santafe
Domingo 26 de Julio de 2015

Menos contenidos y más aprendizajes para toda la vida

Irene Kit, una de las referentes en educación del equipo que asesora a Scioli, remarcó que hay que pensar en núcleos prioritarios y significativos; y en la prevención del bullying y el abandono escolar.

Irene Kit es la presidenta de la asociación civil Educación para Todos y una de las principales referentes del equipo de educación de la Fundación Desarrollo Argentino, dirigida por José Scioli. En diálogo con Diario UNO la licenciada en Ciencias de la Educación y especialista en información educativa y en gestión de proyectos se refirió a las principales líneas de acción que buscarán dar continuidad al proyecto nacional en la materia si Daniel Scioli se convierte en el próximo presidente.
Kit manifestó que el principal desafío en materia educativa para la Argentina es “lograr calidad con equidad”. Y detalló: “Hay que lograr que todas las niñas, niños y adolescentes estén en la escuela aprendiendo, sin fracasar y en un ambiente de bienestar emocional, o sea de buen clima vincular, hasta terminar la escuela obligatoria”.
En ese sentido, reconoció que el concepto parece muy sencillo pero aún quedan desafíos pendientes. “Como toda realización humana, uno parte de lo que se alcanzó previamente. Entonces, en términos de aprendizajes, tenemos muchos desafíos pendientes fundamentalmente porque todavía la escuela está muy anclada en una manera de concebir la enseñanza y el aprendizaje, que es desgastante para los profesores y para los estudiantes, que es la memorización de contenidos sueltos”, dijo.
Y ejemplificó: “El gran cambio en Finlandia es trabajar en torno a proyectos que generan aprendizajes duraderos. Es decir, me dedico a menos cosas pero más en profundidad. La clave es pasar a otro tipo de actividad más significativa y basada en productos y cosas interesantes que los chicos puedan decir «Eso lo puedo hacer»”.
La educadora resaltó que existen tres ejes prioritarios a trabajar en el país. El primero vinculado a los contenidos prioritarios; el segundo, a evitar el fracaso; y el tercero, a contar con buenos climas para el bienestar emocional de la comunidad educativa.
Además dijo que esos puntos se complementan con otros dos. Por un lado, la necesidad de proveer a todos los estudiantes de escuelas secundarias, no solo a los de educación técnica, de oportunidades de vinculación con el mundo del trabajo y la producción. Y, por el otro, con la profundización de la vinculación con organizaciones de la sociedad para ampliar las oportunidades de actividades deportivas y expresivas para niñas, niños y adolescentes en el tiempo complementario a la escuela.

Calidad versus cantidad
“El gran tema de los desafíos pendientes es mejorar el aprendizaje, actuar preventivamente frente a las situaciones de fracaso y cuidar el bienestar en la escuela”, señaló Kit y sobre el primero de los puntos agregó: “A ningún niño o adolescente lo vas a motivar si le decís «esto te va a servir cuando seas grande». Tenemos que lograr que cosas que sabemos que son importantes sean interesantes para hoy”.
—¿De qué manera se pueden priorizar los temas sin resignar la calidad educativa que se brinda?
—Hubo un tiempo en el que era imprescindible que la escuela se concentrara en generalizar la distribución de contenidos porque los libros eran caros y porque el conocimiento circulaba de una manera restringida y discriminatoria para los sectores más pobres. Hoy eso, con los medios, desapareció. Cualquier duda o discusión se resuelve en 30 segundos buscando en Google desde el celular. Por eso ahora tenemos que ver si la calidad pasa por la cantidad de contenidos o por el carácter fundante que tienen esos contenidos en las ciencias y por la posibilidad de identificar más contenidos si no sé algo. 
“Hay muchas maneras de estudiar aquellas cosas que son fundantes –siguió– porque a los contenidos específicos se puede acceder de una manera mucho más democrática. La manera de evaluar la calidad, en lugar de por la cantidad de contenidos, debería ser por la permanencia de esos contenidos centrales y la posibilidad de aplicarlos a otras cosas. Entonces tenemos el desafío de seleccionar contenidos potentes y ver cómo los uso para desarrollar capacidades cognitivas de larga duración como el juicio crítico y la resolución de problemas”.
—¿Eso implica que deba hacerse otra reforma curricular?
—No hace falta una reforma curricular porque esto que planteamos es compatible con el proceso de priorización curricular que está en los núcleos de aprendizaje prioritarios. Todo lo que estamos diciendo es como la segunda fase del proceso de implementación de la ley de educación nacional. La primera fue generar las condiciones para la transformación.
—¿Cuáles son las estrategias para hacer frente al abandono escolar?
—Hoy el sistema educativo tiene totalmente universalizada la sala de cinco años y ahora vamos por la sala de cuatro años. Pero, a partir de los primeros años de la escuela secundaria, por distintos motivos, comienza un proceso paulatino de desapego y ruptura en el vínculo del chico con la escuela que, normalmente, se manifiesta como un problema del alumno. Decimos que falta mucho, que no se presenta a las pruebas y que no estudia. Así repite una o dos veces y, finalmente, abandona. Ir acumulando años de fracaso es un indicador de alto riesgo para el proceso de abandono del estudiante. Entonces, si recibís en la secundaria a un chico que tiene sobreedad tenés que cuidarlo desde primer año y acompañarlo con tutorías.
—¿Se profundizaría la misma línea de tutorías que ya se está aplicando o se daría otro abordaje?
—Hay que evaluar y sistematizar las experiencias que han dado resultado. Entendemos que se necesita una profesionalización de esos trabajos. Se necesita una dosis de conocimiento experto para que tengan más herramientas. En ese sentido, nos parece fundamental aprovechar los aportes de las ciencias del comportamiento y de las neurociencias.
Finalmente, respecto al tercer eje subrayó: “Hay que pensar a la escuela como un territorio libre de burla. Ante cualquier manifestación de ese tipo todos los adultos tenemos que tener herramientas para ponernos frente a los chicos y decirles «eso no se hace». Hay que reemplazar esa conducta de la burla por una de, por lo menos, tolerancia”. Y para hacerlo sugirió como estrategia actividades similares a las rondas de convivencia, en las que los jóvenes hablan sobre sus realidades y dificultades.

Santa Fe y la deuda con la educación rural
El proceso de transformación de la escuela argentina que se ha generado a partir de la sanción de la ley de educación nacional –y ha sido acompañada por la de financiamiento educativo y la de educación técnico profesional, entre otras– ha tomado características diferentes en cada una de las jurisdicciones, más allá de los marcos comunes definidos por el Consejo Federal de Educación (CFE).
Consultada sobre cuáles son los puntos que considera que se deben trabajarse más en la provincia, Irene Kit expresó: “Santa Fe, en su momento, marcó línea en las escuelas secundarias rurales. Pero luego hubo una involución. La cierta estabilidad e incluso el deterioro en algunos indicadores de la escuela secundaria estatal de la provincia se deben a un retroceso que está muy traccionado por los problemas de la educación secundaria rural. Cuando la oferta educativa no reconoce la particularidad de la ruralidad y busca decir que el modelo de escuela es el urbano hay un riesgo. Y es el riesgo que se está viviendo en Santa Fe donde hay una retracción en la matriculación y el progreso de los estudiantes en el ciclo básico de la secundaria rural”.
Y remarcó que hay que trabajar sobre estrategias para garantizar el acceso y la permanencia de las poblaciones rurales. “Tenemos pendiente dar una buena respuesta para que esas zonas crezcan con los jóvenes que aman el campo y quieren vivir ahí”, concluyó.

Victoria Rodriguez/ UNO Santa Fe/ victoriarodriguez@uno.com.ar