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Domingo 05 de Abril de 2015

Masonería, el resurgir de una sociedad que ha hecho historia

El gran maestre Nicolás Breglia estuvo en Santa Fe para la presentación del libro sobre una de las tres logias locales. Habló de la relación con la Iglesia, las persecuciones y los vínculos con el poder.

Los masones ocuparon, desde su aparición, un lugar central en los principales hechos de la humanidad y de cada uno de los pueblos en los que sus logias funcionan. Desde José de San Martín (Logia Lautaro) y Manuel Belgrano (Gran Logia), como principales impulsores de las campañas libertadoras en toda América latina, hasta Domingo Sarmiento con la ley Nº 1.420 de educación universal, obligatoria, gratuita y laica; los miembros de esa agrupación están inscriptos también en la historia argentina. Sin embargo, fuera de las menciones esporádicas en los libros, poco se conoce sobre las actividades de los miembros de las logias. Un fuerte enfrentamiento de la Iglesia católica con los masones generó que exista una gran cantidad de mitos respecto a sus rituales y prácticas.

Días atrás estuvo en Santa Fe el gran maestre Nicolás Orlando Breglia –la máxima autoridad nacional de los masones– y dialogó con Diario UNO sobre el pasado y el presente de las logias, los prejuicios que rodean a la masonería y el proceso de apertura a la comunidad que están teniendo desde hace unos años.

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El motivo de su visita fue encontrarse con las logias de Santa Fe y Entre Ríos y participar de la presentación de “Logia Armonía. Masones y librepensadores en la esfera pública. Santa Fe, 1889-1921” (Ediciones UNL). “El libro trata fundamentalmente el desarrollo de la política de la masonería que apuntó a la educación y el rol en la fundación de la Universidad Nacional del Litoral y en la Reforma de 1918”, explicó.

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La Nº 99 Armonía es una de las logias que funciona, en la actualidad, en Santa Fe. Fue fundada el 25 de enero de 1890 y desde entonces su trabajo ha sido ininterrumpido. Pero no es la única, también están las logias Nº 21 Estrella del Progreso (que estuvo inactiva durante algunos años pero fue reactivada) y la Nº 513 Nicasio Oroño.

A la Nº 21 perteneció Nicasio Oroño, quien durante su mandato como gobernador santafesino impulsó, en 1867, dos leyes fundamentales: la ley de Secularización de Cementerios, y la ley de Matrimonio Civil. Medidas fieles al espíritu laicista y progresista de la masonería. Fue el primer paso que se dio en el país.

Esas acciones no pasaron desapercibidas ni fueron bien recibidas en los sectores más conservadores. El entonces el obispo José María Gelabert se expresó abiertamente en contra y lideró una fuerte oposición. De hecho, dijo que el mandatario santafesino debía ser excomulgado.

Inicios y objetivos

Breglia se refirió a la misión de la masonería y a los desafíos que han tenido que enfrentar en cada período de la historia. También habló de los prejuicios que tiene parte de la población sobre los integrantes de las logias, pero destacó que, pese a las posturas de grupos conservadores, la apertura que tuvieron en los últimos años está ayudando a cambiar eso.

“La masonería, fundamentalmente, es una escuela de conducta y de conocimiento. Exige a sus miembros llevar una conducta ética y los obliga a incorporar conocimientos hasta el final de sus días. Eso es pulir la piedra bruta”, explicó Breglia.

Y agregó: “Si un masón llega a la función pública nosotros garantizamos muchas cosas pero hay dos que son fundamentales. Primero el conocimiento. Esa persona se va a cultivar y va a saber qué es lo que hace. Y, lo segundo, conducta. Si nosotros vemos que se aparta de lo que corresponde, los primeros que lo vamos a sancionar y expulsar somos nosotros”.

El gran maestre explicó que una idea central que rige el accionar de los masones es que “el fin no justifica los medios”. La ideología es republicana, laica, democrática y social. “Buscamos una sociedad igualitaria en libertad. Queremos que todo el mundo tenga derechos y que esos derechos estén garantizados”, sostuvo.

“El perfeccionamiento, tanto intelectual como moral y físicamente, se hace a través del trabajo. Y ese es un deber pero también un derecho. La persona que no tiene trabajo tiene el derecho de reclamarle a las autoridades que se lo den porque, de esa forma, va a poder vivir con dignidad”, manifestó Breglia.

Aunque aclaró: “Nosotros no hacemos caridad. Sí, filantropía. Si una persona necesita un pescado para comer y saciar su hambre en el día se lo damos pero después le enseñamos a pescar. Para que, con dignidad, se lo gane y pueda ir para adelante”.

Por otro lado, remarcó que los masones no son un partido político y que no hacen, como institución, política. “Pero sí formamos al ser humano y al republicano para que salga a la sociedad y pueda asumir posiciones de liderazgo. Si el masón camina por los partidos políticos o las organizaciones sociales para realizar su trabajo está bien”, indicó.

En ese sentido, aclaró que dentro de las logias hay un amplio espectro ideológico, que va desde la izquierda a la derecha, por lo que pueden convivir respetuosamente. De todas maneras, resaltó que para ser masón no se pueden sostener posturas extremistas. “Por ejemplo, no puede ser masón un nazi, un fascista, un falangista o un stalinista”, marcó.

El presente

Si bien en la historia tuvieron un medido reconocimiento, los masones hoy pasan mucho más desapercibidos. Incluso hay quienes creen que dejaron de existir y desconocen que sus prácticas y templos siguen vigentes en distintos puntos de la ciudad.

—¿Dónde están hoy los masones?

—Los masones estamos volviendo a la sociedad. Tuvimos un proceso de retroceso que comenzó lentamente a partir de la Revolución del 30. Ahí aparecieron, por primera vez en Argentina, ideas de un dogmatismo fascista que nos fue persiguiendo y acorralando. Un poco por incapacidad de los masones del momento y, otro poco, por esa fuerte presencia que se traducía en una alianza de los sectores más reaccionarios de la Iglesia con los de las Fuerzas Armadas, nos fuimos relegando para protegernos y cuidar a nuestras familias. A nosotros nos fue muy mal en las dictaduras y muy bien en las democracias.

—¿Cómo fue, entonces, el proceso de las últimas décadas, a partir de la restauración de la democracia?

—A partir de 1983, decidimos salir a tener presencia en la sociedad. Por eso nos abrimos. Empezamos a hablar con los periodistas, que nos trataron muy bien, y con la dirigencia política. Advertimos que había un espacio republicano, laico, librepensador y profundamente social que buscara consenso y unidad nacional, no enfrentamientos, que no estaba cubierto y que era defendido por la masonería. Creemos que la historia argentina se construyó en base a definir los buenos y los malos. Pero si continuamos con esa posición es imposible lograr la unidad nacional, que no es unidad electoral. Lo que planteamos es ponernos de acuerdo en determinados objetivos y desarrollar el país integrándolo regionalmente para asumir posiciones de liderazgo a nivel internacional.
Al respecto aclaró que la masonería enseña a despojarse de prejuicios. “Cuando hacemos eso nos damos cuenta de que las verdades absolutas no existen y que son propias de las dictaduras. Y las verdades relativas son parte de la democracia porque dependen de lo que cada uno privilegie. Hay que compatibilizar verdades y lograr objetivos comunes y nacionales. Por eso nos presentamos como un ámbito neutral de debate”, dijo.

—Antes mencionaba el enfrentamiento con la Iglesia católica durante las dictaduras, pero ese vínculo no sanó aún, ni siquiera en democracia. ¿A qué lo atribuyen?

—Con la mayoría de las iglesias tenemos diferencias porque no aceptamos las verdades reveladas, tampoco el derecho divino de los reyes. Nosotros decimos que la relación de mando y obediencia no la determina Dios sino el pueblo. Y, desde ese punto de vista, introdujimos la soberanía popular, algo por lo que también fuimos condenados.
“No estamos en contra de la Iglesia pero sí tuvimos muchos enfrentamientos con la jerarquía política de la Iglesia. Pero en el ámbito político, no en el religioso”, marcó.

Derribando mitos

Por último, el gran maestre respondió a los prejuicios más comunes que aún hoy circulan entre los argentinos respecto al accionar y los valores que defienden los masones.

—Entre los preconceptos que se escuchan habitualmente aparece que son una secta.

—No somos una secta porque no somos religión. Nosotros nos desarrollamos en el ámbito terrenal y temporal. Y las sectas se desarrollan en el ámbito espiritual y trascendente. Desde ese punto de vista, no tenemos nada que ver. Nosotros nos ocupamos de la perfección del ser humano desde que nace hasta su muerte.

—¿No aceptan las religiones?

—Hay muchas condenas en contra de la masonería. Ninguna por no creer en Dios o por diferencias religiosas. Nos han condenado por ser laicos, por creer en la separación de la Iglesia y el Estado, por creer que todas las religiones tienen un nivel de igualdad. Nosotros creemos en las religiones y las propiciamos. Decimos que los hermanos pueden practicarlas pero para el masón todas las religiones son válidas. Consideramos que hay un Dios único, que es de los judíos, de los musulmanes y de los cristianos. Pero también aceptamos y respetamos a los que no creen.

—¿Ven un cambio en la Iglesia católica a partir de que Jorge Bergoglio fue designado como Papa?

—No tenemos ningún enfrentamiento con Bergoglio. Al contrario, el Papa aparece levantando nuestras banderas. Cuando sube dice que es republicano, laico, democrático y anticlerical. Por todo eso a nosotros nos sancionaron y excomulgaron. Si él levanta nuestras banderas, después de habernos combatido durante tanto tiempo, me doy cuenta de que la Iglesia está reviendo su posición.

—¿Y con el judaísmo y los musulmanes qué relación tienen hoy?

—Nosotros tenemos hermanos judíos y musulmanes. Y tenemos buena relación con las organizaciones judías y con el centro islámico. Nosotros creemos en una concepción realmente integradora y ellos nos aceptan.

—¿Aceptan mujeres?

—Hay que entender el proceso de creación de la masonería. Al principio es una masonería operativa integrada por hombres que eran los que conocían el secreto de la construcción. En 1717, se transformó en una masonería especulativa, que empezaba a trabajar el templo interior e incorporó miembros de otras profesiones como filósofos y políticos. Esas son etapas donde la mujer no tiene participación en la sociedad, estaba marginada. Entonces, como toda organización, tiene leyes a nivel mundial y es complejo cambiarlas. Por lo tanto, como la presencia de la mujer es una realidad pero no podemos integrarlas, las ayudamos a crear sus logias. En este momento hay dos grandes que trabajan en todo el país.

En ese sentido, indicó que si una mujer ingresa a la web la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones –www.masoneria-argentina.org.ar–para solicitar admisión es derivada a las logias de mujeres; y que también les prestan los templos para sus ceremonias.

“Ellas nos dicen que no quieren trabajar con nosotros porque la mujer es más tenaz y disciplinada que el hombre. Hemos hecho actos en Tucumán y Salta, donde hay logias femeninas, y es mucho más grande la participación de las mujeres. De todas formas, creemos que en un futuro no muy lejano es muy factible que nos integremos. Pero por ahora tenemos que respetar la ley internacional, solo nos integramos en las organizaciones paramasónicas”, marcó.

—¿También aceptan gays?

—Cuando subimos en 2008 lo primero que hicimos fue buscar a un hermano al que habían echado por ser gay. Él nos contó que hacía 30 años que estaba en pareja y nos preguntó a qué habíamos ido. Le dijimos que queríamos ofrecerle la presidencia de una logia. Ahora tenemos hermanos que son gays. Luchamos contra todo tipo de discriminación y apoyamos el matrimonio igualitario cuando se discutió en el Congreso.

—¿Por qué hay masones que no dicen abiertamente que lo son?

—El problema es de protección. Ahora hay una cierta amplitud pero en la Argentina hay varias Argentinas. Hay una progresista como en Santa Fe, Entre Ríos, la provincia de Buenos Aires, Mendoza o Córdoba. Pero hay otras zonas que tienen gobiernos feudales donde ser masón es un problema. Son perseguidos, los echan del trabajo. El problema es que cuando viene la persecución no es solo al masón sino que van también contra su mujer y sus hijos.

—Otro punto que genera mucha intriga y especulaciones son los rituales de iniciación.

—No tienen ningún riesgo físico, son todas alegorías del pasado. El ritual es disciplina. A través de él aprendemos a escuchar, algo difícil para el ser humano. Es un ritual que nos enseña que no hay verdades absolutas y que podemos vivir con otras verdades. Es una especie de bautismo. En la religión católica ese sacramento significa muerte y resurrección. La muerte del pecado original y la aparición del hombre virtuoso. Para nosotros la iniciación es la muerte de las pasiones profanas, como llamamos a lo que está fuera del templo, y el ingreso a una nueva cosmovisión donde impera la verdad y el derecho a la palabra. Se invita al masón a combatir la ignorancia, la hipocresía y la ambición.

Por Victoria Rodríguez / Diario UNO Santa Fe