Santa Fe
Sábado 16 de Septiembre de 2017

Cuando la familia de un preso también vive el encierro en una cárcel

La docente e investigadora de la Universidad Nacional del Litoral, Vanina Ferreccio, dialogó con UNO Santa Fe sobre su libro, "La larga sombra de la prisión", que explica cómo impacta la reclusión de una persona en su entorno familiar.

Su hijo fue detenido por agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) tras ser acusado por un homicidio en un barrio del norte de la ciudad. Tres días después y con una bolsa en la mano, que tiene en su interior algunos atados de cigarrillos y elementos de higiene, la mujer espera en el hall del subsuelo de tribunales para poder entregárselos. Entiende que una posibilidad es que su hijo termine en prisión. «Está complicado», le dice su abogado que porta un saco negro, zapatos de diseño italiano y lleva en su muñeca un reloj marca Rolex.

La señora que viste calza negra con vivos rojos, zapatillas deportivas color flúor y una campera blanca, ingresa a la sala de audiencia y luego de una hora y media de debate, entre el fiscal y la defensa, el juez que interviene en el proceso penal ordena la prisión preventiva y que el detenido sea trasladado hacia un establecimiento penitenciario. La mujer pone un paso afuera de la sala y algunas lágrimas se le caen por los pómulos. Es que el amor por un hijo nunca se acaba. Ese amor no discrimina ningún tipo de delito que pudiera haber cometido su crío. Inclusive si hay una condena de por medio.

Si vivir la experiencia del encierro en una cárcel para una persona culpable o inocente, no es para nada fácil -por lo que lleva afrontar los códigos de un pabellón-, mucho menos lo es para su entorno familiar, que en algunos casos se encuentra sin su núcleo consolidado.

Sobre esa situación, que en muchas localidades como la ciudad de Coronda se nota fuertemente cada sábado y domingo -con las visitas-, la docente e investigadora de la Universidad Nacional del Litoral, Vanina Ferreccio, escribió este año su libro, "La larga sombra de la prisión. Una etnografía de los efectos extendidos del encarcelamiento". El mismo es una investigación que le permitió lograr el doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad italiana de Padova.

Al respecto y en diálogo con UNO Santa Fe la autora que resalta la dura situación que significa tener a un hijo, hermano o padre en prisión sostiene que desde hace poco tiempo la sociología empezó a darse cuenta de que la cárcel en realidad tiene relaciones fluidas, permanentes y muy fuertes con las poblaciones aledañas y que tiene efectos que se derraman en toda la población.

"No podemos seguir pensando la cárcel como un espacio circunscripto por los muros, eso sería una visión reduccionista", sostuvo a este diario.

Con experiencia en el mundo penitenciario, Ferreccio se desempeñó en el área de extensión universitaria de la UNL en la cárcel de Coronda entre el 2005 y 2010. Durante ese tiempo coordinó el observatorio, también de la casa de estudios, sobre las condiciones de detención de los privados de la libertad alojados en los penales de la provincia. Ese conocimiento hizo que la autora termine de percibir que la detención de un hombre en conflicto con la ley no solo lo lleva a él mismo a estar preso, sino también a sus propios familiares.

"Empecé a ver la presencia de una cantidad de gente que no está presa pero que se encuentra todo el tiempo en los penales: los familiares", señaló.

"Están allí todo el tiempo preguntando: ¿Qué hacer? ¿Cómo mejorar las condiciones? ¿Cómo conseguir una libertad condicional? ¿Cómo conseguir un traslado de pabellón? ¿Cómo hacer que lo lleven al familiar al hospital? Fue ahí cuando comencé a sentir el interés por ver cómo los familiares viven esta experiencia del encierro", contó sobre la génesis del libro que llevó a entrevistar a 52 familias ligadas al ámbito carcelario de Las Flores (Unidad Nº2) y de Mujeres (Unidad Nº 4).

—¿Qué tipo de situaciones tiene que afrontar el familiar de un detenido en un penal?

—Son varias cuestiones y también depende del familiar. En general si son varones los detenidos, las mujeres tienen que afrontar una sobrecarga económica y también familiar. Es decir, deja de haber un ingreso por lo que esta mujer lo que hace es multiplicar las horas de trabajo afuera. No solamente porque tiene que seguir sosteniendo ella todo sola sino además para colaborar con su familiar preso. Porque las condiciones en las que el detenido vive son paupérrimas y para darle algo de dignidad a ese familiar, una parte del patrimonio tiene que estar destinado a colaborar de alguna manera con el detenido.

—¿Y cuando la detención es de la mujer?

—Son dos encierros distintos. Las cárceles masculinas son muchas y superpobladas, en cambio las femeninas son pocas en toda la provincia. Y eso determina que una gran cantidad de detenidas, no todas, tienen sus núcleos familiares muy distantes. Al suceder eso, el contacto con sus hijos ya no puede ser semanal y requiere de la familia mucho mayor involucramiento. En general enfrentan viajes que exige disponer de un recurso económico que en muchas oportunidades está ausente. Por ejemplo, tienen que tramitar un pasaje para que los hijos visiten, una vez al mes, a su madre. El problema principal es la distancia.

—¿Qué pasa con los hijos de las personas detenidas?

—Su situación es distinta claramente. Es una situación de mucha violencia. Aquel padre o madre deja de convivir con ellos y la familia se lo explica de una manera pero en las escuelas escuchan otras cosas respecto de donde se encuentra ese padre.

La requisa y sus dramas

Para la escritora la requisa que se le realiza a los familiares de los detenidos en los establecimientos penitenciarios resulta violenta. "Tratando de identificar el ingreso de objetos prohibidos se somete a los niños a la exposición corporal y luego, cuando estos niños ya son adolescentes, no quieren exponerse a esa situación por lo que se rompe el vínculo con su familiar detenido", destacó.

"Entonces se terminan cortando los vínculos con los padres o madres detenidas en el momento más álgido de nuestras vidas, en la adolescencia, porque ese niño no puede soportar que un agente penitenciario lo observe. Lo observe como sospechoso. Sinceramente es un mecanismo de violencia", explicó.

—¿Qué notó que le hace mayormente falta al familiar?

—Los familiares terminan volviéndose expertos en materia jurídica. Esto es, como lo explico en el libro, viven la experiencia carcelaria en primera persona. Lo que a mí me sorprendió es como estas mujeres hablan del "tiempo que les queda" o de que van a pedir "una asistida o una condicional". Lo dicen en primera persona.

"Hay allí una falta de asistencia jurídica. Porque el defensor público que estuvo presente durante el proceso penal, una vez que se dicta la condena se desentiende del detenido y cuando se cumple la ejecución penal se encuentra totalmente ausente. Entonces, el detenido solo cuenta con él mismo o con lo que puede aprender de otros presos y con su entorno familiar. Por tal razón, la demanda es permanente porque la familia está sola afuera averiguando, preguntando, golpeando distintas oficinas", agregó.

—¿Influye en el familiar el tipo de delito por el que fue juzgado?

—En 1986, Alvaro Pires, un criminólogo brasileño radicado en Canadá puso de manifiesto la indiferencia de los familiares canadienses respecto a la "etiqueta penal". Mi investigación, en un contexto muy distinto, como el santafesino, confirmó esa conclusión: a los familiares no les importa el tipo de condena. No cambian su trato según el tipo de delito por el cual fue declarado culpable, a diferencia del resto de la sociedad que trata de una manera u otra al detenido. Por un lado va el derecho y toda la estructura jurídica. Por otro lado van ellos (los familiares), que tratan de sostener, con afecto, el acompañamiento a esa persona detenida, independientemente de cuál sea la carátula.

Encontrarse con el Estado por primera vez

"Lo que yo encontré es que frente a estos familiares el Estado nunca se presentó de manera positiva. Nunca hubo un "Estado social" presente. Y digo social en el sentido de prevención de enfermedades, prevención de la violencia familiar o la deserción escolar", se refirió Ferreccio.

"Hay un Estado social ausente que se presenta en determinado momento. ¿Cómo?: a través de la detención por averiguación de antecedentes en primer lugar y luego la cárcel. Opera una suerte de determinismo por el cual, si vivís en determinados barrios necesariamente te van a detener de diez a quince veces por semana y es posible, también, que pases un período a la sombra (cárcel)", sentenció.

"Esto implica el avance del Estado en su función represiva y el tremendo retroceso en su función social", concluyó la autora