Santa Fe
Lunes 18 de Julio de 2016

La heladera social de San Antonio de Padua alimenta a 250 vecinos

Solidaridad. Las raciones son elaboradas y donadas por voluntarios para que familias de Chalet, San Lorenzo, Villa Centenario, Arenales y Varadero reciban un plato de comida. La iniciativa es todos los días, de 18 a 20

La cifra preocupa y al mismo tiempo duele, producto de la gran cantidad de familias que acuden a la sede de la parroquia que se ubica en cercanías a barrios populosos de la ciudad. "Hay una necesidad que está aflorando", sentenció el párroco Carlos Scatizza (más conocido como Cachi), responsable de la parroquia San Antonio de Padua, ubicada en J. J. Paso 3349.
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De lunes a lunes y gracias a la organización, esfuerzo y trabajo de toda la comunidad, la heladera social brinda asistencia a los vecinos que más lo necesitan: de 18 a 20 los voluntarios asisten a todos los que se acercan tanto para donar alimentos como para llevarlos a su mesa. En la espera se observan desde mujeres embarazadas, ancianos, a madres con un importante número de chicos que alimentar.
La idea nació hace más de tres meses cuando un grupo de matrimonios de la parroquia observaron la necesidad de asistir a la gente de calle que se observaba mendigando o buscando restos de comida en la basura en el barrio.
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"Apareció de nuevo en las calles del barrio gente pidiendo comida, aquellos que de los carros revuelven para comer algo", recordó el sacerdote Scatizza.
Si bien conocían la iniciativa de heladeras sociales de Tucumán, no sabían que se encontrara en Santa Fe ya que anterior a la apertura de la iniciativa propia, se había habilitado la que funciona en la parroquia Luján ubicada en Aristóbulo.
"Apareció una familia de Santo Tomé que no tenía relación con la parroquia y donó la heladera", contó el presbítero. Luego llegó la organización, un aspecto central para poder brindar a las personas que se acercan la contención necesaria. "La idea era poner dos horas de tu tiempo por mes para atender la heladera", recordó el cura.
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Labor desinteresada
El arranque de la iniciativa se dio en sintonía con un importante número de personas que se acercaron para trabajar desinteresadamente, de gente que desea ayudar, para poder recibir los alimentos que se donan y entregarlos. "Nosotros empezamos hace dos meses y tuvimos picos de casi 350 porciones por día", aseguró el responsable de la parroquia. En la actualidad la cifra bajó y se entregan unas 200 raciones. En conjunto se trabajó con Cáritas para que se visite a las familias para que estas puedan volver a cocinarse en su casa y recobrar la normalidad. "Hubo gente que ya no viene porque se los ayudó de otra manera, otros que se incorporaron porque se enteraron de la heladera".
Las personas que se acercan provienen de barrios cercanos a la iglesia como Chalet, San Lorenzo, Arenal, Villa del Centenario y Varadero. "Nos hubiera gustado tener el interés por parte algún organismo gubernamental", lamentó el sacerdote.
La falta de interés por parte de los funcionarios se evidencia en su total ausencia y falta de accionar. En ese sentido el cura recordó que uno de los pocos que apareció fue un concejal, pero este solo acercó la ordenanza que regula el funcionamiento de las heladeras sociales. "Ninguna solución, nada", agregó con tono de desilusión.
Más allá de las ordenanzas que rijan o traten de incidir en este tipo de iniciativas, hoy la heladera social funciona desde la solidaridad, del desinterés de los vecinos que aportan su granito de arena por medio de una ración de comida.
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"Es un movimiento que si se institucionaliza de algún modo se pierde, deja de tener lo espontáneo de que frente a una necesidad hay una respuesta creativa, original, que si bien no soluciona nada es un gesto paliativo", destacó el cura.
En estos días de frío muchos de los que se acercan a la parroquia están necesitando elementos que van desde abrigos, para los más chicos, hasta frazadas para los adultos mayores.
"Ropa o alimentos pueden hacerlo en otro momento en la escuela que puede ser recibida por los profesores para después dárselo a la gente que acude a la heladera", explicó el párroco quien agregó que aquellos que no tengan la posibilidad de cocinar pueden acercar alimentos no perecederos.
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"Hay algunos que tienen cocina y gas, a estos se les da el alimento para que se cocinen. Les damos un poco más para que traigan cocinado para otra persona", explicó. De esta manera se arma una cadena donde entre todos se van ayudando. Aquellos que se quieran sumar como voluntarios también podrán hacerlo acercándose a la parroquia ubicada en J. J. Paso 3349, ya que hay horarios y lugar.
Desde la organización aclararon que con la idea de sostener la situación en el tiempo, se plantea un esquema en el cual los voluntarios puedan colaborar una vez al mes. "La heladera sigue abierta sábado, domingos y feriados porque se entiende que esos días no hay comedores y la necesidad se hace un poco más aguda", sentenció Scatizza.