Santa Fe
Martes 29 de Noviembre de 2016

"Para decir Ni Una Menos, hay que garantizar la educación sexual integral"

Graciela Morgade, decana de la Facultad de Filosofía de la UBA, habló de los desafíos y avances en la materia. Expresó su preocupación por el financiamiento de Nación

A 10 años de la sanción de la ley de educación sexual integral (ESI), su implementación en las escuelas aún es dispar y encuentra resistencia en sectores conservadores. Graciela Morgade, una de las expertas detrás de la normativa y actual decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, dialogó con Diario UNO sobre la recepción que esos contenidos han tenido en la escuela y la familia, las deudas pendientes, la preocupación sobre el futuro del Programa nacional de ESI y la importancia de entender que esos saberes hacen a la construcción de una cultura igualitaria.
La investigadora estuvo en Santa Fe para participar de un panel sobre el tema, junto a Sonia Alesso (secretaria general de Amsafé y CTERA) y Fernanda Pagura (Programa ESI de Santa Fe), en el marco de la Feria del Libro Nacional y Popular.
"Tanto la sanción de la ley, como el debate de los lineamientos y la creación del Programa Nacional de Educación Sexual Integral, fueron pasos extraordinarios para quienes trabajamos cuestiones de género y de educación. Además, se articularon con decisiones de política nacional y legislativa como las leyes de matrimonio igualitario y de identidad de género que contribuyeron mucho al debate público de las cuestiones de género", analizó.
—¿Cuáles son las principales dificultades que encontró la implementación del programa?
—En el sistema educativo la línea de base era la de muy poco trabajo anterior en cuestiones de género y sexualidades. Por lo que el Programa tuvo que trabajar produciendo materiales, capacitaciones y acciones de sensibilización política que fueron abriendo camino. Eso, en nuestro país, que tiene una gestión federal, va encontrando los topes que los gobiernos provinciales le van poniendo. Ahí hay una primera debilidad porque, en algunos lugares, es necesario más intervención política y más capacitación para que los gobiernos habiliten la ESI.
De todas maneras, Morgade reconoció que hubo cuestiones positivas en estos años. "El Programa le hizo decir a la ley cosas que, al principio, no estaban. En los lineamientos curriculares hay algunos planteos generales, poca mención de las diversidades sexogenéricas, se habla del aborto como un contenido para el ciclo superior del secundario. Pero creo que, a lo largo de los años, los debates sobre cuestiones de género, como el Ni Una Menos, fueron agregándole densidad a lo que el Programa tiene que hacer y decir. De alguna manera llegó a una gran ampliación del inicial.
—¿Qué expectativas tienen a futuro sobre la implementación del Programa nacional de ESI?
—En el momento actual, quienes nos dedicamos a estos temas estamos bastante preocupados por la continuidad política. Por un lado, por el financiamiento de los proyectos en el Ministerio de Educación de la Nación, y por el otro por el aval político que puede llegar a tener el Programa nacional en un contexto en el que sostenemos que para decir Ni Una Menos hay que garantizar la ESI. Hay una política educativa que está desmantelando los proyectos y entre otros puede llegar a caer el programa nacional de ESI.

Relaciones de poder
Morgade hizo hincapié en la importancia de que el Estado garantice la formación e información a la población. Y reconoció que el contexto actual marca un cambio respecto a las relaciones de poder patriarcales.
"El Ni Una Menos es un reclamo que tiene que ver, tal vez, con la etapa final de un sistema que promueve relaciones de género en las que hay alguien, por lo general las mujeres, que son consideradas objetos, posesiones; y otros, los varones, que consideran que son los dueños. Entonces el Ni Una Menos apunta a mostrar los feminicidios pero antes la ESI tiene que ir desmontando ese sistema patriarcal desde la educación", analizó la especialista.
—¿Qué se disputa en el poder cuando no se quiere implementar la ESI?
—Hay una resistencia de algunos grupos de la Iglesia Católica, en particular, a entender que la ley es nacional y determina un piso de formación para todas las niñas, los niños, jóvenes y cualquier persona que transite por el sistema educativo común en la Argentina. Entonces sus valores, creencias y moral no deberían sentirse atacados. Un sistema moral, si es eficaz, hace que las personas actúen de acuerdo a él. Pero hay temor de que, si se conocen otras formas de vida, se estimule a la iniciación sexual precoz, formas de familia que desde la perspectiva católica son inadmisibles. Básicamente el concepto de género está impugnado por la iglesia católica. Creo que priman las visiones prejuiciosas porque hay otras parroquias y militantes del catolicismo que tienen muy claro de qué se trata la ESI y que saben que hay toda una dimensión que tiene que ver con el cuidado y bienestar de las personas.
"Esto –agregó–, de alguna manera es perder el poder sobre las conciencias. Yo intento ser muy respetuosa de las creencias de las personas, pero al mismo tiempo hay que entender que la institución Iglesia es una institución particular y que el Estado es el general y cuando una ley se vota es para ser cumplida".
—¿Hay resistencia en las familias a que sea la escuela la que brinde ese tipo de conocimiento?
—No. Hay investigaciones que muestran que, en general, las familias están encantadas de que la escuela hable de estos temas porque a los adultos les da vergüenza, pudor o no conocen. La resistencia no es de la familia. La resistencia es de los gobernantes por miedo y por la presión que ejercen localmente otros poderes. La falta de aplicación de la ley es una decisión política y políticamente se decide.
En ese sentido, Morgade reconoció que hay "otra dimensión, que es la dificultad subjetiva de los maestros por no haber tenido capacitación, por tener sus propias representaciones. Esto es una política de largo aliento que necesita ser sostenida por mucho tiempo para incorporarse plenamente en la formación de docentes y crear mayores redes de trabajo intersectorial".

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