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Viernes 20 de Mayo de 2016

Los boliches tendrán que ofrecer agua segura y gratuita

El periodista y especialista en política internacional pasó por Santa Fe y brindó su mirada sobre la crisis en Brasil. Opinó además sobre los cambios en el tablero político del continente y la política exterior del país.

Los sábados a la hora del almuerzo fueron durante años para muchos argentinos un sinónimo de panorama internacional. Pedro Brieger, periodista, sociólogo, y analista, fue el encargado, hasta su despedida el mes pasado, de plantear desde la Televisión Pública una agenda alternativa a la de las agencias internacionales tradicionales, y lo hizo parado claramente desde un lugar.
El martes pasado, Brieger estuvo en Santa Fe y brindó una charla en la sede de Festram sobre la crisis en Brasil y su efecto en América latina. El especialista y fundador de www.nodal.am (portal de noticias de América latina y el Caribe), llegó a la ciudad invitado por el diputado provincial, Leandro Busatto, y ante la consulta sobre las declaraciones de la canciller argentina Susana Malcorra y su intención de “desideologizar” la política exterior fue claro: “No existe política sin ideología. No existe pensamiento sin ideología”.
En una charla con Diario UNO, el especialista analizó la actualidad del país vecino, el impacto de lo que sucedió en el continente, y dijo que fue una opción “netamente ideológica” la del gobierno argentino de respaldar la destitución de Dilma Rousseff.
—¿Qué puede pasar en los próximos meses en Brasil con respecto al ahora gobierno de Michel Temer?
—Es difícil predecir qué va a pasar. Estamos frente a un escenario novedoso que no se dio en la historia brasileña. Estamos ante una presidenta que obtuvo más del 50% de los votos y está siendo suspendida, y probablemente (esto no es certero) destituida, por una componenda entre su compañero de fórmula Michel Temer, proveniente del partido más importante de la política brasileña y los partidos de la oposición. Es decir que aquellos que perdieron las elecciones en 2014 y que perdieron antes también frente al PT, llegan al gobierno no a través de las urnas, sino a través de la suspensión de la presidenta. En segundo lugar, está muy claro que Temer le quiere dar un giro radical de 180 grados a todas las políticas que llevó adelante el PT con Lula y Dilma, y esto va a implicar un cimbronazo. No podemos saber cómo va a responder la población ante las nuevas medidas económicas, que muchas claramente no son populares, y que los principales medios de comunicación lo están instando a tomar medidas. Lo explicitan, esto no es interpretación mía, cuando uno lee los editoriales de los principales diarios casi que le exigen a Temer, porque ellos contribuyeron a que cayera Rousseff, que se tomen medidas impopulares. Esto significa que van a afectar a la mayoría de la población y van a beneficiar a los sectores más poderosos. Cómo van a reaccionar los movimientos sociales y los afectados, no lo sabemos. Sí sabemos que desde que asumió Temer, todos los días hay manifestaciones en su contra.
—Ahora, ¿no hubo un error grave del PT en aliarse con un partido político con ideas totalmente opuestas?
—Esto fue un gran debate en el PT, y hay que entender el contexto. Cuando Lula ganó las elecciones en el 2002 no tenía mayoría en el Congreso, y gobernaba muy pocos estados. Por lo tanto la pregunta era, cómo gobernar, y cómo garantizar la gobernabilidad. En ese momento él tomó la opción de pactar con el PMDB, negociar con ese partido cargos, y cuando uno negocia, tiene que bajar algunas de sus banderas. Entonces el PMDB permitió que llevara adelante políticas sociales muy importantes, pero por el otro lado hubo sectores de la economía que no fueron tocados. Yo uso la figura de un salvavidas de plomo, creo que fue un salvavidas, hasta que interpretó que ese barco se hundía, y terminó siendo plomo.
—¿Por qué a poco más de un año del segundo gobierno de Dilma?
—La respuesta está en los 13 años que llevaba gobernando el PT, que con todas sus fallas, problemas, guiños al sector empresarial y financiero, estaba consolidándose como una fuerza política importante y arrebatándole el control de la economía y de la política a los partidos tradicionales, y esto es algo que no podían tolerar y había que ponerle fin lo antes posible. Se aprovecharon del hecho de que no estaba Lula, de que en segunda vuelta Dilma Rouseff tuvo una victoria ajustada, y se dieron cuenta que lo tenían que hacer antes de que Lula volviera. Porque Lula empezó a plantear de manera velada, y cada vez más explícita que va a ser candidato en 2018, y es la figura más popular hasta el día de hoy incluso, en la política brasileña. Esto implicaba cuatro años de Dilma y cuatro años más de Lula. Esto era intolerable para los sectores conservadores y la derecha y por eso se apresuraron.
—Aquí, los gobiernos de Néstor y Cristina no fueron exactamente iguales, ¿Cuáles fueron las diferencias en los gobiernos de Lula y de Dilma?
—Siempre hay formas diferentes, porque tiene que ver con características personales. Dilma no tenía el carisma que tenía Lula, y creo que si comparamos Cristina Fernández alcanzó una trascendencia internacional que excedió América del Sur, y que tuvo que ver con otras circunstancias, participar en el G20, sus discursos en Naciones Unidas, y creo que en este sentido, ella logró una trascendencia internacional que no tenía Néstor Kirchner. Se debe a habilidades políticas, a cuestiones personales, momentos y coyunturas. Lula Da Silva era irreemplazable. Él colocó a Dilma como su continuadora. Néstor Kirchner y Cristina Fernández eran un matrimonio político, y ahí creo que hay una diferencia sustancial.
—¿Qué está pasando en América latina en torno a lo que pasó en Brasil?
—Creo que hay un quiebre regional importante. Durante los últimos 15 años, la corriente progresista en el más amplio sentido de la palabra, tuvo la capacidad de liderar a los organismos regionales, de crear y consolidar Unasur, de crear la Celac, de incorporar a Cuba, y hoy eso se está quebrando. No es lo mismo el tridente Chávez, Lula, Néstor Kirchner, que un tridente conformado por Macri, Temer y la oposición en Venezuela. Esto cambia radicalmente la situación en América latina. No hay consenso en América del Sur respecto de lo que sucedió en Brasil, hay gobiernos que denunciaron golpe de Estado, y esto implica una paralización cuanto menos de Unasur.
—¿Cuáles son los errores cometidos por el movimiento latinoamericano a lo largo de los años? ¿De qué se tiene que hacer cargo el progresismo?
—Errores al gobernar se cometen siempre, es inevitable. Creo que cada país tiene características diferentes. En Venezuela, Ecuador, y Bolivia se logró construir una hegemonía política muy sólida durante mucho tiempo. Está el problema de los liderazgos muy fuertes y que no tuvieron reemplazo. Por eso, en Argentina se dio un caso particular, un matrimonio político en el que estuvieron los dos al mismo nivel. Algo que no se dio en ningún país de la región. Está claro que Maduro no es Chávez, que Dilma Rouseff no es Lula, y que cualquiera que suceda a Correa, no es Rafael Correa, y lo mismo con Evo Morales. Esto representa un problema para la construcción política, sin lugar a dudas. Pero, también es verdad que sin esos liderazgos no se puede llevar adelante una transformación profunda de las sociedades. Por otra parte, cambiar estructuras políticas, jurídicas, económicas de un país que lleva ese tipo de construcción durante décadas, no se hace de la noche a la mañana. Esto implica enfrentar a sectores muy poderosos en lo económico, en el apoyo internacional que tienen, por lo general de Estados Unidos, esto implica también mucho dinero. Son muy poderosos en el entramado jurídico, controlaron el sistema jurídico durante décadas, o casi desde que nacieron esas naciones hace 200 años y tienen por lo general el control de los medios de comunicación que hoy tienen una penetración en la capacidad de construir sentido común fenomenal. Es cada vez más difícil construir una política con los medios de comunicación en contra que bombardean día y noche con diferentes temas, sean estos reales o ficticios.
—La canciller Susana Malcorra habló de desideologizar la política exterior ¿Qué implica esto?
—Eso habría que preguntárselo a Malcorra, porque la ideología es parte de la política. No existe política sin ideología. No existe pensamiento, sin ideología. Creo que, por lo general, cuando se habla de desideologizar, lo que se está diciendo es que van a aplicar las políticas que tradicionalmente se aplicaron. Esto es políticas conservadoras, y de las derechas latinoamericanas. Es lo mismo cuando se plantea en las políticas económicas que hay que sacar la ideología de las medidas económicas, como si hubiera un saber económico que estuviera por encima de cualquier ideología. No hay un saber económico en abstracto, cuando los economistas, o los comunicadores neoliberales dicen esto es lo hay que hacer, o lo que había que hacer, lo plantean desde su saber, y desde su sentido ideológico, aunque lo presenten como si objetivamente era lo único que se podía hacer, y creo que en las relaciones diplomáticas, esto tiene que ver con esta cuestión. Son opciones políticas, una opción es reforzar Unasur, y otra es debilitarlo. Una opción política es emitir un comunicado a la media hora de respaldo a la destitución de Dilma, y otra opción es plantear que fue un golpe de Estado. Son opciones, netamente ideológicas.
 
Coqui Toum / UNO Santa Fe