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Martes 03 de Mayo de 2016

En zonas inundadas, escuela da clases por WhatsApp

En una localidad de Córdoba, las maestras sacan fotos de las tareas y las envían por celular a los chicos que no pueden ir. Un papá busca los deberes a caballo.

Entre campos inundados y caminos destruidos tras meses lluviosos, ir a clase es, cuando se puede, un enorme sacrificio para los chicos de 6 a 12 años de la escuela Juan Pedro Esnaola, en Ana Zumarán, pequeño pueblo situado 174 kilómetros al sudeste de Córdoba, cerca de Villa María.
En todo el sudeste provincial, a decenas de escuelas rurales y de pequeñas poblaciones con la mayoría de su alumnado viviendo en campos sólo les queda agudizar el ingenio y las nuevas tecnologías.
Muchos deben atravesar terrenos cubiertos de agua, salir de sus casas antes del amanecer para tratar de llegar a horario. Desde hace semanas, no hay vehículos que puedan pasar por esos caminos y la única forma, en algunos casos, es caminar más de una hora entre el frío y el agua.
Enzo tiene 11 años y junto a su hermano Matías salen del campo a las 6.20 para llegar a las 8 a esta escuela del departamento Unión. Salvo que llueva, no faltan nunca. Dicen que es “cerquita” y no se cansan “tanto” después de andar casi 10 kilómetros a pie, esquivando charcos y buscando lugares secos por donde pasar. Como ellos, varios hacen este esfuerzo todos los días, casi desde el comienzo de clases.
La escuela cuenta con 50 alumnos, pero hace semanas que casi la mitad no tiene modo de asistir. No pueden salir de los campos donde viven con sus padres. Es más, cuando llueve, los que pueden llegar hasta la escuela son apenas los 15 chicos que viven en el pueblo, contó Norma Ferrari, la directora.
Pero ni la lluvia ni las inundaciones son obstáculo para seguir adelante en la tarea educativa. “Con los que no pueden venir, usamos Facebook y WhatsApp para enviarles la tarea”, explicó Norma, con la idea de que no se atrasen con respecto a sus compañeros. “Tratamos de llegar de una forma u otra. Está muy complicada la situación y se hace muy difícil”, agregó.
En el segundo grado hay alumnos que hace dos semanas no pueden salir del campo. Para que no pierdan clases, la docente Melina Moyano les saca fotos a las hojas con las tareas y actividades, y se las envía por WhatsApp. Por la misma vía, recibe las fotos con las respuestas, y va corrigiendo.
Así, el aula se extiende más allá de sus paredes. Mientras unos chicos están en la escuela, sus compañeros siguen las indicaciones desde sus casas, y se van comunicando con los teléfonos en los campos donde hay buena señal.
A caballo
Donde no llegan los celulares, llegan los caballos. Hay un alumno que lleva 20 días sin poder asistir, pero una vez a la semana su padre atraviesa varios kilómetros cabalgando sobre tierra inundada para buscar las tareas que les preparan las docentes. A la semana vuelve con todo completo, y se lleva más deberes.
Mayra es una alumna de 9 años que vive en un campo de la zona. Su madre la lleva en moto una parte del camino y el resto lo hace caminando.
Los caminos están arruinados y sólo pasan algunos tractores, que son los que sacan la leche de los tambos. “Nos dijeron que los iban a arreglar. Pero qué le vamos a hacer, tenemos que venir igual”, dijo la pequeña, decidida a no a faltar.
En detalle
Aulas cerradas. Cerca del pueblo de Ana Zumarán está la escuela rural 9 de Julio, que tiene tres alumnos y una docente que viaja desde Ausonia para darles clases. Actualmente, se encuentra cerrada porque no hay forma de llegar debido a la cantidad de agua en la zona. Eso sucede desde hace semanas con varias escuelas rurales del sudeste cordobés.
En bote. La historia de Juliana Parrini es otra prueba del sacrificio que alumnos y docentes hacen cada día para cumplir con la misión educativa. Ella vive en Corral de Bustos y da clases en una escuela de Guatimozín, a donde no puede llegar por la ruta 12, totalmente cortada desde hace tres meses. Una laguna ocupa el lugar de la ruta. Para llegar en auto, debe hacer un recorrido de más de dos horas diarias de ida y otras tantas de vuelta. Para tratar de ir de todos modos, decidió hacer el trayecto en bote, por lo que cruza cada día la ahora ampliada laguna La Blanqueada.
Fuente: La Voz