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Sábado 24 de Septiembre de 2016

Manos de barro: la vuelta a los frutos de la tierra

Por diversas razones, las huertas y las ferias resurgieron en los últimos tiempos para brindar una mejor calidad de vida al productor y al vecino. Aunque lo que más pesa es el bolsillo, también implica recuperar hábitos, cultura e identidad.

La Pachamama que alimentó a los pueblos originarios hoy se eleva con el mismo protagonismo para decenas de familias santafesinas. Asoma un cambio cultural en la alimentación, pero también urge reducir costos y pensar alternativas económicas para sobrellevar un escenario crítico.
Los hábitos y costumbres que curtieron la piel de dos o tres generaciones pasadas, ahora vuelven a embarrar las manos de jóvenes y adultos en las huertas urbanas y en las quintas más pequeñas que alumbra el campo.
"Hay una revalorización que se hace también desde la escuela. En ese ámbito hoy se enseña mucho más de dónde vienen los alimentos y la importancia de la producción local", opinó el ingeniero agrónomo Hugo Amherd, desde la sede del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) en Gálvez.
La difusión de la información generó que muchos vecinos aprendieran, por ejemplo, que en la zona de Monte Vera "además de plantar lechuga, acelga o remolacha, se puede producir ajo, cebolla, mandioca, batata y mucho más". "Ese es un punto de partida, pero es cierto que volver a la tierra también se relaciona un poco con la necesidad económica. Si el productor tiene la posibilidad de producir parte de su alimento, en vez de salir a comprarlo a un precio tres o cuatro veces más caro, alivia el presupuesto familiar", expresó Amherd, en diálogo con Diario UNO.
"El tercer motivo –señaló el ingeniero agrónomo– por el cual se inclinan muchos a las huertas es la vida sana. Hay una preferencia hoy por los alimentos más sanos".

Los inconvenientes

La Granja Agroecológica La Verdecita tiene su sede en Callejón Roca 1800, muy cerca del límite norte de la capital provincial. En su blog resume su razón de ser y permite avanzar en algunos conceptos básicos: "Nos convoca la urgencia de recuperar la alegría que hemos olvidado, en esta «patria de lo inaccesible» buscamos, soñamos, militamos por la plena vigencia de nuestros derechos. La soberanía alimentaria, el poder de decidir sobre nuestro propio cuerpo, la posibilidad de producir y consumir lo que deseamos, lo que creamos, lo que pensamos no nos resulta una utopía lejana; sino una práctica cotidiana".
Más allá de las convicciones, hay que reparar en las dificultades con las que se topa el productor de la región a la hora de aplicar las prácticas más recomendables. En diálogo con Diario UNO, una de las voces referentes de ese espacio, Chabela Zanutigh, explicó que "el problema es que muchas veces el productor vive en la inestabilidad, porque nadie es dueño de la tierra".
Chabela aclaró que la agroecología se basa en la diversidad y esto no siempre es posible: "Hay productores a los que les prohíben que tengan animales, por ejemplo. Una de las bases de la diversidad es tener gallinas, o cerdo o una vaca; y a la mayoría de los productores el contrato de alquiler les prohíbe hacerlo".
"Hace muchos años que estamos aprendiendo y en nuestra granja no se usan agroquímicos, pero con la asociación de productores y productoras vemos que, si bien hay prácticas permanentes del Inta para tener buenas prácticas, es muy difícil la agroecología", se lamentó.

La comercialización

Hace tan solo dos o tres décadas, ir a la feria era una costumbre al menos semanal para muchas familias. Los chicos siempre salían beneficiados, con una fruta que venía "de yapa" en la mano. Los bolsillos, también, por el ahorro económico. El feriante establecía un contacto frecuente con sus compradores que se dirigían al puesto con la confianza de encontrar aquello que buscaban.
Con el correr del tiempo, y de los consumidores, el reloj apuró las compras y la gran mayoría resumió sus adquisiciones en el supermercado. Sin embargo hoy, por distintas razones, se produce en forma progresiva un retorno a esos espacios del mercado que estuvieron relegados en los últimos años.
"El productor y la productora, porque esto es un trabajo familiar, probó la venta al público y eso abre la cabeza a otras posibilidades. Es una forma de pelear y defender lo que uno hace. Eso implica un mayor cuidado y esmero, porque se trata de un producto que va a llegar al público", consideró Amherd.
En el mano a mano con los compradores, Chabela resumió también los motivos por los cuales crecen y se multiplican las ferias: "Por lo que hablamos con la gente que va a la feria en el Mercado Progreso, y lo mismo cuando estuvimos en el Parque Federal –donde se están juntando firmas para la instalación de La Verdecita– surgieron dos cuestiones. Una es el precio, porque hoy con la pérdida del poder adquisitivo la gente busca ahorrar. Lo segundo es que saben que la verdura que se vende en la feria el productor la sacó la noche anterior. Es verdura fresca, recién cortada, que puede durar hasta ocho días en la casa".
Eso sí, no todo se vincula con el signo pesos ($), sino que se erigen nuevos valores. "Hay una mayor conciencia de qué es consumir más sano", dijo Chabela y acotó: "El espacio de feria ha generado un encuentro entre los productores de alimentos y el consumidor".
"Si vas a un supermercado comprás una lechuga que no sabés si viene de La Plata, de Mendoza, o de Jujuy. No se sabe de dónde salió ni quién ni cómo la produjo. Quien va a la feria se encuentra con un valor agregado, que es la relación humana entre quien lleva la verdura a la mesa y quien la produjo", concluyó.

Un cambio cultural

La Feria Campesina Desvío a la Raíz funciona en el pueblo rural santafesino Desvío Arijón. "Agricultura en familia, sin agrotóxicos, con mucho corazón", describe su foto de portada en la red social Facebook. En diálogo con Diario UNO, Jeremías Chauque, uno de sus referentes, habló de un sentido más profundo del retorno a la tierra.
"Hace 10 años que comenzamos esta posibilidad de sostener la vida en el campo. Cuando empezamos a entender que la noción de campo de nuestros abuelos, de cultura, de identidad, ya no estaba más; comprendimos que nuestro compromiso debía tomar otro vuelo. Nos involucramos en tratar de ofrecerles a nuestros hijos esa posibilidad de vivir en el campo. Fue un proceso largo de trabajo", explicó.
La problemática de las zonas rurales se relaciona muchas veces con la convivencia con campos que producen con grandes cantidades de agrotóxicos. "Plantearse una huerta orgánica o criar animales al lado de ese tipo de producción no es compatible", explicó.
Ese dilema fue el punto de partida de la iniciativa en Desvío. "Al entender esa incompatibilidad, comenzamos a tejer redes con nuestros vecinos, con antiguos campesinos que se sumaron a esta propuesta de recuperar juntos esa identidad campesina –señaló Jeremías y agregó–, a partir de ahí comenzó a rebrotar una agricultura donde lo que brota y rebrota es la cultura".
Un eje similar retomó Chabela, en la charla con el matutino, al enfatizar que "hay que tener una mayor conciencia en relación al alimento". "Hay toda una actitud en relación a lo que uno compra, dónde y por qué. No es solo ir a un supermercado y llenar un changuito, sino que se trata de la fina barrera entre la salud y la enfermedad lo que uno consume. Nosotros invitamos a que la gente venga a las quintas a ver cómo produce la familia. Además, creo que se está fuera de todo proyecto de sustentabilidad que se traigan verduras de Buenos Aires", insistió.
Un concepto de Jeremías encerró todos esos valores, que relacionan al productor y su fuente de sustento con el comprador que se inclina a un alimento distinto: "Las cosechas y nuestros alimentos están cargados de memoria, de cultura, de identidad"