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Domingo 08 de Mayo de 2016

Como en todo el país, Santa Fe celebra el día de Nuestra Señora de Luján

Hoy se hará la procesión de la Virgen por Aristóbulo del Valle y unirá a Jardín Mayoraz y María Selva. Habrá misas todo el día en la iglesia de la avenida y Gorostiaga. 

Este domingo María Selva y Jardín Mayoraz estarán de festejo porque se celebra la fiesta patronal de Nuestra Señora de Luján. Durante todo el día habrá misas en la parroquia de Aristóbulo del Valle 6090 y, a las 16, se hará la procesión con el posterior oficio religioso. El templo abrirá las puertas muy temprano y la primera misa será a las 8.30, luego habrá otra las 10 y la última está prevista a las 20. Todas estarán a cargo del sacerdote de la iglesia, el padre Pablo Fuentes.
La procesión arrancará desde la parroquia ubicada en la esquina de Aristóbulo y Gorostiaga hacia el norte hasta Galicia y desde allí retoma por la avenida hasta el punto de partida. El lema de este año es “Virgen del Luján, madre de misericordia, acompáñanos en la misión”. De la peregrinación participaran los devotos de la santa patrona de los argentinos, pero también formarán parte de la comitiva los alumnos de las escuelas tanto de Villa María Selva como Jardín Mayoraz. Vale recordar que la celebración de la Virgen es el 8 de mayo, pero en Santa Fe la celebración se realiza el segundo domingo de este mes, este año coincidió con la fecha. 
Para esta celebración, la Municipalidad realizará un operativo de tránsito en la avenida Aristóbulo del Valle entre Gorostiaga y Galicia. Por este motivo, entre las 15 y las 18, dispondrá la modificación del recorrido habitual de las líneas del transporte público ese sector. Línea 4: de recorrido habitual por avenida Aristóbulo del Valle, Llerena, Rivadavia, Castelli a recorrido habitual; Línea 10: de recorrido habitual por avenida Aristóbulo del Valle, Llerena, Rivadavia, Espora, avenida Aristóbulo del Valle a recorrido habitual; y Línea 11: de recorrido habitual por avenida Aristóbulo del Valle, Llerena, Rivadavia, Espora a recorrido habitual.
Un repaso por la historia
Hacia el año 1630, un cierto portugués, de nombre Antonio Faría de Sá, hacendado de Sumampa,jurisdicción de Córdoba del Tucumán, pidió a un amigo suyo, Juan Andrea, marino, que le trajese del Brasil una imagen de la Concepción de María Santísima con el propósito de venerarla en la capilla que estaba fabricando en su estancia. Juan Andrea cumplió el encargo y le trajo no una, sino dos imágenes de Nuestra Señora, que llegaron al puerto de Buenos Aires. Una, según el pedido, era de la Purísima Concepción; la otra, del título de la Madre de Dios con el Niño Jesús dormido entre los brazos. Desde luego entendieron los arrieros tal disposición del cielo de que la imagen de la Virgen encerrada en tal cajón debía quedarse en aquel paraje y así siguieron con la otra a su destino.
Ambas imágenes fueron colocadas en dos cajoncillos y subidas a una carreta. Al llegar a las orillas del río Luján, en la estancia de Rosendo, los troperos se detuvieron allí para pasar la noche. Al día siguiente, una clara mañana de mayo, queriendo proseguir el camino no pudieron mover la carreta. Admirados de la novedad pasaron a individualizar la causa y declaró el conductor del convoy: “Aquí vienen dos cajones con dos bultos de la Virgen, que traigo recomendados para una capilla de Sumampa”. Cuando abrieron el cajón, hallaron una bella imagen de Nuestra Señora de la Concepción, de media vara de alto y con las manos juntas ante el pecho.
Luego de venerar la santa imagen la llevaron en procesión a la casa de Rosendo y sus dueños le levantaron un humilde altar. Fue entonces cuando un joven negro llamado Manuel dijo: “Sáquese de la carreta uno de los cajones y observemos si camina”. Así se hizo, pero en vano. “Truéquense los cajones”, replicó él mismo. Entonces ocurrió que al cambiar los cajones y al tirar los bueyes la carreta se movió sin dificultad.
La imagen
Un gran conocedor de la Virgen, Jorge María Salvaire, realiza una minuciosa descripción que data de 1885: “La imagen de Nuestra Señora de Luján es pequeña en altura: mide unos cuarenta centímetros de alto. Sus facciones son menudas, pero bien proporcionadas. El rostro es óvalo. El semblante modesto, grave y al mismo tiempo dulcemente risueño. La frente es espaciosa; los ojos grandes, claros y azules; la cejas negras y arqueadas; la nariz algo aguileña, la boca pequeña y recogida, los labios iguales y encarnados cual rosa, las mejillas sonrosadas. Mira un tanto hacia la derecha. El color del rostro aunque muy agraciado, es un tanto amorenado. Tiene sus delicadas manos, asimismo bien formadas, juntas y arrimadas al pecho. El ropaje se compone de un manto de color azul, sembrado de estrellas blancas; debajo aparece una túnica de color encarnado. Los pies descansan sobre unas nubes, desde las cuales emerge la media luna, que tradicionalmente se pone debajo de las plantas de la Virgen Inmaculada, y luego como jugueteando inocentemente entre aquellas nubes, descuellan cuatro graciosas cabecitas de querubines, con sus pequeñas alas desplegadas de color ígneo”.