Santa Fe
Domingo 07 de Agosto de 2016

Un rezo más fuerte ante el fantasma del desempleo

La jornada para honrar al patrono del trabajo, San Cayetano, convocó ayer a cientos de santafesinos. "Descuidar el valor del empleo es debilitar las bases de una sociedad", dijo el arzobispo Arancedo.

Como cada 7 de agosto, cientos de fieles santafesinos se acercaron ayer a la parroquia San Cayetano para venerar al patrono del pan y el trabajo. La convocatoria mayor se produjo a las 16.30, momento en que partió la procesión que acompañó al santo por las calles centrales del barrio Guadalupe Oeste mientras por los parlantes se escuchaban los pasajes de la carta que el papa Francisco le envió al presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, donde entre otras cosas destacó que "una cosa es tener pan para comer en casa y otra es llevarlo a casa como fruto del trabajo"; y afirmó: "Cuando pedimos trabajo estamos pidiendo poder sentir dignidad".
Asimismo, en la misiva Francisco remarcó que "los índices de desocupación siguen siendo significativamente altos" y aseguró que "trabajo es esa T que junto con las otras dos T: Techo y Tierra están en el entramado básico de los derechos humanos".
Fue en ese contexto que al tomar la palabra, al iniciar su homilía, Arancedo señaló que la carta estaba dirigida a toda la comunidad y rescató que la misma era "serena, profunda, simple y con conocimiento de la realidad".
Del mismo modo y haciendo un llamado a la reflexión de la comunidad sobre la función del trabajo, Arancedo afirmó que el mismo "no es un castigo" sino una "necesidad" y que es por ello que "es común decir que la mayor pobreza del hombre es no tener trabajo o no poder trabajar".
Por otro lado, puntualizando en su rol, el arzobispo de la arquidiócesis local aseguró que "este tema que es central en la doctrina social de la Iglesia, es motivo de oración, docencia y denuncia".
"Es motivo de oración. Ella nos abre a una dimensión donde Dios, el hombre y el trabajo no son islas sino que hay una profunda relación de sentido. Dios creó al hombre y le encomendó una tarea en el mundo en la que el trabajo adquiere toda su grandeza", dijo y siguió: "Es también docencia. El trabajo y la cultura del trabajo hacen a la dignidad de la persona y al desarrollo de la comunidad. El trabajo no es un eslabón más en la cadena de producción, el trabajo justo es el que marca el nivel moral de crecimiento y equidad social. Descuidar esta dimensión es debilitar las bases de una sociedad y comprometer la libertad del hombre. Por ello, los planes de subsidios son necesarios para una coyuntura, pero no son expresión de una sociedad madura y justa".
Por último, José María Arancedo reflexionó: "Por momentos la voz de la Iglesia asume, en tono de denuncia, ante hechos de injusticia donde el valor del trabajo y la dignidad del trabajador no son tenidos suficientemente en cuenta".

Pedidos y agradecimientos
La celebración de ayer se centró en la valoración de la familia, a la luz del Año de la Misericordia y en torno a los mensajes de Juan Pablo II y el papa Francisco que respectivamente afirman que "la familia es la escuela de todo hombre" y "que toda familia cristiana debe ser un lugar privilegiado en el que se experimente la alegría del perdón".
En ese marco, durante toda la jornada fueron varias las familias que desfilaron por el templo de Padre Genesio 1644, como la de Mónica Cardozo –oriunda de San José del Rincón– que en diálogo con Diario UNO detalló que "en esta oportunidad, por coincidir con un domingo" pudo cumplir la promesa de ir caminando acompañada de su marido y sus tres hijos; lo mismo comentó Raúl Montagno, de barrio Santa Rosa, quien de la mano de su madre y su tía, escuchó toda la homilía central.
Párrafo aparte merecen las postales infaltables de fieles aferrados a sus estampitas, velas, rosarios y espigas que hicieron fila para ingresar al templo y tocar la imagen del santo –desde las 7 cuando se abrieron las puertas para celebrar la primera misa de la mañana–; y también los puestos de vendedores ambulantes, agua bendita y pan bendecido que se instalaron en los alrededores.
Cabe destacar también que a lo largo de la jornada hubo un puesto de Cáritas que recibió donaciones de alimentos no perecederos y ropa en buen estado, elementos que luego serán distribuidos en sectores de la diócesis que tienen prioridad en pedido de ayuda.