Policiales
Viernes, 14 de septiembre de 2012Golpe al Macro: a una semana del robo, todas las pistas conducen a Córdoba
La policía santafesina y la cordobesa aúnan esfuerzos para finalizar el armado del rompecabezas. El plan se habría elucubrado en la provincia de las sierras, con un apoyo ineludible en la Cordial.
Orfebres del delito. A la gavilla le secuestraron en agosto una camioneta taller para poder robar cajas fuertes.
Hace sólo una semana, la coqueta Peatonal capitalina cobraba vida en una inusual mañana de domingo. Cual titiriteros de la vida real, una banda de ocho asaltantes encapuchados comenzaban a poner en escena su propio guión, urdido en algún rincón pincelado con acordes de cuarteto y aire serrano.
El show comenzó horas antes, en el atardecer de un sábado colmado de despreocupados caminantes que recorrían la bella San Martín y su comercial paralela, San Jerónimo, sin detectar que un grupo de no tan improvisados acróbatas trepaba escaleras domésticas y salteaba tapiales en una simetría para nada casual con una película de acción estadounidense.
A diferencia de la ficción de Hollywood, en la cual los ladrones logran su cometido a la perfección, esta versión argentina no resultó tal cual lo planeado. Los delincuentes tenían como meta la bóveda del tesoro del banco Macro de San Martín 2.459; pero debieron conformarse con el segundo premio: 67 cajas de seguridad (abrieron 10 más, pero no tenían dueño).
En el nudo de este relato, dos guardias resultaron rehenes durante toda la madrugada; al igual que dos fleteros que, a las 23.30, ingresaron para retirar cartones y papeles. Con un cartel que delata al menos una sonrisa, los actores de esta trama dejaron, en el polvillo que se depositó en el suelo tras la apertura de un boquete, un mensaje de película: “Nos vemos”.
El amanecer para los protagonistas de esta historia fue predecible. Llegó el reemplazo de custodia, sucedió el hallazgo de una escena de película y muchos santafesinos despertaron con la desagradable noticia de que podrían encontrarse entre las víctimas de un robo millonario.
El primer día se agolparon las horas de caos, llanto y desesperación. La incertidumbre ante la posibilidad de haberlo perdido todo desdibujaba los rostros de cientos de ahorristas que habían depositado sus bienes en un espacio que creían inviolable.
Tras medio día de espera, los vulnerados clientes cruzaban los dedos y cerraban sus ojos a la espera de que el juez, en la lectura de las cajas vaciadas, no mencionara las suyas. Sus caras eran una remembranza de las de aquellos adolescentes que hasta principios de los 90 oían por radio el sorteo que los designaba, o no, para hacer la colimba. La misma expresión podía a la vez anticipar la desgracia o estallar en un grito de alegría. Así fue como la tarde se mezcló con lágrimas de amargura y promesas de brindis con champán.
Lo que siguió fue protocolo. Por un lado, los días comenzaron a transcurrir y con ellos desfilaron los primeros ahorristas convocados por la sucursal bancaria para discutir una compensación económica. Otros prefirieron derivar las gestiones en manos de abogados y esperar una mejor indemnización que la del seguro contratado. Después del primer momento de fragor del día domingo, las víctimas eligieron el anonimato y esquivaron los medios de comunicación. Por recomendación de sus representantes legales, por temor o conveniencia: la respuesta fue silencio.
En jaque
Cada vez que ocurre un delito de esta magnitud, la lupa agiganta la mirada sobre el accionar policial y judicial. El tiempo les pisa los talones y los obliga a mover cielo y tierra para hallar a los culpables. En estas historia, burladores y burlados pueden intercambiar roles en cuestión de horas.
Luego de una semana de investigación, hoy todos los caminos conducen a Córdoba. Las pistas anudan los hilos de la trama y poco a poco el círculo comienza a cerrarse sobre una banda de al menos ocho ladrones que planificaron cada detalle de este robo envueltos en aires serranos.
La policía cordobesa unió sus esfuerzos con la fuerza santafesina al detectar que al menos una parte de esta gavilla es de la vecina provincia. El golpe tampoco habría sido posible sin la complicidad de un “entregador”, que aportara datos claves para que el grupo pudiera acceder a la zona de cajas de seguridad por un boquete. En Córdoba ya circulan nombres con antecedentes en robos no muy alejados en el tiempo.
Poco a poco el derrotero de estos ladrones va emergiendo sobre el relieve de sierras y llanuras, mientras en ambos lados de la frontera interprovincial los investigadores preparan sus lápices para escribir el final feliz.
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