Política
Sábado 02 de Julio de 2016

"El retiro del Estado es, para Macri, el primer mandamiento"

La ensayista Beatriz Sarlo estuvo en Santa Fe para presentar su libro Zona Saer. En su paso por la ciudad habló del importante legado del escritor santafesino y de la actualidad de las distintas fuerzas políticas nacionales

Criticó que Mauricio Macri privilegie la mirada del mercado sobre la social, y que la CC ARI y la UCR hayan roto el Frente Amplio UNEN; aseguró que el kirchnerismo ya está terminado y deseó que los medios de comunicación puedan sincerar sus lineamientos políticos frente a los lectores. Beatriz Sarlo no dejó pasar la oportunidad de analizar el contexto político argentino mientras estuvo en Santa Fe para presentar su libro Zona Saer y participar del lanzamiento de Año Saer, un programa que busca reconocer al que la ensayista marcó como "el mejor escritor argentino de la segunda mitad del siglo XX".
"La Argentina que se le presenta a Macri es, sin dudas, difícil pero mucho más fácil de la que recibió Alfonsín de la dictadura militar con una deuda externa de 140.000 millones de dólares; más fácil, incluso, que la que recibió Menem con la hiperinflación; y más fácil que la que recibió Duhalde, y luego Néstor Kirchner, con la crisis de 2001", evaluó y agregó: "O sea, no se pueden atribuir las dificultades o los límites del actual Gobierno simplemente a lo que se llama «la pesada herencia» porque desde 1984 hasta ahora, por suerte no hemos tenido golpes militares, pero los gobiernos civiles le han transmitido a sus sucesores Argentinas muy complicadas. La prueba es que la cuestión de los holdouts era simplemente la terquedad de Cristina Kirchner la que impedía arreglar porque se podía arreglar con, relativamente, poca plata".
—Iniciando el segundo semestre ¿cómo evalúa los primeros meses de gestión de Mauricio Macri?
—Creo que hay una Argentina que cambia en los 90, que es la Argentina de los pobres y ningún gobierno que aspire a reconstruir este país puede dejar de tenerla en primer lugar. Yo recuerdo perfectamente alguna noche del 93 o 94 que hacía notas de vida cotidiana, andaba por el centro sur de Buenos Aires, me doy vuelta y veo entrar por decenas los carros de los cartoneros y ya lo había visto en Rosario. Entonces esa Argentina que nace en los 90 con la destrucción de la pequeña y mediana industria es nuestro verdadero problema. Eso se tiene que poner en primer lugar, en vez de sacarle las retenciones a la minería y al agro, que fue lo primero que hizo Macri. Hay que ver cuáles son las políticas para ver si es posible reparar ese 25 o 30 por ciento de gente que está fuera de todo. Y, más grave aún, son familias en las que abuelos, padres e hijos no han conocido otra cosa. Esa es la Argentina que más padece la violencia.
Y acotó: "Entonces si el Gobierno no pone el foco allí no lo está poniendo en nuestro problema. Si vamos a esperar que ganen los de arriba y después vaya cayendo el goteo hacia abajo, estamos todos muertos. De ahí que mi posición frente al Gobierno es muy escéptica y crítica".
—¿De qué habla, a nivel social, que haya ganado una fuerza política que prometía a la ciudadanía, fundamentalmente, alegría?
—Son cosas de los asesores de discurso. Durán Barba o quien fuere han inventado esto de la alegría en un país donde todavía hay muchas capas medias que pueden escuchar ese discurso de la alegría. Y también para los sectores que están más sepultados, ese discurso les puede resultar una promesa. No se van a sentar a la noche con tres libros de economía política para ver si ese discurso es o no verdadero. Son discursos de campaña. Así como Cristina Kirchner habla de proyecto y sabemos que no era un gran proyecto de país. Y hubo mucha gente, intelectuales incluidos, que tomaron la idea del proyecto. Macri no habla de proyecto sino de la alegría, dice que nos quiere prometer la felicidad. Hay un largo debate que lleva dos siglos sobre la felicidad como concepto, que aparece en la declaración de la independencia norteamericana, la introduce Thomas Jefferson, y está en los Iluministas franceses pero nada de eso está en la palabra felicidad de Macri. Porque si hubo un debate sobre la felicidad era cuánto debía participar el Estado para garantizar que todos los individuos estuvieran en igualdad de condiciones para tener la posibilidad de realizar sus vidas en felicidad. Entonces con el retiro del Estado, que para Macri es el primer mandamiento; con la idea de una felicidad en la que el Estado tiene poco para hacer, simplemente liberar esas fuerzas que solas crearían la felicidad, estamos frente a un discurso que es imaginario.
—¿Y qué pasa hoy con el kirchnerismo? ¿Cómo impactan las investigaciones sobre Lázaro Báez y López?
—Cristina terminó el día que se fue de la Casa de Gobierno. El peronismo es implacable con aquellos que se van y han perdido, sobre todo si han hecho mucho por perder la elección. Cristina al poner a Aníbal Fernández de candidato en la provincia de Buenos Aires hizo todo lo posible para que esa elección se perdiera. ¿Por qué? Lo ignoro, no tengo hipótesis. Pero para mí el kirchnerismo estaba finalizado ahí. Y, como se ve hoy, aquellos que fueron kirchneristas están abandonando La Cámpora. O sea, que mi hipótesis no es que esto pasa solo por la corrupción, sino que viene desde antes. Ya estaba terminado.
—En este nuevo escenario político, ¿un socialismo como el de Santa Fe se puede perfilar como una opción de la centro izquierda?
—Fue nuestra gran oportunidad hasta que (Lilita) Carrió le puso dinamita a ese espacio. El Frente Amplio UNEN fue una gran oportunidad, no sé si para ganar una elección pero sí para que todo un sector de la sociedad argentina tuviera una alternativa u hoy pudiera mirar a una alternativa nacional. Pero, Carrió lo dinamitó y luego Ernesto Sanz fue a Gualeguaychú y encolumnó al partido radical para que sucumbiera en Cambiemos y esa alternativa se perdió. Santa Fe seguirá siendo una provincia respetable pero no alcanza para más que una provincia. Lo que se perdió fue la oportunidad de un gran espacio nacional.
—¿Qué cree que va a pasar con el radicalismo en esa alianza con el PRO?
—Yo creo que el radicalismo está desarticulado y se va a alinear allá donde haya condiciones para ganar elecciones con Cambiemos. Va a ser muy difícil para los radicales no escuchar el canto de sirena de ganar elecciones con Cambiemos. Pero el sistema bipartidista argentino se desarticuló cuando se desarticuló el radicalismo.

El cambio en los medios

Sarlo también analizó el nuevo escenario que se plantea para los medios de comunicación, después de una década en la que tuvieron un rol muy politizado y mientras en todo el mundo se está llevando adelante un cambio tecnológico muy importante.
—¿Cuál es el lugar en el que quedan los medios de comunicación después de una década kirchnerista donde ocuparon roles políticos importantes, incluso configurándose como oposición en algunos casos?
—Creo que ciertos medios han sido actores políticos antes de la década kirchnerista. O sea, no es que fueron actores de oposición, como el Grupo Clarín, que empezó a actuar en política desde el periodismo con el kirchnerismo y ahí descubrió una veta del periodismo. Rogelio Frigerio, desarrollista, tuvo mucho poder en Clarín durante décadas. O sea que no es una novedad la actuación de los medios en la esfera política.
En ese sentido, señaló que su deseo sería "un periodismo a la americana, que hiciera explícita su acción política. El New York Times o el Washington Post, frente a elecciones, plantean explícitamente que no apoyan al candidato Donald Trump. Entonces el lector, a partir de ese momento, sabe que todo lo que lea está enmarcado en eso. Hay periodistas, como Horacio Verbitsky, que dicen por quién va a votar. Para mí esa es una forma porque así el lector sabe que si hay una pérdida de objetividad tiene que ver con la explícita asunción de una posición política".
Por último se refirió a la pérdida de responsabilidad del periodismo a la hora de transmitir la información pero reconoció que la falta de recursos es una limitante muy importante. "La famosa máxima de ciertos diarios del mundo que es que la noticia se chequea con tres o cuatro fuentes es, primero, muy cara de cumplir. Cualquier editor general de un medio me diría de dónde saco la plata para tener dos redactores trabajando y uno chequeando. Pero hacia eso deberíamos encaminarnos", dijo.
Y cerró: "Sé que es un momento muy difícil de los medios también porque la noticia la sigue pagando solo el papel pero los lectores se trasladan a la web. Entonces el periodismo está en una transmigración donde la producción de la noticia la sigue pagando la venta de ejemplares y los lectores están todos los meses transmigrando a la web. Va a haber un momento en la que la venta de ejemplares no va a justificar que los anunciantes vayan al papel y entonces la web va a pagar la producción de la noticia".

"Saer exige al lector tanto como le va a dar"

Beatriz Sarlo estuvo en Santa Fe para presentar su libro Zona Saer (Universidad Diego Portales de Chile) en el marco del lanzamiento de Año Saer, la iniciativa del Ministerio de Innovación y Cultura para estudiar, difundir y celebrar la figura y la obra de uno de los máximos escritores argentinos.
La escritora confesó que el proyecto del libro lo venía pensando hace tiempo incluso sin saberlo, así que cuando le propusieron realizar una nueva obra sobre el santafesino no dudó en encarar la tarea de escribir de nuevo sobre "el mejor escritor de la segunda mitad del siglo XX".
"Uno nunca decide, siempre hay una decisión que cae. El poeta y ensayista Fabián Casas estaba preparando una serie de libros y nos reunimos en el bar La Paz, donde siempre iba Saer. Ahí me dijo que quería que escriba un libro sobre Saer como el que había hecho sobre Borges, es decir, uno que pueda ir a un lector general, no uno académico. Y yo, inmediatamente, me di cuenta de que era lo que quería hacer hace tiempo", recordó Sarlo.
—¿Cómo es el público de Saer?
—Difícilmente sea un público general. Mi convicción es que Saer es un escritor que le exige al lector tanto como aquello que le va a dar y tiene todo el derecho a hacerlo. Pero para recibir todo eso que la literatura de Saer entrega, es necesario que el lector también trabaje. O sea, no puede ser un lector acostumbrado a cierta forma de literatura que existe en el mercado.
—¿Eso es lo que hizo que el reconocimiento a su obra sea tardío?
—En parte. Saer no tuvo nunca una estrategia de colocarse como un producto que pudiera llegar más lejos. Su primer libro fue publicado en una editorial de Santa Fe, Castellvi, que no tenía circulación nacional. El segundo libro, Responso, lo publica en la editorial que publicaba toda la movida joven, Jorge Álvarez, y sin embargo esa novela extraordinaria no encuentra el eco que otros libros muy inferiores tuvieron. Luego viene Cicatrices que es la gran explosión pero lo publica en Sudamericana que está volcada al boom de la literatura latinoamericana y a Cortázar. Por lo tanto, Saer no tuvo la estrategia de vender su literatura y, por otra parte, él era amigo de sus amigos, no del mundo literario. Creo que Saer vive en una gran soledad hasta los años 80 y, luego, hasta las ediciones de Alberto Díaz.
—¿Por qué pone a Juan José Saer como el mejor escritor de la segunda mitad del siglo XX?
—En principio esa es una opinión que está dada para discutir. Alguien podrá decir que no es Saer sino Puig o dar otros nombres. Pero creo que el canon, el orden de importancia de los autores, es algo que tiene que ser siempre una discusión y un conflicto estético. Yo lo planteo así desde mis fuertes convicciones estéticas personales. Y las tengo, en principio, por varias originalidades de Saer. Una es que es el narrador argentino funda su prosa sobre lo poético, eso tiene que ver con su relación con Juan L. Ortiz y con la relación que tiene con la poesía. Hoy sabemos que antes de escribir su prosa, él traducía poesía y además leía muchísima poesía. Eso le da una enorme originalidad a su prosa, le da una textura especial y tiene que ser leída con la lentitud de la poesía. Si uno se apura a leer sus textos, los deja. El otro rasgo es que Saer es de una sensibilidad extrema frente a lo concreto y a lo que puede ser percibido. Esa es una diferencia muy grande con Borges. El mundo de la naturaleza, de los hombres en la naturaleza, de lo concreto, de los movimientos, de las refracciones de la luz o como va cayendo el agua de la lluvia, ese es un mundo que el representa no describiéndolo sino narrándolo. Esa es una gran originalidad porque él narra las percepciones.
"Una vez que uno ha logrado entrar en el mundo de los personajes de Saer es muy atractivo. Uno de los grandes personajes de la literatura argentina es (Carlos) Tomatis, es inolvidable. En la novela en que se encuentre con Tomatis, el lector no puede permanecer insensible al atractivo de ese personaje que es irónico y melancólico", siguió y concluyó: "Podría seguir dando razones pero creo que esas tres bastan para fundar un gran escritor".