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Domingo 14 de Agosto de 2016

Para manejar las presiones hay que saber priorizar

Cuando una persona se halla bajo estrés, no sabe manejar la presión y termina presionando a los demás. Esta escena suele verse a menudo en el ámbito laboral. ¿Es posible trabajar bajo presión? Lo es pero necesitamos seguir algunas pautas...
Saber priorizar. Tenemos que saber qué es importante y qué es accesorio. El dueño de una importante empresa de gaseosas, por ejemplo, no controla él mismo si cargaron bien los camiones de la empresa. Cuando uno sabe qué es importante y qué no, puede motivar a otros. Toda motivación es presión. Cuando el director técnico les dice a los jugadores: "¡Hoy vamos a ganar!", los está presionando. Pero es una presión positiva porque los está motivando. Es decir, que toda presión positiva es una motivación. No podemos hacer nada si no somos presionados o motivados. En todo trabajo te presionarán porque eso es sinónimo de motivación. Pero para que esa motivación no te destruya, debés tener en claro qué es importante y qué no lo es. Cuando uno no sabe priorizar qué es lo realmente importante en el día, se pone a hacer de todo y se termina estresando. Cuando uno sabe cuál es su prioridad, puede transmitir una presión que es motivación. Si la presión (o la motivación) es excesiva, la persona se enferma. Para mover a alguien, es preciso presionarlo pero sabiendo hasta dónde es posible hacerlo. ¿Qué te brinda esa información? La prioridad. Si vos tenés en claro tu prioridad, sabrás dónde presionar y dónde no presionar. Mucha gente se enferma porque es presionada por situaciones o hechos que realmente no valen la pena.
Un buen líder no presiona totalmente el primer día, sino que lo va haciendo de a poco. Cuando sabemos presionarnos a nosotros mismos y presionar a otros, es porque tenemos claras las prioridades. Entonces, esa presión se convierte en motivación. ¿Tenés en claro qué es importante y qué es secundario en tu vida? ¿De qué cosas debés encargarte vos mismo y qué cosas podés delegar?
Pensar. Muchas veces estamos bajo el activismo, entonces vamos y hacemos y no nos detenemos un momento a pensar. Los grandes líderes antes de trabajar, piensan; dedican mucho tiempo a pensar cómo llevarán a cabo la negociación, si les conviene el plan A, o el plan B, o el plan C. Pero la gente hiperactiva no piensa. Necesitamos sentarnos a meditar cómo mejorar la pareja, cómo ser un mejor padre, un mejor profesional, etcétera. Tomate un tiempo cada semana para pensar cómo te conviene encarar las cosas, qué te conviene hacer antes.
Le pregunté a un experto en la docencia cuál es la característica número uno de un buen maestro y me contestó lo siguiente: "Un buen maestro sabe qué hacer en clase, se sienta a planificar lo que va a enseñar, cómo va a dictar su materia". En cambio, un maestro que no le dedica el ciento por ciento a su trabajo les dice a sus alumnos: "Bueno, comencemos la materia y con los meses iremos viendo cómo seguimos; si alguien tiene un tema que le gustaría tratar lo puede proponer y entre todos lo compartimos". Un buen líder siempre piensa y se prepara antes de pasar a la acción.
Motivar. Hay gente que motiva porque aprende una técnica y la pone en práctica. Pero algo muy diferente es tener una personalidad motivadora. Para trabajar bajo presión, no solo es suficiente lo que uno ha estudiado o el conocimiento que puedas poseer, sino tu forma de ser. Y en estos casos, nada mejor que una personalidad que contagie a los demás. Podemos encontrarnos en un ambiente totalmente negativo con gente motivada, o en un ambiente equipado de primera con gente desmotivada.
¿Qué debería incluir la personalidad motivadora? Dos elementos:
1. Buen trato: ¿Alguna vez fuiste a comprar a un negocio y te trataron bien? Seguramente, sentiste deseos de volver. Cuando vos tratás bien a alguien, sabés trabajar bajo presión y podés motivar al otro. Tratar bien a quien nos puede dar algo lo hace cualquiera; pero tratar bien al que no tiene nada para ofrecernos es un gran mérito. Si querés trabajar bajo presión y mover gente para obtener grandes logros, tratá bien a todo el mundo.
2. Optimismo: Toda circunstancia tiene algo positivo y algo negativo. Por ejemplo, si vos vas a una fiesta, tal vez la comida sea buena pero la música esté demasiado fuerte. Una persona motivadora es consciente de lo negativo pero habla solo lo positivo. Un líder de excelencia corrige lo malo (no lo niega) pero menciona siempre lo bueno y transmite esperanza.
Podés convertirte en una persona con "piel de rinoceronte", capaz de soportar cualquier presión en el lugar que estés, pero necesitás cultivar a diario el hábito de priorizar, pensar y motivar.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme al correo electrónico: bernardoresponde@gmail.com.

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