La columna de Stmateas
Viernes 04 de Agosto de 2017

Rehacer, ¿es siempre el mejor camino?

Dejar todo y empezar de nuevo es un anhelo que muchas veces nos planteamos como solución mágica, que en la práctica no es tan sencilla de concretar. Un análisis sobre esa clave.

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Hay razones por las que a veces pensamos que sería bueno volver a nacer: corregir errores que cometimos, tomar otras decisiones, hacer cosas que no nos animamos a hacer. Sabemos que es imposible volver a nacer; claramente, no podemos pensar que es posible que nuestra madre nos vuelva a parir, entonces, ¿qué hacemos con esos errores que cometimos?, ¿qué hacemos con esas oportunidades que perdimos?, ¿qué hacemos con aquellas cosas que no logramos hacer? Nos tenemos que reinventar.

Hay épocas en la vida en las que estamos llenas de adrenalina. Te invito a pensar: ¿qué era aquello que te movía, que hacía que te levantaras contenta, que pudieras hacer cualquier cosa, que lucharas por tus metas? Tal vez ahora, como no estás haciendo eso, te sentís desganada, estás desesperanzada, y entonces decís: "Me gustaría volver a nacer, hacer todo de nuevo, tener otra vez las oportunidades que antes no aproveché".

Hace un tiempo, una mujer me contaba: "Alejandra, yo tengo que estar permanentemente enamorada de un hombre diferente, porque el enamoramiento a mí me da adrenalina. Cuando se pasa la etapa del enamoramiento y mi pareja quiere algo más serio, yo me aburro, y por eso lo dejo y me busco otro". Otra mujer que me decía: "Para mí la adrenalina son los hijos. Cuando eran chiquitos me hacían mover todo el tiempo. Estaba pendiente de cambiarles los pañales, de llevarlos a los controles pediátricos, a la escuela, a fútbol. Eso me mantenía activa. Cuando los chicos crecieron yo me vine abajo". Hay mujeres a las que la jubilación las deprimió. Cuando trabajaban madrugaban, se arreglaban, estaban mentalmente activas, pero cuando se jubilaron se les acabó la vida. A muchas mujeres les gana la desesperanza cuando fallece algún familiar. Mientras esa persona está con vida, esas mujeres se encargan de cuidarla. Están agotadas, pero la responsabilidad de cuidar, bañar, alimentar, llevar al médico, a su familiar, las mantiene activas. Cuando la persona muere, ellas se deprimen, porque sienten que sus vidas ya no tienen sentido y quieren largar, dejar todo. ¿Alguna vez quisiste dejar todo? Tengo una buena noticia para vos: ¡a veces "dejar" es muy bueno!

En primer lugar, necesitás saber que si bien hay cosas que son maravillosas, hay muchos aspectos de la cultura actual que nos destruyen la vida especialmente a las mujeres, y de las cuales nos tenemos que alejar. Uno de estos aspectos es el cortoplacismo, el hábito de actuar a corto plazo, el ansia de querer todo ya, de manera inmediata, sin posponer nada. La cultura del corto plazo nos invade diariamente. No podemos postergar, no podemos posponer, queremos el placer ya, ahora, a cualquier costo, y eso termina arruinando nuestro presente y también nuestro futuro. Comemos cualquier cosa que compramos en un kiosco aunque no sea saludable, aunque nos haga mal, aunque nos tape las arterias, porque sentimos que lo importante es saciar el hambre "ya". Hoy en día casi nadie prepara un plato con condimentos y lo decora, ahora comemos "de parados". Lo mismo pasa con las relaciones. Conocemos a una persona y si nos gusta, aunque apenas sepamos el nombre, tenemos sexo. "Es mi cuerpo, tengo derecho", decimos, sin entender que lo que está en juego es nuestra estima. Necesitamos aprender a salirnos de la cultura del corto plazo, porque reinventarse no es algo inmediato, sino que requiere procesos.

En segundo lugar, necesitamos dejar a las personas que cargamos en nuestro corazón, esa gente que está siempre ahí, en nuestro pensamiento. Apenas nos despertamos nos preguntamos cómo estarán y qué podríamos hacer por ellas. Así, cargamos con sus problemas, llevamos sus cargas en nuestros hombros. Cuando sobreprotegemos a una persona, la transformamos en alguien inservible. Hay quienes piensan que si le dan todo al otro, ese otro las va a tener en cuenta siempre, que si se los levanta, le buscan trabajo, le dan contactos de oro, esa persona va a estar eternamente agradecida, ¡pero no es así!

Existen también personas que prefieren resolverles los problemas a los demás antes que lidiar con sus propios problemas. Esta es la razón por la que siempre están metidas en los problemas del vecino. No quiere ver sus propios problemas, evitan luchar y trabajar en su propia vida, y por eso prefieren mirar los problemas de lo demás e intentar resolvérselos.

Ahora bien, ¿qué es "dejar"?, ¿acaso tenés que irte y abandonarlos? No; "dejar" implica no concentrarse más en esas personas, en la vida del otro. "Dejar" es ser libre, no tener a esa persona todo el tiempo en tu mente, de lo contrario, además de que vos cargás un peso extra, sufrís constantemente por el sufrimiento de esa persona, la transformás en alguien inservible. No me refiero a que no tengas que ser compasiva ni empática, hablo de cuando hacés siempre lo mismo con la misma persona, años y años cargando con ella, porque nunca tiene dinero, porque nunca tiene otro hombro para llorar, porque siempre mete la pata o siempre tiene conflictos; te arruinó la vida mil veces, pero vos le seguís dando oportunidades. ¡Dejá de retener a esa persona en tu mente!

Querida mujer, vos y yo podemos reinventarnos, y para eso debemos concentrarnos en nosotras mismas, en nuestras capacidades, y confiar como pudimos alguna vez, así también volveremos a ser capaces de llenarnos de energía y ganas otra vez. ¡Todavía tenemos muchos sueños por conquistar!