 comenzó a sentir que su etapa en el deporte de alta competencia se estaba terminando. La Federación Argentina de Pesas (FAP), a través del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), eligió el 5 de enero al búlgaro Konstantin Darov como entrenador en jefe de la Selección con el fin de pegar el salto de calidad de cara a los Juegos Olímpicos de Río 2016. 
Sus pergaminos lo denotaban como una eminencia y llegaba de ser la cabeza de la delegación mexicana. Las expectativas eran muchas, pero sus primeras decisiones –desde ya polémicas– fueron marcando un camino un tanto pedregoso, ya que eligió, desde su óptica, a los atletas que trabajarían de cara a los principales certámenes, excluyendo a aquellos que, por mérito propio, se habían ganando el lugar.
Esto trajo coletazos y muchas contradicciones que terminaron haciendo que varios atletas levantaran la voz. Esto le pasó a Catalán, a quien le quitaron las becas nacionales y el apoyo económico por mostrarse en desacuerdo con las medidas adoptadas por la Federación Argentina y, por supuesto, el entrenador. Prácticamente quedó al margen.
Sin complejos
Casi sin incentivo para seguir compitiendo y después de golpear muchas puertas en busca de una solución que no llegó, Hugo optó por retirarse del deporte a los 29 años. En diálogo con Ovación y en un mano a mano cordial y muy distendido, hizo un análisis sobre lo que pasó en este último tiempo, sobre el futuro de las pesas en la Argentina y las ideas que tiene en mente.
—En el fútbol se dice colgar los botines y en boxeo los guantes, ¿en pesas cómo sería?
—(Piensa) Sería como colgar la barra. Esta decisión la tomé la semana previa al Nacional de Mar del Plata. Ahí fue cuando dije “basta”. Al principio pensaba participar con el objetivo de terminar nuevamente como campeón, pero si lo hacía iba a tener argumentos para seguir luchando y no quise que pasara. Volver a demostrar que soy el mejor y que las cosas sigan igual no tenía sentido, sería seguir haciéndome mala sangre; entonces pensé que no tenía sentido dar vueltas sobre lo mismo.
—¿Eso te llevó a tomar esta determinación o más que nada los contratiempos que te impiden en la consideración de la Selección?
—La verdad es que estoy cansado de que no haya cambios, que se haga un análisis de la situación sobre si se marcha por buen o mal camino. La Federación sigue haciendo lo que quiere. Tuve dos reuniones con Enard y en cierta manera si vale decirlo así, me daban la razón sobre la queja, pero son muy fríos. Ellos aprietan a las federaciones cuando les conviene. Ponerle freno a este tema generaba muchos disturbios para ellos y por ende prefirieron dejarlo como estaba.
—¿Cuándo te diste cuenta de que era el momento de retirarte?
—Cuando iba a entrenar y estaba pendiente de la hora para terminar. No disfrutaba lo que hacía. El hecho de ponerte a entrenar o prepararme para un torneo y que te dé tristeza, era el colmo. No puede ser que el deporte que amás y al que le dedicaste casi toda tu vida termine siendo lo que más daño te haga. Por ende, antes que suceda del todo opté por alejarme de las pesas por completo, incluso como espectador. Preferí cortar por lo sano, dejar de renegar e invertir mi tiempo en otro tipo de cosas. Puede que sí me interese colaborar desde otro punto más adelante. 
—¿Intentaron persuadirte para que reveas esta situación?
—Mi familia y mis amigos hicieron mucha fuerza para que no deje, que al menos siga hasta que se pueda dar la posibilidad de llegar a Río. Pero sería una farsa continuar, como mentirme a mí mismo. Por más que gane la clasificación a los Juegos Olímpicos, estoy seguro de que la federación hará las maniobras necesarias para que eso no suceda; lo mismo pasa en la rama femenina, entonces no vale la pena. Sería como continuar dándoles de comer a personas que muchas veces se llevan los logros personales de uno para defender su lugar político o el trabajo que estén desempeñando.
—Cuando empezó todo este nuevo proceso en la Selección eras consciente de que podría haber represalias, cosa que pasó, ¿sentís que perdiste esta pelea?
—Hace unos años que ya no me callo y siempre tuvo repercusiones. Más que nada por decir las cosas de frente, pero no solo en los medios, sino a los amigos y personas competentes, y más de una vez cayó mal, principalmente en los dirigentes, que te están mintiendo en la cara pese a que tenés pruebas para demostrarlo. Eso genera una bronca en ellos que, tarde o temprano, te lo hacen pagar. No sé si sería perder la batalla, porque me parece que es mucho más lo que gano al dejar el deporte; estoy más tranquilo y tengo más tiempo para dedicarle a mí familia. Soy feliz con las cosas que estoy haciendo ahora y las que pretendo hacer, algo que con las pesas ya no pasaba y que no me dejaba progresar. Estaba atado a una piedra que me impedía pegar el salto. Ni hablar en lo económico. Todos saben que el deporte amateur te da poco, por más que seamos llamados atletas de alto rendimiento, porque vamos y ganamos un torneo. No es así y es vergonzoso. Se le puede preguntar a cualquiera de los atletas que se alejaron después de los Panamericanos, que eran héroes antes de dicha competencia y que, una vez terminada, se les quitó el apoyo. Me parece que no es la forma.
—De esta manera le pusiste fin a tu sueño de ir a los Juegos Olímpicos, ¿eso no importa tanto?
—Fui más allá de eso. Era el logro deportivo que deseaba, por el cual luché todo este tiempo y que mantenía viva mi ilusión, pero después de meditarlo bien, supe que debía olvidarlo. ¡Ojo! Esto no surgió de un día para el otro, fui analizando todo después de lo que pasó antes de los Panamericanos, en donde se decía que cada uno se clasificaba por marcas y no como Federación así lo hizo, que fue a dedo, por decreto. Así fue como largué la piedra que me tenía atado a ese lindo sueño, porque me di cuenta de que era una carga que no me dejaba progresar y encima sin apoyo económico.
—¿Puede que este retiro termine en una onda expansiva y que muchos también dejen la actividad?
—Ojalá que no. Todo lo contrario, me encantaría que haya más pesistas en la Argentina y no cada vez menos. Hoy la Federación se encargó de eliminar a los mayores y por eso el futuro no se ve tan bueno. Siento como que dañaron varias generaciones de buenos talentos. Si nos ponemos a analizar cómo quedó la vara de la exigencia puesta por nosotros, nos damos cuenta que por ahora se está muy lejos para que otros lleguen. Es como que nadie nota el espacio vacío que hay en el medio entre el proyecto que se está formando y el que se retira. Una mala costumbre es llevar atletas que no hicieron méritos y vayan a torneos internacionales sin la presencia de las potencias del continente, entonces terminan compitiendo con otros de menor nivel y ni siquiera llegan a un título. Eso habla de un retroceso. Es una pena. El dato revelador es que los chicos que están representando al país hacen marcas que, en su momento, ni nos alcanzaba a nosotros para acceder a un provincial en Santa Fe. Una muestra más de la falta de preparación.
—¿De quién es la culpa, de la Federación, del Enard o del entrenador que se contrató?
—Hay muchísimas culpas. Están los atletas que se venden por una beca, y me hago cargo de lo que digo; de parte de los entrenadores, y podría nombrar a varios, que pactaron para poder conseguir un “nuevo sueldo”. Y ni hablar del que tomó la determinación de traer a un entrenador extranjero, que gastó más plata en un año que en lo que se utiliza para tres años de preparación y encima con menos resultados. Esto no es magia, es trabajo y acá se está haciendo todo mal. Quizás es culpa nuestra también por ser tan ingenuos. Los argentinos nos jactamos de ser vivos y después viene una persona de afuera y nos hace un desastre en la cara. Algo que tiene asidero es que, por primera vez, en la federación hubo una lista opositora conformadas por atletas en las elecciones y que perdió por solo un voto, después de habérseles anulado ocho. Un poco raro. Esto deja a las claras que hay muchos en desacuerdo y que pretenden un cambio.
Confianza ciega
—¿Hiciste todo lo que te propusiste, a excepción de los Juegos Olímpicos, claro está?
—Puede que me hayan faltado algunas cosas. Personalmente siempre di todo, dejé mi sudor y tiempo lejos de mi familia por mi país. Pero después todos los logros que alcanzamos son muy meritorios, más que nada por las condiciones en las que estábamos, que no eran de las mejores. Así y todo le pusimos el alma, el corazón y el orgullo.
—¿Qué te deja el deporte?
—Todo lo que soy hoy, ya sea como atleta, persona y padre de familia. La disciplina, la cultura y inserción a la sociedad son algunas de esas cosas importantes que me deja. Además de los conocimientos que puedo implementar en otros aspectos, entre ellos el laburo.
—¿Cómo te gustaría que te recuerden a partir de ahora?
—Mi idea es construir una imagen en la que pueda sumar mi granito de arena. Me gustaría alguna vez ser entrenador, dirigente o lo que el destino me depare. No solo quiero que me recuerden como deportista sino también como persona de bien.
—¿Te vas por la puerta grande o te echaron por la chica?
—Por la puerta grande, porque hay muchas gente que respeta y valora todo lo que hice. Eso para mí es muy importante. Saber que te respetan es el mejor ejemplo de todo lo bueno que hiciste como deportista.
Juan Diego Ferrante / Suplemento Ovación