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Sábado 11 de Abril de 2015

Santa Fe: novedoso uso médico de células madre y de la sangre

Se extraen de la propia persona tratada para resolver sus problemas óseos, de artrosis, en los tendones o en los cartílagos. 

“El uso de células madre autólogas (extraídas de la propia persona) pueden ayudar a reparar los tejidos en las áreas que están lesionadas o dañadas. Su uso combinado con factores de crecimiento (plasma rico en plaquetas, que se produce luego de una simple extracción de un poco de sangre), se utiliza de manera creciente en el mundo desde hace pocos años”, explicó en diálogo con Diario UNO el doctor Ignacio Dallo, traumatólogo especialista en Traumatología del Deporte.
El profesional comenzó en 2005 a realizar estos abordajes durante su Residencia en un sanatorio de Rosario –fundamentalmente con plasma rico en plaquetas para fracturas que no lograban consolidarse o sanar–; y profundizó su formación en este campo en España en 2008 y en Estados Unidos en 2014, según relató.
La ciudad de Santa Fe no tiene nada que envidar a las grandes ciudades del primer mundo donde también se utilizan estas denominadas “terapias biológicas”, para la resolución simple de afecciones complejas. 
Y no solamente en traumatología: la doctora María Elena Sixto, santafesina también, utiliza el plasma rico en plaquetas para la solución de casos graves de alopecia (caída del cabello), en heridas de difícil cicatrización, y como terapia antiedad, ya que rejuvenece y revitaliza notablemente la piel. Finalmente, los odontólogos que hacen implantes dentales lo usan para regenerar el tejido óseo de la mandíbula previo a reponer una pieza dentaria. 
“Al plasma rico en plaquetas lo obtenemos siguiendo los estándares de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología. Lo hace un hematólogo en la sala de hemoterapia. El paciente –luego de un examen clínico exhaustivo y exámenes de laboratorio especiales, entre otros procedimientos–, está listo para recibirlo en la sala de infiltraciones bajo guía ecográfica, ya sea en lesiones tendinosas, musculares o artrosis. Y en quirófano para bioaumentar la cirugía de ligamentos cruzados, menisco o cartílago”, explicó Dallo. 
En esos casos, se puede combinar el plasma con células madre, mejorando sensiblemente los resultados. Cabe recordar que la ciencia trabaja principalmente con dos tipos de células madre: las adultas y las embrionarias. Las primeras se obtienen a partir de tejido vivo humano y, las segundas, a partir de embriones humanos que fueron fertilizados in vitro, aunque su uso con fines médicos está prohibido en la mayoría de los países del mundo, incluyendo a la Argentina.
“Las células madre adultas son más específicas del tejido y más útiles para los traumatólogos y cirujanos ortopédicos que están tratando de reparar el hueso, músculo y cartílago”, profundizó el doctor Dallo. 
Y precisó: “La fuente más común de células adultas es la médula ósea, que contiene dos tipos: las que forman la sangre o hematopoyéticas; y las células madre mesenquimales que, en el entorno adecuado, pueden diferenciarse en otras que forman parte del sistema músculo-esquelético, ayudar a formar hueso trabecular o esponjoso, tendón, cartílago articular, ligamentos y parte de la médula ósea”.
—¿Cómo se obtienen las células madre adultas?
—Comúnmente, a partir de la parte exterior de la pelvis, la cresta ilíaca. Se inserta una aguja en el hueso ilíaco y la médula ósea se retira o se aspira a través de la aguja. Cuando las células madre se colocan en un tejido, tal como el hueso, se activan. A medida que se dividen, crean nuevas células madre; la segunda generación son las células progenitoras. Estas células progenitoras pueden diferenciarse en células nuevas con el mismo fenotipo que el tejido huésped.
—¿En qué casos se realizan estos abordajes? 
—Procedimientos con células madre se están desarrollando para tratar fracturas óseas y pseudoartrosis, regenerar el cartílago articular en las articulaciones artríticas y sanar los ligamentos o tendones.
Testimonio
Sebastián tiene 33 años, una hija de dos años y espera, junto a su pareja, a otra bebé. Es operario en una firma internacional y su tarea requiere muy buenas condiciones físicas: levantar hasta 25 kilos de peso, estar de pie muchas horas, subir y bajar escaleras. “Uno debe estar íntegro para no poner en riesgo la propia vida o la del compañero”, explicó.
Dos años atrás, comenzó a experimentar síntomas que fueron agravándose y le diagnosticaron una osteonecrosis (muerte del tejido, en este caso óseo) de cadera, que lo inhabilitó no solo para hacer su trabajo sino para caminar.
“Primero eran dolores leves que desaparecían a los dos o tres días: notaba que no eran musculares, pero al no ser agudos les restaba importancia. Luego comenzaron a aparecer y desaparecer con más intensidad y frecuencia. Allí fue cuando experimenté las primeras limitaciones como subir a una moto o correr con normalidad. Hasta que un día el dolor no cesó, y se instaló para siempre”, recordó Sebastián.
Según explicó, se trataba de un dolor agudo, muy fuerte y con sensación de frío en la cabeza del fémur, “comparable a cuando ingerís algo que te hiela la frente, la nariz o los dientes. Así, pero en las caderas”, dijo.
Desde ese momento ya no pudo tener una vida normal ni ponerse de pie. La solución vino luego de consultar a cinco médicos, en un angustiante peregrinaje que duró un año, hasta cuando desde Rosario lo derivaron al consultorio de Ignacio Dallo.
“El paciente –explicó el traumatólogo local–llegó con dolor severo e importante limitación funcional, con diagnóstico de osteonecrosis bilateral de cadera. Un colega le dijo que la solución era colocarse una prótesis, aunque dada su corta edad quedaba condenado a que, a los 50 años, debiese reemplazarla; lo cual era muy desalentador. Este profesional lo derivó para que intentáramos algo mínimamente invasivo y usando terapias biológicas”. 
Y agregó Dallo: “Lo tratamos con células madre autólogas –que se extraen del propio paciente, mediante una pequeña punción en la médula ósea– y luego se enriquecen con plasma rico en plaquetas –que tiene proteínas y hormonas necesarias para estimular en el organismo una suerte de cascada regeneradora, propiciando una mejor acción de las células madre–. Y esa fue la alternativa que le ofrecimos a Sebastián, a la que accedió”. Esto no demandó mucho tiempo. “La intervención fue rápida. Duró unas horas y, al terminar, ya noté la diferencia: no sentía más dolor. Estuve internado un solo día y, tras un breve reposo en casa, llegó el momento de la rehabilitación”, aseguró el joven.
“La rehabilitación fue muy intensa, rápida, con kinesiología y gimnasia en el agua todos los días. Inmediatamente mejoró en su dolor, en la rigidez de las caderas; comenzó a moverse con mayor flexibilidad, sin molestias, y hoy ya hace una vida normal: anda en bicicleta, trota, pudo reinsertarse laboralmente y se lo ve francamente más feliz”, sintetizó Dallo.
“Al sexto o séptimo mes, volví a la empresa –agregó por su parte Sebastián–. A medida que iban subiendo las exigencias, me sentía más fuerte y estable. Gracias a Dios, fui recuperando mi fe junto con mi salud; y se fueron los miedos sobre cómo haría para sostener a mi familia sin volver a trabajar, al ver los resultados. Pasé de estar derrotado moralmente a volver a soñar en concretar todos mis proyectos. Y no hubiera podido seguir trabajando con una prótesis”.
—¿Esta intervención es costosa? ¿La cubren las obras sociales?
—Es accesible, menos de un tercio de lo que le costaría a la obra social la colocación de una prótesis de cadera y todo lo que esto implica. Además, una persona tan joven con una prótesis iba a tener muchísimas limitaciones y, sumado a ello, debe reemplazarse a los 15 años, aproximadamente. Es decir que claramente la obra social iba a tener que erogar mucho dinero más para una solución tan radical y limitante en un joven trabajador. Eso lo entendió rápidamente el auditor de la prepaga y le reintegraron el dinero. Esto no significa que en algunos casos la prótesis no esté indicada. 
 Contra la caída del cabello
Por su parte, la doctora María Elena Sixto, explicó en diálogo con Diario UNO que, en la sangre, “existen varias formas celulares, entre las que se destacan las plaquetas, que no solamente se encargan de los procesos de coagulación sino también de los de regeneración celular; y todo gracias a que estas liberan un gran número de proteínas que se denominan «factores de crecimiento»”.
Según la profesional, el plasma rico en factores de crecimiento “empezó siendo una de las herramientas regenerativas más novedosas en la medicina y cirugía estética alrededor de los años 80, empleándose en mesoterapia antienvejecimiento (inyecciones intradérmicas de pequeñas dosis en la región a tratar) o como efectivo reparador de marcas de acné y de estrías”.
“Asimismo –agregó Sixto– se aplica en patologías dentales, implantes o cirugía bucal, y en traumatología y medicina deportiva. En estos casos, el paciente obtiene mejor respuesta quirúrgica y menor tiempo en la cicatrización de la herida”.
—¿Qué ventajas tiene para casos de alopecia o caída del cabello?
—Su utilización en terapias de bioestimulación capilar es muy reciente. Gracias a un tratamiento previo de esas plaquetas, se consiguen aislar y utilizar los factores de crecimiento presentes en la sangre del propio paciente para potenciar, acelerar y estimular la regeneración de tejidos y la formación de cabellos nuevos. Su aplicación es muy sencilla: directamente en la zona a tratar mediante microinyecciones. Como se utiliza el propio plasma del paciente, no existe ningún tipo de alergia o efecto secundario. La sesión se realiza en 30 minutos aproximadamente y se aplica una vez al mes; los primeros resultados se ven a partir del segundo mes.
—¿Cómo actúa en el cuero cabelludo?
—Estimula la mitosis (división) celular, produce un aumento del número de pelo anágeno (en fase de crecimiento) y mejora notable del pelo distrófico de (defectuoso) en alopecias androgenéticas. La alopecia androgenética, también denominada calvicie común en los varones y pérdida hereditaria en las mujeres, es un rasgo común desde el punto de vista genético, producido por los andrógenos en varones, y en mujeres sensibles a ellos. Constituye la causa más común de pérdida de cabello.
Y enfatizó Sixto: “Hay también una notable acción antienvejecimiento en las células capilares que se traduce en pelo más sano y fuerte; restablece condiciones óptimas en el cuero cabelludo perdidas por diversos motivos, favoreciendo el crecimiento de nuevo cabello, al mismo tiempo que mejora el desarrollo y calidad del existente. Se observó en algunos casos reactivación folicular en placas de alopecia areata (pérdida de pelo localizadas, como puede verse en las fotos)”.
—¿Son tratamientos costosos?
—Un tratamiento completo puede oscilar entre los 300 y 2.000 pesos. Depende de la severidad y el tipo de abordaje. El resultado es muy positivo a corto y a largo plazo, tanto en hombres como en mujeres.

Por Mariano Ruiz Clausen / Diario UNO 

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