Santa Fe
Domingo 12 de Febrero de 2017

La mamá, las hermanas y la hija de Griselda Correa, en la calle

Susana Montes debe abandonar la precaria vivienda que comparte con sus hijas de ocho y 14 años y con su nieta de cuatro años. Hace ocho meses tuvo que dejar la casa en la que el Gusano Vera asesinó a Griselda porque no soportaba el dolor

El primer pedido que se escucha cuando ocurre un crimen es el de justicia. En algunos casos el reclamo se convierte en realidad y se consigue una condena acorde a la pena cometida. Pero ¿qué pasa después con las víctimas? ¿La responsabilidad del Estado termina en los tribunales? A fines del año pasado, un grupo de senadores nacionales presentó el proyecto de ley Brisa que impulsa la ONG La Casa del Encuentro para que el Estado brinde asistencia real a las hijas e hijos de víctimas de femicidio. En Santa Fe existen algunas ayudas económicas que brinda, solo en casos muy puntuales y por un tiempo determinado, la Municipalidad o la provincia.
El 20 de agosto de 2013, Cristian "Gusano" Vera asesinó a Griselda Correa en la puerta de la casa de su madre, Susana Montes. El año pasado el femicida fue condenado a cadena perpetua por el crimen y hoy está en el penal de Coronda, donde en enero se sacó fotos posando en una pileta inflable junto a otros internos. Mientras tanto, Susana tuvo que dejar su casa porque no soportaba estar en el lugar en el que Griselda murió y se instaló en una precaria casa junto a sus dos hijas pequeñas y a su nieta, hija de Griselda y el Gusano. Pero esta semana será desalojada porque la vivienda está en venta y ella no puede pagarla. "Yo solo quiero trabajar y encontrar otro lugar para vivir", dijo.
En la cocina de dos por tres metros, hay una mesa pequeña, un horno y una heladera en la que está colgado el cartel "Yo marcho por mi mamá" que Luz, la hija de Griselda, llevó a la plaza 25 de Mayo el Miércoles Negro. Las paredes no tienen revoque y la chapa está apenas apoyada sobre los ladrillos. En algunas partes hay trozos de lana de vidrio para frenar el calor en un verano donde la sensación térmica se mantuvo varios días arriba de los 40°C.
En la única pieza hay una cama de dos plazas y una cunita. Solo queda lugar para el ropero donde las cuatro mujeres guardan sus cosas. En un recoveco, que queda entre la cocina y el patio de 1,5 metros de fondo, hay otra cama de una plaza. "No es mucho pero acá soy feliz. Tengo a mi hermana y a mi hermano cerca. Se llueve adentro pero no tengo que ver todo el tiempo el lugar donde mataron a mi hija", contó la mujer que trabaja limpiando casas.
Hace ocho meses decidió dejar atrás el hogar en el que había visto crecer a sus hijos para dejar de convivir con el recuerdo de lo que Vera les hizo. "Estaba muy deprimida, no daba más", dijo y agregó que fue con ayuda de la Municipalidad que logró alquilar su nuevo hogar en barrio Pompeya.
A la vivienda se ingresa por un pasaje que se formó al costado de la vía. Pero ahora, el dueño decidió venderla y le dijo que tiene que comprarla o mudarse. "Pide 40.000 pesos y yo no tengo esa plata. A mí me gustaría comprarme un terrenito que está más cerca de la calle San Lorenzo que tiene los cimientos hechos y cuesta 30.000 pesos", reconoció pero dijo que le es imposible juntar esa cantidad de dinero ahora.
Como tiene a cargo a su nieta de cuatro años y sus hijas también son chicas –tienen ocho y 14 años– no puede salir a trabajar todo el día. Confía en que, cuando Luz comience el jardín, podrá tener más tiempo para trabajar.
En su otra casa quedó viviendo Sandro, otro hijo de Susana que tiene serios problemas de salud. "Como al lado vive su tía, él está acompañado y tiene quién lo lleve al hospital. Yo no puedo vender esa casa porque sino no tiene adonde vivir, y por su condición no lo puedo cuidar, ya tengo a las tres nenas a cargo", explicó.

Perder, también, el hogar
Griselda vivió una relación muy violenta con Vera. Él no solo la maltrataba física y psicológicamente sino que también la obligaba a prostituirse. Cuando ella decidió dejarlo, la nena de ambos tenía nueve meses y Griselda temía por la seguridad de ambas. Eso la empujó a realizar la denuncia.
Susana recordó que en la comisaría no las atendieron bien. A pesar de la resistencia de la policía, la joven de 27 años insistió y dio pruebas. Mostró los mensajes en los que la insultaba y le decía que le iba a quemar la cara o a dejarla en sillas de rueda y dio detalles de los autos en los que la perseguía.
"Pero el Estado la dejó sola. Nunca lo buscaron. Jamás lo fueron a detener. Podrían haber evitado lo que pasó pero no hicieron nada", resaltó Susana y agregó que está analizando la posibilidad de realizar un juicio al Estado.
Cuatro días después de que lo abandonó, Vera la encontró en el centro de Santa Fe, cerca de una comisaría. "No sé cómo supo que estaba ahí", dijo Susana, quien recordó que el Gusano tiene muchos contactos porque se lo vincula al tráfico de drogas y el proxenetismo.
La subió a su auto junto a Luz que tenía nueve meses y la llevó hasta la puerta de la casa de Susana, en el noroeste de la ciudad. La golpeó y la hizo bajar del auto pero se quedó con la beba.
Desesperada, Griselda entró para contarle a su mamá lo que pasó y pedirle ayuda. Pero no pudo decir nada más. Vera le dio dos tiros por la espalda y la dejó tirada en el piso. Cuando Susana se acercó a socorrerla, le disparó de nuevo, varias veces, y escapó con la nena. "A mi nieta, los padres de Vera me la tiraron en el velorio. Ni siquiera ellos se preocuparon por saber cómo estaba o si necesitaba algo", recordó Montes.
E insistió: "No podía seguir en ese lugar, ver todo roto, revivir cada momento. Me estaba matando".

Justicia e indignación
A fines de enero se conocieron unas fotos en las que algunos internos de la cárcel de Coronda posaban junto a una pileta inflable. Desde el Ministerio de Seguridad señalaron que no se trataba de ningún privilegio sino que era una de las medidas que se habían tomado para que los visitantes, en general mujeres e hijos de los internos, pudieran sobrellevar el calor.
La foto que más impactó era la de Quique Leiva (exjefe de la barrabrava de Colón) y el Gusano Vera. "Esto de la pileta me indignó tanto. Yo no tengo nada acá, ni un fuentón tengo. Pero no me sorprende. Él siempre publica fotos en Facebook y me escribe a mí y a mi hijo que la venganza va a ser mucho más dolorosa. Pero ¿qué más me va a hacer? Si ya me la mató a mi hija", dijo conteniendo las lágrimas.
De todas maneras, el entorno de Vera sigue intimidando a la familia y esa es también una de las razones por las que Susana no quiere volver a su otra casa, quiere proteger a su nieta.
Susana aseguró que la condena al asesino de su hija le dio consuelo. "Pero también me indigna que él haya mandado fotos posando. Me dijo que para él eran unas vacaciones", recordó. Pero esa bronca la impulsa a seguir comprometida para que no haya otros casos como el de su hija.
Junto a su nieta y sus hijas participa de todas las marchas contra la violencia de género. "Necesitamos que el Estado se encargue de que no haya ni una muerta más por el machismo pero también que se ocupe de las víctimas que quedan, como mi nieta", remarcó.