santafe
Martes 21 de Abril de 2015

“Cuando se deciden, no hay nada que impida a las mujeres abortar”

Derechos. “Código Rosa. Relatos sobre abortos” es un libro que recupera la historia de 17 mujeres asistidas por ONG La Revuelta y que busca mostrar cómo los socorrismos enfrentan la violencia de la clandestinidad 

¿Qué clase de mujeres abortan? ¿Tienen hijos, pareja o trabajo? ¿Por qué toman esa decisión? ¿Qué impacto tiene la clandestinidad en su deseo de no continuar una gestación? “Código Rosa. Relatos sobre abortos” (Ediciones La Parte Maldita) es un libro que recupera, de manera ficcionada, la historia de 17 mujeres que fueron acompañadas por la colectiva feminista La Revuelta de Neuquén. Su autora, Dahiana Belfiori, repasa en diálogo con Diario UNO cómo se llega a ese momento y cuál es el rol de la socorrista.
La Revuelta es una organización que, desde 2010, brinda información sobre el uso del misoprostol como método seguro para la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 12 de gestación. Además, las Socorristas en Red brindan acompañamiento y contención a las mujeres que toman esa determinación.
En 2013, después de reunir una gran cantidad de relatos de mujeres socorridas, le propusieron a la rafaelina Belfiori –que pertenece a Enredadera Colectiva Feminista– que le diera forma a una idea innovadora y desafiante: un libro.
“Ellas me proponen escribir un libro de relatos ficcionalizados a partir de testimonios de mujeres que abortaron con misoprostol. Esa es la base de lo que es el libro Código Rosa”, contó la autora. Y agregó: “No existe literatura sobre el tema. Es una apuesta política para poner a circular otros discursos, en relación al aborto, vinculados al arte”.
—¿Qué tipos de relatos son?
—Son 17 relatos ficcionalizados de la experiencia de esas mujeres que, en un momento de su vida, decidieron abortar. Y lo hacen en condiciones que tienen que ver con los socorrismos, con los acompañamientos que venimos haciendo las socorristas. Algunos están relatados en primera persona, la personaje es la que habla, y otros están en tercera persona y es la narradora la que va dialogando con los personajes. La elección de las voces tuvo que ver con el tono que cada entrevista me sugería.
—¿Con qué criterio se realizó la selección? ¿Qué es lo que buscaron mostrar en el libro?
—El objetivo, en la selección de los relatos, fue mostrar la diversidad de mujeres que abortamos en la Argentina. Hay mujeres de todas las edades, de todas las clases sociales y creencias religiosas, con trabajo, sin trabajo, con hijos, sin hijos, casadas, solteras, etcétera. Lo que da cuenta el libro, más allá de la experiencia del aborto, es de las vidas de las mujeres que abortamos. Si bien las historias son de Neuquén se pueden trasladar a cualquier lugar porque las experiencias son similares a las que se ven y se viven en otros puntos del país”.
—¿Qué impacto tiene en la vida de esas mujeres la decisión de abortar?
—En estos relatos hay algo en común y es que el aborto no constituye un antes y un después en la vida de estas mujeres. No es vivido de manera traumática. Y esa es una marca de época vinculada estrechamente a los socorrismos aunque eso no significa que, en muchos casos, siga siendo vivido como un drama. Pero esos relatos hablan de que el aborto, en condiciones adecuadas, no es una experiencia traumática. En todo caso, el aborto ilegal y clandestino es lo que hace que sea vivido de manera traumática por las mujeres.
“El libro también muestra que no hay moral católica ni de otra religión que le impida a las mujeres abortar. Eso también queda claro. Cuando están decididas, no hay nada que le impida a las mujeres abortar”, resaltó.
Cambiar miradas
La autora indicó que cada uno de los relatos implicó un trabajo profundo desde lo personal y que la elaboración del libro requirió aportes de otras personas como Luis Acosta (diseño e ilustración), Gisela Martino (ilustración), Selva Almada (que escribió el prólogo) y Nayla Vacarezza (responsable del epílogo).
De todas maneras, hubo momentos determinantes donde comprendió la necesidad de que existan producciones de ese tipo para visibilizar la problemática del aborto clandestino.
A modo de ejemplo Belfiori relató que, mientras trabajaba en el libro, vivió una experiencia que le resultó significativa y que, espera, se repita en distintos ámbitos. “Cuando tenía todos los relatos voy a la casa de una compañera para que los escuche. Justo llegó un exalumno de ella que se quedó a escuchar”, recordó.
Y agregó: “Cuando terminé de leer, visiblemente emocionado, me dice: «Mirá yo no estaba a favor del aborto o, al menos, no lo tenía muy claro» y se da vuelta y le dice a mi compañera: «Dame alguno de esos papeles que tenés por ahí que quiero salir a pegarlos ya». Eso fue muy importante para mí porque ver que alguien que no es un activista, que no tenía pensado el tema pero tenía prejuicios y que es joven pueda tener un cambio, a partir de la lectura me mostró que hay un por qué claro para el libro”.

Compartir para combatir la violencia
“El libro es una producción colectiva”, reiteró Belfiori y siguió: “Yo soy la que escribo los relatos pero hay un montón de voces previas, sobre todo los testimonios de esas mujeres y la decisión política de Las Revueltas”.
—¿Hay algún relato en particular que haya sido movilizador?
—Hay uno. La mujer que abortó narra con una gran soltura y naturalidad todas las violencias de las que fue víctima. Porque no necesariamente es la clandestinidad del aborto la mayor de las violencias a la que fue sometida. Esa entrevista me shockeó tanto que, después de leerla, estuve muchos días sin escribir nada.
“Ella –continuó– había pasado por un orfanato, había sido llevada a ejercer la prostitución, fue echada de su casa cuando era joven, fue madre adolescente y luego sufrió violencia por parte de su pareja, violaciones. Todas esas violencias en el cuerpo de una sola mujer. Fue muy duro leerlo y pensar en cómo contarlo”.
—¿Qué te quedó de ese relato?
—El aborto en ese caso puntual fue una decisión respetada y acompañada por otras mujeres. Eso que el Estado no le pudo garantizar nunca a esa mujer, como el cuidado, el respeto y el creer en su palabra, lo hicieron las socorristas de Neuquén. Ella no fue ayudada por nadie, excepto por las socorristas. Por eso ella decide contar su historia y dice: «A mí me interesa que esto pueda ayudar a otras mujeres». Eso es algo que aparece en todas las entrevistas, las protagonistas quieren que su testimonio le sirva a otras.


Por Victoria Rodríguez / Diario UNO Santa Fe