santafe
Sábado 30 de Enero de 2016

Milhojas: un juego virtual que invita a volver al libro y al correo

La propuesta surgió en Facebook y consiste en que los participantes envíen y reciban libros. Pero también da lugar al encuentro, a compartir miradas y a retomar el uso de la correspondencia. 

Regalar libros se convirtió en el juego preferido de miles de personas en todo el país. Primero surgió El Árbol de los Libros pensado para que niñas y niños puedan recibir distintos cuentos por correo; y luego Milhojas, la propuesta para adultos que nació en Santa Fe y ya tiene más de 7.000 participantes activos de Jujuy a Tierra del Fuego.
El proceso es sencillo. Cuando uno empieza a jugar es un brote, el líder de su rama le indica que tiene que enviar un libro a una persona (que fue la líder de ese líder). Cuando el destinatario recibe el libro, el brote se convierte en líder de una nueva rama y tiene que coordinar para que sus cuatro brotes le envíen un libro a quien fue su líder. Luego sus brotes repetirán el proceso y así el jugador recibirá 16 libros.
La propuesta comenzó hace tres meses cuando se creó el grupo de Facebook Milhojas y en poco tiempo se convirtió en algo más que una cadena de favores de libros. Basta recorrer el muro para encontrar no solo las fotos de quienes envían y reciben los libros sino también de aquellos ejemplares que marcaron la infancia de los lectores, las reseñas sobre libros clásicos o muy poco difundidos y el relato de las experiencias de participantes que, muchos por primera vez, reciben un paquete por correo.
Pero además, desde las librerías reconocieron que son cada vez más las personas que llegan a los locales buscando un libro para participar de Milhojas. De hecho, algunas han implementado descuentos para quienes se suman a esa cadena de favores.
Claudia Rosciani es la escritora y psicoanalista santafesina que dio inicio a ese pequeño grupo que, como propone el mismo juego, brotó y fue ramificándose hasta tener más de 1.800 ramas que llegan a todas las provincias.
“Yo había participado de El Árbol de los Libros, cuando empiezo a leer los comentarios que se publicaban percibo que había muchísimas ganas de jugar de los grandes y recupero un recuerdo de mi infancia que era el intercambio de estampillas y postales que se hacía por correo con gente desconocida”, explicó a Diario UNO y agregó que entonces empezó a buscar un nombre para ese nuevo grupo que quería coordinar.
Así, el 13 de octubre de 2015, surgió Milhojas. “Me gustó por la polisemia de la palabra que remite a un postre y a la sumatoria de hojas. Y las hojas podían ser de un libro o de un árbol, que es una metáfora que en el grupo se usa mucho con los brotes y las ramas que hacen crecer al árbol”, detalló.
Las tareas diarias de administración ahora son compartidas por un grupo de personas de distintos puntos del país, que en algunos casos no se conocen personalmente, que se encargan de formar las ramas, guiar a los participantes y solucionar cuando alguien se baja y no cumple. Cada una de ellas realiza la tarea de manera voluntaria y en los tiempos disponibles.
Que valga la espera
La propuesta comenzó con un grupo de amigos de la creadora de Milhojas pero en muy poco tiempo se fue sumando una gran cantidad de personas y la iniciativa desbordó desde Santa Fe hacia otras ciudades, pueblos y provincias.
El grupo permite que todos los participantes sumen a sus amigos y conocidos pero después cada uno debe inscribirse a través de un formulario donde solo se le solicita colocar el nombre con el que figuran en la red social Facebook.
“Lo que ocurrió fue vertiginoso. El grupo se extendió de una decena de personas a cientos”, contó Rosciani y acotó que aparecieron situaciones en las que fue necesario resolver y administrar por lo que eso también supuso un desafío.
Al respecto mencionó: “Yo considero a Milhojas como un juego de mucho recupero de la alegría y del jugar con el otro y de promover la lectura; pero también es una intervención social donde se juegan valores que, estimo, están bastante perdidos y que es buenísimo que haya un espacio donde se sigan discutiendo y reinstalando”.
Entre esos valores surgió el compromiso que implica con el otro jugar y cómo se debe mantener el respeto en lo que se dice, sobre todo, cuando surgen discusiones. Una de las cuestiones que apareció de manera frecuente y también como una señal clásica de los tiempos actuales fue la espera. “En el grupo tenemos la frase que es «Vale la espera», la idea es hacer, entre todos, que valga la espera. De todas maneras, en tiempos donde todo tiene que ser inmediato no es fácil”, reconoció.
Para muchos de los participantes el juego implicó una serie de nuevas experiencias que van más allá del objetivo de enviar y recibir libros. Tener que elegir un ejemplar para una persona a la que no se conoce, tener que averiguar cómo se envía un paquete por correo, ir hasta el correo y hacer el envío o, quizás por primera vez, conocer al cartero de la cuadra y entablar una relación, son solo algunas de las situaciones que relatan los participantes.
“Hay situaciones que hoy resultan extrañas como que un cartero traiga a la casa algo que no es una factura o algo para pagar. Hay gente que sube fotos de los carteros y los libreros nos cuentan que ya empezaron a reconocer a quienes llegan buscando libros para Milhojas”, señaló Rosciani.
Tocar la puerta
El juego implica que el libro debe ser enviado por correo o bien entregado en el domicilio del receptor personalmente. Ambas situaciones, en tiempos del WhatsApp y la videollamada, representan nuevos desafíos para los participantes.
“El mano a mano es una experiencia que se ha recuperado. Alguien, sin avisar previamente, toca el timbre de tu casa y te trae algo. Hay gente que comentó: «Ya ni mis amigos vienen sin preguntarme antes si estoy». Esto que pasa no estaba planificado y es maravilloso”, señaló la creadora del grupo.
El entusiasmo de los participantes es tal que muchos quieren sumar un detalle personal para los destinatarios del libro que envían. Así hubo casos en los que el texto llegó acompañado de dulces de fruta o de plantas. La mayoría suma un pequeño texto o dedicatoria en la que relata cómo fue la elección del ejemplar que mandó.
También hay situaciones que se dan que son sorprendentes. “Un grupo de chicas que participaban de Milhojas cuentan que su abuela de casi 90 años es muy lectora, y por supuesto no tenía Facebook. Entonces ellas le arman uno que se llama La Abuela Lectora para jugar. Y la gente comenzó a alentarla y comentarle el orgullo que es para el grupo que ella participe”, recordó Rosciani.
Y siguió: “Las situaciones que pueden sorprendernos en la actualidad no tienen que ver tanto con lo que se sale de lo común sino con el volver a creer que puede haber maravilla en lo cotidiano. Por eso a mí me conmovió tanto el golpe en la puerta y que lo busquen a uno para darte un libro”.
El correo tradicional también fue revalorizado en este proceso y muchos se acercaron por primera vez a las oficinas para conocer los distintos modos de envío, sus costos y el tiempo que demoran en llegar.
“Hay gente grande que nunca había recibido una carta, no un sobre con su nombre sino algo que alguien te escribió a vos. Eso es muy movilizador”, reconoció la creadora.
Pasión y participación
La creadora del grupo resaltó que por ahora no se puede hacer un análisis concreto sobre los participantes, aunque es evidente que la mayoría de los integrantes son mujeres. Además suelen ser las más activas en los intercambios de los distintos posteos.
“No hicimos ningún trabajo estadístico por ahora. Aunque sería muy interesante. Pero estamos abocados a que siga el juego, que ya es muchísimo trabajo. Nos falta gente para poder hacer ese tipo de actividades”, reconoció.
Aunque agregó: “De todas maneras, es evidente la diferencia entre cantidad de mujeres y de hombres que participan. Hay muchísimas mujeres participantes que por las fotos te das cuenta que tienen niños pequeños y que te comentan que en el ratito en que se durmió el bebé aprovechan para leer los libros que le van llegando. Por lo tanto, se puede pensar en la necesidad de darle lugar a estas cosas y no al revés, como que a quienes les sobra tiempo pueden dedicarse a estar en Facebook. Entre los administradores pasa lo mismo, lo que nos apasiona lleva tiempo”.
La gran elección
Una de las instancias del juego que puede resultar más difícil –y satisfactoria– es la elección del libro que se enviará a una persona a la que no se conoce. En las librerías recomiendan optar por un texto que haya resultado importante para uno mismo. Sin embargo, Rosciani prefiere que ese paso sea más libre.
“La idea es poder, también en eso, jugar la singularidad de cada uno. Entonces intentamos que esa libertad se sostenga”, remarcó y agregó: “Algunos han pedido, explícitamente, «Cuando les toque enviarme a mí, no me manden de tal cosa»; otros se han comunicado con la persona a la que debían enviarle el libro para preguntarle qué genero prefieren; otros espiaron los comentarios de la persona para conocer qué perfil tiene; algunos dijeron: «Yo trabajo de tal cosa pero no me manden nada vinculado a eso, quiero cosas distintas»”.
Por eso, la sugerencia de la creadora del grupo es mantener el principio de libertad. “Cada uno debe mandar lo que le parece. De última, son 16 libros, si alguno no gusta o no tiene que ver con lo que generalmente se lee, se guarda como parte del juego. Lo puede leer otro o se hará circular como otra de las prácticas que habilita Milhojas. Recibiendo tantos libros, a veces, uno después regala o comparte. Pero el criterio es sostener la libre elección”, dijo.
Privacidad y cuidado de los participantes
Un post que apareció hace algunos días en Milhojas despertó un fuerte debate y dio otra mirada sobre el intercambio de libros. Una participante expresó su preocupación sobre el control que se realiza sobre a quién se le dan los datos de cada persona, ya que temía por las situaciones de inseguridad que podían generarse.
Al respecto, Rosciani expresó: “Es más lo que se produce del cuidado mutuo que del riesgo. Pero sí es importante destacar que los nombres no circulan entre los miles de participantes. Las asignaciones se hacen por mensaje privado entre el líder y sus brotes. Como mucho el propio nombre y la dirección trascienden a las 16 personas que te van a mandar los libros. Además, esa información hoy se puede conseguir por Google, no son datos comprometedores. Hay una cuestión de mucho temor en la sociedad y cuando alguien se siente en riesgo ve la amenaza en todos lados”.
Una propuesta que crece
Para ella, la dimensión que tomó la propuesta –con la publicación casi diaria de nuevas ramas– no deja de sorprenderla. De hecho se ha comunicado gente de otros países que quería sumarse pero se decidió, por lo compleja que se volvería la administración del grupo, que no sería posible. De todas maneras, Rosciani se ofrece a compartir su experiencia si alguien está interesado en armar otro grupo fuera de la Argentina.
“Cuando arranqué con esto no me imaginé lo que iba a pasar pero me devuelve la confianza en que hay que hacer lo que uno sueña y junto a otros”, remarcó la creadora de Milhojas y agregó: “Es importante haber podido redescubrir la felicidad de jugar juntos. Vale la pena”.
En las librerías reconocen que la iniciativa impactó en la venta
En las librerías el impacto de los árboles de libros se siente y es bien recibido. Poesías, novelas de todo tipo, libros de autoayuda y hasta los clásicos forman parte de las elecciones que realizan quienes deben enviar el regalo a un desconocido.
Camila de Mauro Yardin contó que a partir de la propuesta aparecieron compradores nuevos. “Mucha gente que no es lectora se metió en el grupo, y a lo mejor a partir de eso empezaron a visitar una librería, mirar los autores y elegir un libro para regalar. Eso es todo un desafío”, contó.
“En ese grupo se trabaja muy bien y muchísimo. Incluso hay librerías del interior que nos piden libros porque están trabajando con esa cadena y necesitan más”, mencionó, por su parte, Mirta de Alicia Libros.
En relación a qué es lo que buscan los milhojeros, Mirta señaló: “Hay mucha gente que está perdida, otros que están decididos sobre qué quieren y otros que buscan no gastar tanto. Entonces muchos buscan las ediciones de bolsillo”.
En tanto, Camila mencionó: “Muchos llegan y nos dicen que no saben qué regalar. La verdad es difícil la elección. Yo siempre les recomiendo que, al ser un regalo, lo ideal sería enviar un libro que le haya gustado a la persona que lo manda. Es un lindo gesto regalar algo que conocés y te gustó. Además te permite hacer una dedicatoria más personal”.
Victoria Rodríguez / Diario UNO