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Sábado 25 de Abril de 2015

Dos santafesinos recorrieron Sudamérica en bici, en 19 meses

Aventura. Diego Gentinetta y Mariano Peralta visitaron ocho países. Hoy cerrarán la travesía de una     forma simbólica cuando, a las 10, atraviesen el Puente Colgante para luego reunirse con su familia y amigos.

Y un día volvieron, luego de 19 meses fuera de su hogar, Mariano Peralta y Diego Gentinetta, dos jóvenes santafesinos que decidieron dejar todo para ir detrás de un sueño que no se hizo esperar: recorrer Sudamérica en bicicleta.
La aventura que comenzó hace más de un año y medio tendrá hoy un cierre cargado de simbolismo, cuando cerca de las 10 los ciclistas atraviesen pedaleando el Puente Colgante para luego reunirse con todos sus familiares, amigos y compañeros en la plaza Rodolfo Walsh, punto de partida de la travesía. Luego celebrarán un almuerzo a la canasta en la sede de la vecinal de Guadalupe Oeste.
Su aventura demandó más de un año y medio de planificación,la cual se cumplió en el tiempo y forma que habían calculado. Hoy retornan a sus casas con la satisfacción de haber logrado lo planeado. Desde Santa Fe se lanzaron para recorrer en primer lugar el país, llegaron a las provincias de Córdoba, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy. Ya fuera del país, las dos ruedas comenzaron a transitar el suelo boliviano, Perú, Ecuador, Colombia,Venezuela, Brasil y Uruguay. 
En un ambiente distendido y marcado por la naturaleza, mate de por medio y música de fondo, los aventureros dialogaron con Diario UNO para relatar los aspectos que dejaron huellas a lo largo de su travesía.
Luego de varios meses fuera de su hogar, hoy disfrutan del recibimiento que amigos, familiares y compañeros les dieron. “Estuvimos lejos de casa, pero cerca de un montón de otras cosas, porque cuando la gente se da cuenta que vas en bici es diferente, la recepción que te dan es espectacular y la hospitalidad también. Les despierta mucho el costado bueno y la generosidad”, relató Mariano. Diego concordó con su compañero de viaje y agregó que donde paraban llamaban la atención. “La gente viene, charla y te pregunta, después uno le pregunta. Estábamos en contacto permanente con la gente”, agregó.
A pesar de la planificación que demandó el viaje, ya que explicaron que la ruta se había trazado de principio a fin y en esta se habían plasmado todos los lugares que los aventureros deseaban conocer, el recorrido original sufrió ciertas modificaciones. “La gente te recomienda, o por ejemplo lo que hablo con la gente que se quiere largar a viajar en bici, es que está todo en boga. Cuando hacés esto te sentís libre, pero de todas formas creo que la planificación es fundamental. Te podés sentir libre porque tenés un cierto resguardo”, aclaró Mariano.
Más allá de la planificación, aseguraron que el camino es el que manda, las circunstancias que se van dando a medida que se conectaban con otros viajeros también influía. Fue por esto que en varias oportunidades en lugares donde pensaban quedarse solo una noche, el período se extendía a dos semanas. Una de las políticas empleadas por los ciclistas era quedarse en el lugar en caso de que algún amigo se los pidiera.
“A veces nos quedábamos mucho en un lugar y después acortábamos la estadía en otro lado. Siempre fuimos bien de tiempo; a Bolivia lo cruzamos en un mes y ahí nos dimos cuenta de que estábamos aceleradísimos”, explicó Mariano y agregó que este era un país que se merecía más tiempo por múltiples razones, entre las que mencionó cuestiones vinculadas con el proceso político, del alto componente indígena. “Hay cosas que son extrañas e inéditas en todos los países de Occidente”, valoró el viajero. 

El hospedaje
La rutina de los dos santafesinos era sencilla, pedalear de día y descansar durante la noche. En promedio llegaban a andar entre 50 a 120 kilómetros diarios; la distancia oscilaba en caso de que el terreno se presentara adverso y dependiendo del objetivo a cubrir.
“A veces dormíamos al costado de la ruta en la carpa cuando no llegábamos a una población”, relatan. Sin embargo, esas ocasiones se dieron contadas veces ya que en la mayoría de las jornadas podían cumplimentar el recorrido marcado en la ruta de viaje.
Con el correr del tiempo fueron desarrollando una dinámica de “mangueo”, como la calificaron, y consistía en que cuando llegaban a un lugar se dirigían a una iglesia, municipalidad o club. Casi nunca les negaban un espacio y por esto terminaban durmiendo en un lugar resguardado, ya sea en la misma carpa que instalaban en las inmediaciones de alguna vivienda o en una habitación que los lugareños les cedían.
“Fue una dinámica que se fue dando, porque cuando salimos no teníamos ni idea de eso”, agregaron. En el transcurrir del viaje tuvieron la oportunidad de conocer a otros aventureros que, al igual que ellos, habían planeado disfrutar de las rutas arriba de su vehículo de dos ruedas. Entre los que recordaban mencionaron a un inglés de 63 años, un francés de 66 e incluso una familia inglesa que realizaba el camino de Los Andes con sus dos hijos pequeños y que habían estado anteriormente en la zona de México.
Más allá de lo que muchos puedan pensar, este viaje es muy seguro y aclararon que si bien se puede estar expuesto por la cantidad de horas que se pasan en la ruta, los autos y camiones respetan a los ciclistas. “Nosotros tomábamos recaudo en las grandes ciudades, no íbamos a ir a acampar a un parque. En la ruta no te va a afanar nadie, de noche no viajábamos. Pero lo veo como difícil que te afanen viajando en bici en la ruta. Nosotros no tuvimos ni un solo episodio, ni cercano, nada”, aclaró Mariano.

Volver
A pesar de que aún no tuvieron la oportunidad de desempacar, al momento de responder si volverían a realizar esta misma experiencia, ambos jóvenes comparten ideas diferentes. En el caso de Diego, asegura que repetiría la aventura de la misma manera. “Hay cosas que en el camino vas aprendiendo, tomando experiencia, eso también va sumando. Lo que más me queda es que hicimos un plan, a grandes rasgos tuvimos una idea, proyectamos y la pudimos cumplir sin tener idea de nada”, evaluó.
Por su parte Mariano no se arriesgaría a estar tanto tiempo fuera, ya que se califica como una persona que le gusta estar cerca de sus afectos y entornos. “Ese es un aspecto, el otro es que demanda mucha guita y yo no sé qué va a pasar con eso, no tengo trabajo y está mi familia, hay muchas cosas. No me costó, pero esa experiencia ya está para mí”, aclaró.
Al momento de destacar qué cosa los marcó a lo largo de esos diecinueve meses, ambos coinciden al afirmar que el contacto con la gente es lo que más huella dejará en su memoria.
La cordialidad, hospitalidad y generosidad que la mayoría le demostró no se borrarán jamás. En ese sentido, recordaron una de las experiencias que más fresca mantenían y que tuvo lugar en la península de Colombia, adonde llegaron por recomendación de otro ciclista que habían conocido en el camino.
“Fuimos hasta ahí y encontramos un lugar que oscila entre lo turístico y lo pobre. Es un pueblo chico, un poco desierto, hay mar y después no tenés nada”, relató Diego. En el lugar un pescador humilde les ofreció hospedarse en su vivienda, que era de caña, contaba con una sola pared y el techo. Mientras sus anfitriones dormían en hamacas, ellos pudieron instalar su carpa en inmediaciones de la casa. Durante cuatro o cinco días compartieron la forma de vida de estas personas, muy diferente a lo que ellos estaban acostumbrados.
“Uno por ahí se plantea problemas, pero ve realidades diferentes y te vas adaptando. El loco nunca tuvo intención de que le pagáramos, para él era romper su vida cotidiana”, relató Diego.
En la actualidad, ya que hace pocos días retornaron al país, los jóvenes se dedicarán a buscar un nuevo trabajo al mismo tiempo que diagraman actividades relacionadas con la aventura que dejaron atrás, entre las que mencionaron la producción de un libro en el cual plasmen sus vivencias y una muestra fotográfica.

Romina Elizalde/ UNO Santa Fe/ relizalde@uno.com.ar