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Sábado 04 de Abril de 2015

El jefe de la barra de Colón, más lejos del paraavalanchas

Orlando Nano Leiva y los otros dos coimputados por el crimen de Echagüe seguirán detenidos. Ellos dicen que fue un ataque unilateral  

El jefe de la barra de Colón, Orlando Nano Leiva, quedó lejos de poder volver al paraavalanchas del Cementerio de los Elefantes. Tampoco podrán ir su cuñado, Marcos Pitu Leiva (29), ni el amigo de ambos, Marcelo El Oreja Caparelli (22). 

Esta semana, les dictaron a los tres la prisión preventiva por la muerte de Fabricio Echagüe y el debate entre los abogados defensores y la fiscalía por las pruebas y los testimonios que obran en la carpeta judicial, muestran que el esclarecimiento del asesinato no va a ser una tarea sencilla. 

Hasta el momento, el eje de la reconstrucción que plantean ambas partes son los relatos de los familiares cercanos. Los fiscales acusan a la defensa de plantear testimonios inconsistentes y los abogados de Nano y Pitu Leiva, le retrucan que la novia de Echagüe debería ser imputada por tentativa de homicidio. 

Cinco balazos
De las dos audiencias que se realizaron hasta ahora, la imputativa y la de prisión preventiva, la fiscalía no pudo reconstruir quién hirió de cinco balazos a Nano y a Pitu. Jorge Nessier y Cristina Ferraro, en representación del Ministerio Público de la Acusación, sostuvieron que hay pruebas suficientes para acusar a los cuñados y a Caparelli, de haber asesinado de tres disparos a Fabricio Echagüe en la puerta de la casa de Nano. 

En su exposición, los fiscales sostuvieron que Araceli D. S, novia de Echagüe y su hermana Vanina, contaron que los Leiva se hirieron entre ellos mismos, en medio del ataque a Echagüe. 
Sin embargo, para los defensores, Raúl Berizzo y Sebastián Nitti, esa versión es “inverosímil”. Y pidieron que se impute por tentativa de homicidio a la novia de Echagüe, Araceli D.S., a quien la prueba de dermotest le dio positivo, al igual que a Echagüe. En su estrategia defensiva, los letrados tampoco aclararon cómo el muchacho apareció muerto. Los tres imputados pidieron declarar el día de la audiencia imputativa y los dos Leiva aseguraron que después de recibir los disparos de parte de Echagüe, ellos cayeron desmayados. Por lo tanto, que no tenían idea de cómo Echagüe recibió tres disparos y murió a 50 metros de la casa de Nano. 

Para la fiscalía, esa versión fue sospechosa: “Todos los imputados repitieron una misma historia. También sus familiares contaron esa misma versión. Sin embargo en sus relatos se pueden detectar diferencias y errores. Además, es muy llamativo que los familiares de los imputados se presentaran todos juntos y espontáneamente a declarar, pero casi 24 horas después de ocurridos los hechos”, sostuvo el fiscal Nessier. 

La limpieza
Como contrapartida, el abogado Raúl Berizzo cuestionó la calificación que realizaron fiscales a los tres detenidos como coautores del delito de homicidio calificado: “Si hubo tres autores, ¿quién lo mató?”. Y adelantó así, una de las estrategias a la que apelará la defensa para desligar a los Leiva del caso. En la misma línea, hizo hincapié en que no se pudieron encontrar las armas homicidas ni casquillos u ojivas de bala. 

Para la fiscalía, esa limpieza de la escena del crimen tiene que ver también con la peligrosidad de los imputados y la capacidad de recursos para sostenerse en situación de fuga. En el caso de la investigación por el crimen de Walter Montaner –por la cual el hermano del Nano, Juan Abel Quique Leiva está procesado– Orlando Leiva estuvo cuatro meses prófugo de la Justicia.
Además, los investigadores creen que ese mismo sostén que tiene la familia Leiva genera otro problema que tiene el caso, y que se repite siempre en los hechos policiales más resonantes: la falta de testigos dispuestos a declarar. 

El homicidio de Echagüe se produjo el domingo 29 de marzo, entre las 20 y las 20.30, a menos de 20 metros de una parroquia donde se estaba dando una misa. Sin embargo, son contadas las personas que se animaron a prestar declaración. “En el barrio sienten las amenazas”, dijeron los fiscales. Y contaron además, que durante el funeral de Fabricio Echagüe, tuvieron que asignar un policía como seguridad en la sala velatoria porque los familiares del muchacho recibieron amenazas y aprietes para que retiren la denuncia contra los tres imputados. 

Forcejeo
Fabricio Echagüe murió en la puerta de la casa de su cuñada, en calle Tarragona al 600, en barrio Centenario. A unos 50 metros, en diagonal de esa casa vive el Nano Leiva y allí se originan los rastros de sangre. La autopsia indica que a Echagüe le dispararon con el cañón del arma apoyado en la piel. 

Ese detalle lo revelaron las quemaduras y los rastros de pólvora que tenía Echagüe en las zonas del cuerpo donde fue baleado. La autopsia además determinó que los tres balazos que recibió tuvieron orificio de entrada y salida. Uno ingresó apenas debajo de la clavícula y salió por la espalda, el otro le atravesó el abdomen, y el último disparo le traspasó el muslo derecho. “Una de las hipótesis es que el dermotest dio positivo respecto de Echagüe porque forcejeó con Orlando Leiva para quitarle el arma cuando se produjeron los disparos”, concluyó el fiscal Nessier.