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Sábado 14 de Mayo de 2016

Laura Klein: “Incluso si el aborto es legal, una mujer tiene que decidir si priva de nacer o no”

La escritora presentó “Entre el crimen y el derecho. El problema del aborto”, donde plantea por qué la experiencia de abortar está lejos de los argumentos a favor y en contra de ese derecho, de la legislación y de la religión.  

“Mientras los seres humanos sigan naciendo de las mujeres, el poder de gestar vida va a seguir ligado al poder de no darla”, explicó la escritora y filósofa Laura Klein haciendo referencia a la raíz del debate sobre el aborto. La ensayista marcó que la discusión sobre la legalización o no de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) va más allá de los argumentos, a favor y en contra, y termina invisibilizando la experiencia de las mujeres que abortan. Además dijo que se ponen en juego intereses vinculados al sexo, la muerte y la herencia.
Fornicar y Matar, el libro de Klein que aborda la historia del aborto, se publicó en 2005 y se reeditó en 2013 bajo el título “Entre el crimen y el derecho. El problema del aborto”. La nueva edición, en un formato económico, se presentó a fines de abril en la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en el marco de una charla organizada por el Programa de Género, Sociedad y Universidad.
En su paso por la ciudad, la autora dialogó con Diario UNO sobre el cambio en la postura de la Iglesia católica sobre el aborto, los Derechos Humanos, el embarazo como el gran ausente en el debate y la cuestión patrimonial que también marca los límites de la discusión. Además se refirió a los cambios que hubo en la Argentina entre las dos ediciones y por qué cambió el nombre del libro.
—¿Por qué llamó al libro así?
—La primera edición de Fornicar y Matar salió en 2005. Elegí ese nombre porque tiene una potencia poética enorme y creo que eso tiene que ver con lo que está sepultado en el tema del aborto. Está vinculado a las dos condenas de la Iglesia. Por un lado están los discursos a favor de la legalidad que dicen que abortar tiene que ver con el sexo y, por eso, es condenado; y los que dicen que es matar y, por lo tanto, tiene que ser prohibido. Pero la tesis que el libro desarrolla es que el debate sobre el aborto está muy lejos de la experiencia de abortar.
—¿Por qué decidió cambiar el título?
—Había gente que iba en el subte y se sentía mal porque la miraban por el título del libro; y otras que se sentía, por lo mismo, muy bien, desafiantes. Pero me llegó un video de un diputado de Neuquén que estaba haciendo un discurso a favor de la legalización y estaba leyendo una parte del libro y cuando termina, cierra el libro para mirar el título y recomendarlo pero no lo puede nombrar. Si los propios compañeros no pueden nombrarlo, por lo tanto no iban a poder recomendarlo y yo ya sabía que iba a salir en una edición popular. Así que decidí cambiarlo pero no sé si hice bien.
En el anexo que se sumó en la edición de 2013, Klein incorpora artículos sobre hechos centrales en el debate nacional sobre el aborto. “Uno de los temas del libro marca cómo el debate por el aborto está muy lejos de la experiencia y cómo hay una especie de farsa en la que nadie se cree lo que dice. O sea, nadie cree que seamos libres, autónomas, ni que controlemos el propio cuerpo. No lo controlamos para quedar embarazadas ni para abortar. Y, por supuesto, nadie cree que sean asesinas. Todos los que las condenan por asesinas, cuando le pasa a alguien cercano, la ven como víctima. Pero creo que el anexo muestra la capacidad de intervención que tiene de abrir otras perspectivas y salir de ese discurso hegemónico que tiene argumentos liberales bastantes indeseables para el mundo que queremos”, señaló.
Y agregó: “El acto de abortar, la experiencia y la escucha, es incómodo frente a discursos tan marcados como la condena total o el suponer que con el aborto legal se resuelve el tema. Incluso si el aborto es legal, una mujer tiene que decidir si da vida o no, si priva de nacer o no. O sea, la legalización no resuelve el tema del aborto porque para las mujeres va a ser siempre una decisión vital”.
Los argumentos
Klein aborda, a lo largo de la publicación, que la discusión siempre va por fuera de la experiencia de abortar y que, en general, los ejes centrales del debate –los que hablan del comienzo de la vida y de la autonomía de las mujeres– ya están resueltos en la legislación.
“Los argumentos de los Derechos Humanos y de la ciencia no sirven porque podés poner tanto a favor como en contra (de la legalización) lo que plantean. Y la mujer que más padece ese aborto es la que aborta, eso es obvio y no necesita argumentos. Todos lo saben porque conocen a alguien que lo ha hecho. Por eso se dice más «asesinas» a las feministas que a las abortantes”, disparó.
Y siguió: “El derecho a la vida es, de los Derechos Humanos, el más reciente. Fue un efecto de los genocidios del siglo XX, después del nazismo y con la declaración de los Derechos Humanos de 1948, se incluye el derecho a la vida mostrando que los ciudadanos no tenían cómo defenderse si era el Estado el que los mataba. Entonces en un síntoma de vulnerabilidad y no un progreso en su protección”.
—¿Qué rol tuvo la Iglesia católica en la condena al aborto?
—La Iglesia católica prohibió el aborto siempre, es verdad, pero no siempre lo hizo por lo mismo. Ahora el discurso es que lo hace porque atenta contra la vida humana que es sagrada y, por lo tanto, abortar sería un sacrilegio, un asesinato. Pero antes lo prohibía por el mandamiento de “No fornicarás” no por “No matarás”. Recién en 1869 la Iglesia cambió la idea de cuándo empezaba la vida humana. San Agustín tomó lo que decían los griegos de que el alma entraba al cuerpo a los tres meses de gestación. Hasta ese momento era vida pero no propiamente humana porque el alma no podía entrar en un cuerpo que aún no estaba formado para recibirla. Eso lo sostuvo toda la Iglesia desde el siglo IV. Pero en 1869 cambia la teoría que se llamaba de Animación Retardada para Animación Inmediata, que marca que el alma entra en el momento de la concepción. Sin embargo, hasta 1917 se mantuvo algo que decía San Agustín que es que era mucho peor la anticoncepción que matar lo concebido. Rastros de eso quedan porque hoy la Iglesia está en contra del aborto pero también del preservativo, entonces hay algo que parece más importante que la vida. Por otro lado, siempre defendió la vida pero la del alma, no la del cuerpo. Por eso quemaban gente en la Inquisición, así liberaban el alma sacrificando el cuerpo.
“Hay un problema en la democracia que es quién decide sobre la vida y la muerte”, indicó Klein y acotó: “En la democracia el Estado tiene el monopolio de la violencia, es decir no se puede hacer justicia por propia mano. Y la mujer que aborta ejerce una violencia porque abortar es violento y hay un derramamiento de sangre que es la de la mujer. Creo que lo que pone en juego el aborto es un cuestionamiento al monopolio de la violencia y lo mismo pasa con la eutanasia”.
—Pero, desde lo legal, el aborto no está equiparado al asesinato de una persona ¿Por qué?
—Es obvio que no se puede penar el aborto como se pena el homicidio. Ni siquiera en los Códigos en los que está prohibido, lo pueden equiparar al homicidio porque, entre otras razones, está el tema de la herencia, que es fundamental en el capitalismo. Si una pareja tiene tres hijos y uno de los cónyuges muere, la herencia se divide y un 50 por ciento es para el cónyuge sobreviviente y el otro se divide entre los hijos. Si uno de esos tres hijos murió, esa parte va al cónyuge. Entonces si hay tres abortos, provocados o espontáneos, en lugar de tres hijos hay seis. Con lo cual el 50 por ciento se divide entre seis hijos, pero la mitad de eso va para el cónyuge sobreviviente. Por lo tanto, los Códigos no entran en el debate sobre si es un ser humano, sino que plantean que es una persona plena de derechos a partir del nacimiento. No hay entierro, ni registro civil para el feto, ni siquiera tiene nombre.
“Y el otro punto –siguió– es que el comienzo del embarazo es con la anidación, no con la concepción. El óvulo fecundado no es persona para la ley, si no habría que ver qué pasa con los embriones de probeta. Entonces lo que vemos es que lo que queda fuera del debate es el embarazo”.
—¿Por qué dice que la mujer que aborta queda fuera del debate legal y/o religioso sobre el aborto?
—Porque la mujer que aborta no está preguntándose por la definición de ser humano. Ella está viendo si tiene o no un hijo. Entonces mandar el debate a si es o no un ser humano, lo que deja afuera es lo que realmente sucede en las mujeres que abortan, estén o no a favor de la legalización del aborto y piensen o no que es una persona cuando alguien se lo pregunta. En ese momento la pregunta que se hacen es «¿Quiero, puedo o no tener este hijo?». Eso es lo que constituye la experiencia de la decisión de abortar. Además hay que tener en cuenta que el poder de abortar existió siempre, el poder de dar vida tiene que ver con el de no darla; independientemente de si es legal o no.
Victoria Rodríguez / Diario UNO