santafe
Sábado 11 de Abril de 2015

Niño de Cobre el representante del arte callejero en la ciudad

Andrés es conocido en el ambiente grafitero. Sus trabajos abrieron el camino a una generación que a través de la dedicación y el esfuerzo pudo plasmar sus obras en los espacios urbanos de Santa Fe. 

Andrés tiene 28 años y es uno de los impulsores del grafiti en nuestra ciudad. Más conocido como Niño de Cobre, este joven santafesino fue mutando a lo largo de los años para convertirse en uno de los referentes de esta tendencia.
Con la consigna de embellecer los rincones que se ofrecían, Niño de Cobre dio sus primeros pasos a los 14 años, sin embargo la desconfianza de la gente ante sus intervenciones lo obligó a dejarlo de lado por un tiempo. Años más tarde, dejaría de lado el temor ajeno para comenzar a plasmar sus obras.
Catorce años después, este joven logró el permiso de los santafesinos para poder intervenir en los espacios que considera propicios para esto. En una charla descontracturada con Diario UNO, Andrés asegura que hoy la sociedad cambió la mirada sobre lo que el arte callejero significa.
“Cuando empecé a pintar, la gente estaba muy acostumbrada a relacionar el grafiti con el vandalismo, con un mensaje de amor en la pared, un insulto o algo político”, relata el joven quien después de muchos años de trabajo logró el reconocimiento de aquellos que muchas veces tuvieron que echarlo. “Tengo fotos con policías abrazándome y que me dicen: «Nene qué bueno lo que estás haciendo, seguí trabajando así que estás decorando la ciudad», por ahí fue un trabajo que hubo que forjarlo”, cuenta Andrés.
Sin embargo, hoy siente que todo el trabajo que debieron afrontar para lograr la aceptación de la mayoría está siendo amenazada por las nuevas tendencias en arte urbano y explica que dentro de esa categoría se encuentra el ‘vandals’, que consiste en imponerse en los espacios compitiendo por plasmar la firma en el lugar más alto o quién arruina más cosas.“Es terrible porque están arruinando lo que logramos los de mi generación, que era que nos vean como arte. Y ahora, otra vez lo van a ver como vandalismo, no está bueno”, aclaró.
Al momento de tener que calificar su trabajo y cómo pudo evolucionar con el correr del tiempo, la modestia lo caracteriza y asegura que todo lo que aprendió fue gracias al esfuerzo, estudio y trabajo. “Estoy muy contento porque llegué al nivel que tengo ahora ya que me esforcé mucho, no es que simplemente apoye el lápiz en el papel y salió todo. A veces a los talentos hay que trabajarlos un poco y cultivarlos porque si no, quedan en lo que eran”, explica.
El grafiti es solo uno de los aspectos que forman parte de su vida, ya que Andrés también estudió cine, modelado 3D, animación 2D y 3D. De manera inconsciente, se conjugan todos los conocimientos para llevar adelante los trabajos. 
Niño de Cobre asegura que en su caso, la inspiración nace sola, las ideas surgen y así impulsan las ganas de trabajar. Los retratos que plasma son de aquellos personajes que lo inspiran. Pueden ser estrellas de rock, actores o alguien conocido ya que de esta manera el público puede reconocerlo más fácilmente. “Ahora tengo ganas de pintar un Iggy Pop (legendario punkrocker norteamericano), si logro hacerlo bien, la gente va a saber de quién se trata, antes de pintar una persona totalmente inventada”, explica Andrés. Para trabajar prefiere hacerlo desde los volúmenes y las sombras, ya que considera que hacer un contorno con una línea negra no es un reto. El hecho de que la obra se presente como un desafío para el artista es un plus que motiva aún más el trabajo. “Porque una persona cuando dibuja está viendo las líneas pero al final esa línea no era tal, por ejemplo la nariz no tiene línea, es un brillo. Tiene que ser un reto, porque si es algo que es fácil no motivo”, aseguró.
La comodidad para trabajar la encontró empleando aerosoles, los cuales vienen a reemplazar los pinceles de otros artistas. A la altura de Mitre y Balcarce, casi en la esquina puede observarse uno de los últimos trabajos que Niño de Cobre realizó en la ciudad. Lo hizo en compañía de otro colega y amigo, conocido como Frost. En uno de los extremos de la pared puede observarse el rostro de una persona mayor conduciendo un tractor. Este grafiti representa al abuelo de Andrés, quien falleció. 
“El abuelo Lito era de Matilde, como falleció, esta fue la forma que encontré para hacerle un homenaje”, cuenta emocionado el joven.
El lugar donde está ubicado coincide con una parada de colectivo, el echo de que por esa zona circule un montón de gente y que todos los que viajan en el transporte se queden sorprendidos mirando el trabajo, genera mucha satisfacción al artista. 
Al momento de comenzar a trabajar en cualquier pared de la ciudad, no solo se pide permiso, sino que también tiene que darse un proceso. La limpieza es fundamental, ya que por tratarse de espacios que fueron usados anteriormente para propagandas, tienen mucha pintura a la cal. “Lo primero que hacemos es rasquetear, parecemos albañiles, limpiar toda la pared y blanquearla, pintar con rodillo. Al otro día empezar con los aerosoles”, cuenta Andrés al mismo tiempo que asegura que un trabajo puede llevar hasta cuatro días, más aburre.
El paraíso del grafiti
Con experiencia sobre los hombros, Andrés tuvo la suerte de poder viajar y observar cuál es el estado del arte callejero. A pesar de lo que se cree, los grafiteros santafesinos gozan de una libertad que es muy difícil de encontrar en capitales internacionales. En Barcelona tienen tres paredes designadas para todos los que van a la ciudad y los locales para poder pintar. Es por esto que los jóvenes están obligados a meterse en fábricas abandonadas, pintando un dibujo arriba de otro. “Acá nosotros tenemos una libertad impresionante, acá podemos hacer lo que queramos, este es el paraíso del grafiti”, relató.
Niño de Cobre no duda al momento de afirmar que en la ciudad, las expresiones urbanas fueron evolucionando y hoy están a la altura de las grandes ciudades. “Antes era grafiti y todos lo conocían como el cuento de Cortázar pensando que se trataba de escribir un nombre en la pared, ahora es arte y es por eso que tenemos algo que no está en el resto del mundo. Por eso me parece que los de afuera tienen que aprender de nosotros”, finalizó Andrés.

Por Romina Elizalde / Diario UNO