Santa Fe
Domingo 08 de Octubre de 2017

La íntima relación de las tareas del hogar con la economía nacional

"Biológicamente somos aptas para gestar, parir y amamantar; esa es la única diferencia con respecto a los varones, a partir de ahí todo puede ser compartido", dice Corina Rodríguez Enriquez, licenciada en Economía y docente de la UBA. Es el primer paso para introducir un concepto fundamental: la economía del cuidado.

La profesional disertó días atrás en la sede de Festram, junto a la periodista Victoria Rodríguez, en el marco de una charla denominada "Tareas del hogar: un trabajo sin sueldo pero con valor", organizada por Mujeres al Frente, del Frente Progresista, Cívico y Social.


"El concepto de Economía del Cuidado refiere a observar la dimensión económica del trabajo que definimos como «doméstico» y que no está remunerado. Son las tareas que se hacen al interior de los hogares y que se vinculan con reproducir, cotidianamente, la vida. Involucra las tareas domésticas, mantener habitable el lugar donde se vive, y también refiere a las tareas del cuidado de las personas", explica la licenciada en Economía.


Con mayor especificidad, se explaya: "Hablamos del cuidado directo, cuando hay personas que por su edad o su condición físico mental requiere cuidado; pero también la tarea de gestión de ese cuidado. A veces el cuidado se deriva, pero esa derivación hay que administrarla. Y no es solo el cuidado de personas dependientes, sino también muchas veces cuidamos a personas que tienen todas sus capacidades como para cuidarse, pero descansan en que parte de su cuidado esté atendido por otras personas".


Pasando en limpio y para establecer la relación entre esas tareas y la economía lo que el concepto permite advertir es que estas tareas, que están muy invisibilizadas, son fundamentales para el funcionamiento de los hogares y del sistema económico social. "Si no existiese este trabajo doméstico y el cuidado que se hace todos los días hacia dentro de los hogares, no se podría reproducir la vida cotidiana, no se podría reproducir la fuerza de trabajo, no habría personas disponibles cada mañana, higienizadas, descansadas, alimentadas, educadas y con todo el bagaje simbólico que hace falta para ser contratadas por el capital y reproducir el sistema", sintetiza Rodríguez Enriquez.

—¿Cómo se distribuye ese cuidado?

—La manera en que podemos ver esto es contar el tiempo que las personas destinan a estas tareas. Para eso nos valemos de las Encuestas de Uso del Tiempo. En la Argentina no tenemos esa encuesta, pero sí existe un módulo de trabajo no remunerado con el que se trabajó en 2013 en la Encuesta Permanente de Hogares. Ese módulo permitió ver cuánto tiempo dedicaban hombres y mujeres a un conjunto de estas actividades. El resultado fue contundente: las mujeres destinamos el doble de tiempo que los varones.

En cifras, en el promedio diario, las mujeres argentinas destinan más de seis horas al trabajo doméstico no remunerado; y los hombres, tres. "Cuando se cruza ese dato con otras variables, se entiende que a las mujeres les marca una diferencia la conformación familiar, si hay hijos o no; o si participan o no en el mercado laboral. Las mujeres que además son empleadas en el mercado laboral hacen equilibrio entre el trabajo remunerado y el no remunerado", remarca la docente de la UBA.

Ahora, ¿qué ocurre con los varones en el entrecruzamiento de esas mismas variables? "Lo que es muy notable es que, si bien las mujeres ajustamos el trabajo no remunerado en base al remunerado o al revés, en el caso de los hombres no hay diferencia. Así trabajen 15 o 40 horas por semana en el mercado laboral, destinan siempre tres horas diarias al trabajo no remunerado. Eso habla de ciertos patrones culturales de distribución de las tareas todavía muy arraigados", acota.


Y allí se suma otra pata de esa distribución de tareas y cómo es entendida hacia dentro y fuera del hogar. Corina Rodríguez lo describe con sencillez: "Habitualmente, al participar el hombre en estas actividades –una participación creciente, porque es muy distinta a la que se daba en generaciones anteriores– siempre expresa que está «ayudando» a la mujer. Incluso desde la propia mujer cuando afirma que su marido la «ayuda»".

"Y el otro punto a leer es que el hombre se ha sumado a algunas de las actividades, están más dispuestos para atender a los hijos o la cocina, pero no a las tareas más duras de la limpieza, como limpiar el baño. Y también son bastante reticentes a cuidar a personas mayores o enfermas. Es una actividad aún muy concentrada en las mujeres", señala.


Cómo puede contribuir el Estado

"Las cosas han cambiado, pero los cambios se pueden acelerar con políticas públicas", indica la licenciada en Economía y apunta a tres dimensiones esenciales.

"La primera es regular las cuestiones vinculadas al cuidado en el marco de las relaciones de trabajo (licencias, establecimientos de cuidado dentro de espacios productivos –por ejemplo, sala para tener los chicos–), aunque habría que pensar también cómo extender estos derechos a los trabajadores en condiciones informales de empleo", esboza.

La segunda dimensión a la que refiere –y que entiende como "clave en sociedades tan desiguales como la argentina"–, son los servicios públicos de cuidado. "Es imprescindible que el Estado promueva servicios de cuidado para la primera infancia, para las personas mayores o con discapacidad, y que ese cuidado sea accesible a todas las personas", manifiesta.

El tercer campo a trabajar desde las políticas públicas se relaciona con la transformación cultural. Y allí se impulsa quizás el más profundo de los cambios necesarios. "Podemos tener licencias paternales más largas pero si aún se sigue considerando el cuidado como tarea de las mujeres, los hombres se resistirán a tomar las licencias. Lo mismo ocurrirá si el que se la toma recibe la burla de sus compañeros, o si el jefe le hace planteos por pedirla", explica Corina Rodríguez.

Por ese motivo es que aclara que "esas intervenciones tienen que ir acompañadas de cambios culturales, que son los más difíciles y lentos". "Eso se puede trabajar desde los contenidos de la educación, con otras nociones en torno al cuidado; hasta la regulación en las publicidades, que son herramientas muy potentes de reproducción de estereotipos y que también pueden ser recursos muy útiles para transformarlos", expresa.

En la situación microsocial, hacia adentro del hogar, también puede impulsarse un cambio: "Darnos cuenta es el primer paso. Debemos revisar en qué medida estamos reproduciendo estereotipos, en nuestras relaciones de pareja, o en cómo educamos a nuestros hijos e hijas. Hay que poner los temas en la agenda", afirma la especialista en la temática.


Por último, la disertante identifica una realidad en torno a la carga del cuidado y se vincula con el día a día de muchas mujeres. "Las encuestas marcan que ese mayor tiempo promedio que las mujeres destinamos al cuidado, en general lo sacamos del autocuidado", enfatiza.

La última conclusión se enlaza certeramente con la anterior: "Y cuando la mujer tiene tiempo para sí misma, lo vive con culpa; pensando en todo lo que debería estar haciendo. Esas cosas son las que nos entrampan. Hay que poder liberarnos de esa culpa socialmente impuesta de que somos las primeras responsables y que eso es natural. Biológicamente somos aptas para gestar, parir y amamantar; esa es la única diferencia con respecto a los varones, a partir de ahí todo puede ser compartido y eso es lo que hay que aplicar en nuestras experiencias de vida".


La presencia en Santa Fe

La llegada de Corina Rodríguez Enriquez a la capital provincial fue organizada por Mujeres al Frente, del Frente Progresista, Cívico y Social. La candidata a concejala Laura Mondino explicó el motivo: "La invitamos porque desde el espacio de Mujeres del Frente Progresista venimos trabajando hace tiempo en la elaboración de propuestas que tengan que ver con el rol del Estado local en las temáticas vinculadas a género. Esto nos parece muy importante, creemos que hay que poner en agenda pública y lo queremos trabajar en el Concejo Municipal".

Y se refirió también a la plataforma de propuestas elaboradas que pretende impulsar desde una banca del cuerpo deliberativo local: "Nuestros proyectos no abordan solo la problemática de la violencia de género, el lugar común y en el que todos estamos de acuerdo, sino que también aborda un sistema publico de políticas de cuidado, entendiendo las problemáticas de las mujeres desde una perspectiva mucho más amplia".