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Lunes 09 de Mayo de 2016

Para Kemelmajer, el Código Civil sienta las bases para la reconfiguración familiar

En Santa Fe. La jurista mendocina participó de la Junta Federal de Cortes. Analizó los nueve meses de vigencia del nuevo código y opinó sobre los cambios que se vienen 

En el marco de las VIII Jornadas Institucionales de la Junta Federal de Cortes, estuvo en Santa Fe la jurista y docente mendocina Aída Kemelmajer. Como especialista en derecho de familia, la exministra de la Corte Suprema de Justicia de Mendoza, integró la Comisión Redactora del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, y el jueves pasado, disertó en la ciudad sobre el balance que hacen de los nueve meses que lleva en vigencia.
—¿Cuáles fueron los aspectos más discutidos de la reforma y qué resultado tuvieron al ser aplicados?
—La materia que concentró más tiempo y profundidad de debate fue el derecho de familia. En este proceso de recodificación, hubo mucho de conservación y cosas que son verdaderamente nuevas. Esos cambios más grande fueron en derecho de familia y quizás por eso fue lo que al principio causó mayor conmoción. Argentina tenía una legislación en esa materia que estaba muy actualizado porque desde los tiempos de Dalmacio Vélez Sarsfield (autor del Código Civil de 1869) hasta ahora tuvo modificaciones muy importantes como fue la Ley 17.711 (que en 1968 incorporó la posibilidad del divorcio por presentación conjunta entre ambos cónyuges). Si bien esa es una ley de un gobierno no democrático, fue llevada adelante por el doctor Guillermo Borda y fue una ley extraordinaria. Y luego también fueron importantes las dos leyes del gobierno del presidente Raúl Alfonsín: la ley que instaló el divorcio vincular en la Argentina y la que generó un nuevo régimen para las responsabilidades parentales. Después tuvimos otras leyes magníficas como las del matrimonio igualitario, la ley de género, el derecho de familia ha tenido grandes transformaciones.
—¿Por qué era tan necesario estructurar esas modificaciones?
—Porque tener un código es una forma de reconocer y ordenar todas esas transformaciones que había tenido la sociedad y permite, además, avanzar nuevos pasos como fue la eliminación del divorcio contencioso.
Sin embargo, Kemelmajer aseguró que el camino de la transformación encontró focos de resistencia en algunos operadores judiciales y que muchas de esas opiniones contrarias van a quedar plasmadas en los fallos judiciales, por lo menos hasta que la jurisprudencia de los máximos tribunales comience a solidificar el camino. “En estos nueve meses que llevamos de vigencia del nuevo Código, la parte de familia está siendo muy bien aplicada por los jueces argentinos. Por supuesto que algunos jueces conservadores no quieren entrar en la nueva línea pero la regla general es que se está aplicando bien”, dijo.
—¿Cómo se trabaja con esos sectores de la sociedad que han puesto más resistencia?
—Siempre se ha dicho que la ley viene detrás de lo que les pasa a las sociedades. Es difícil que las leyes se adelanten. Pero hay leyes en nuestro país que han tenido esa función pedagógica y que han servido para que la sociedad acepte nuevos cambios. La ley de matrimonio igualitario entiendo yo que fue una de esas. Si usted paraba en la calle a cualquier persona, a lo mejor la mayoría en ese momento le decía: «matrimonio de personas del mismo sexo no». Pero la ley fue el clic que necesitaba la sociedad para darse cuenta de que las personas, sean cual sea su orientación sexual, tienen derecho a casarse o no casarse. Pero son las menos. Normalmente las leyes vienen detrás del cambio aceptado generalmente por la sociedad.

Más allá del afecto 
—¿En qué otros temas este nuevo Código podría adelantarse a los cambios culturales?

—Este código probablemente vaya a producir ese cambio en materia de reproducción humana asistida: la filiación que se genera no de manera natural o biológica, sino con el auxilio de la ciencia. Fue una pena que durante el debate legislativo sobre este nuevo código se quitaran algunas cuestiones relativas a la reproducción humana asistida. Pero aun así y todo ha significado un gran avance y está produciendo este cambio para que la gente empiece a pensar que –si bien el dato genético es importante– la filiación es un dato de la cultura y esta afectividad que subyace en la filiación no solamente puede llegar con la adopción, que es la típica filiación generada en el afecto, sino también en otras formas de filiación.
Y en la vanguardia de la discusión, Kemelmajer posicionó al debate sobre la cantidad de vínculos biológicos que puede tener una persona. “Estamos acostumbrados a que una persona puede tener un papá y una mamá, o dos mamás o dos papás. El Código habla siempre en términos binarios y esa tradición podría ser abandonada en los próximos años”, concluyó.
Gabriela Albanesi / galbanesi@uno.com.ar