santafe
Lunes 25 de Enero de 2016

Quieren trasladar los restos del padre Cirilo a la parroquia San Pablo

El sábado la noticia de su muerte movilizó a la comunidad. El religioso fue inhumado en el Cementerio Municipal, hasta que pueda arribar a su iglesia

El pasado sábado 23 la noticia sobre el fallecimiento del párroco Cirilo Zenklusen sorprendió a toda la comunidad del barrio Guadalupe, la cual fue testigo de la labor que el sacerdote llevó adelante en varias décadas.

El padre Cirilo, de 86 años, fue velado en la parroquia San Pablo, que él mismo fundó en Castelli al 600, en medio de una conmoción muy importante. “Sonaban las campanas y la gente lloraba”, contó Dora Zenklusen, sobrina del fallecido párroco. Durante toda la noche las puertas de la capilla permanecieron abiertas y el paso de la gente fue constante.
 
 
“Guadalupe entero conocía al padre Cirilo. Cuando el sábado amanece con esta noticia, todo el barrio se abocó a preguntar qué había sucedido”, relató la mujer, quien aclaró que su tío murió como consecuencia de una neumonía.

Agradecida por las demostraciones de afecto que recibieron ante la partida del sacerdote, valoró el papel que tuvo entre la gente del barrio, ya que su labor parroquial y de evangelización marcó un antes y un después en una comunidad que se forjaría con fuerza.“Él fue el pastor de la parroquia de este barrio durante muchos años”, sostuvo Dora, en diálogo con Diario UNO. 
 
Cirilo siempre actuó como consejero de los feligreses. Su actividad fue constante, su partida deja un legado que estará marcado por la alegría que caracterizaba al sacerdote. 
 
A pesar de los problemas de salud que lo habían aquejado en los últimos años, siempre demostró la fortaleza necesaria para realizar bendiciones cuando ya casi no podía emitir palabras. Su sobrina recordó que aun con las limitaciones físicas que lo aquejaban, llegó a escribir un libro.

Recorrido. Tras terminar la primaria, Zenklusen ingresó al seminario.
 
“Él no podía hablar en los últimos tiempos pero escribía en la computadora, ahí dejaba todos los mensajes”, relató la mujer, que durante 50 años compartió la mesa dominical junto a su tío.
 
Con un sinfín de anécdotas sobre la tarea de Cirilo, recordó sus caminatas nocturnas a las familias que tenían problemas por resolver. “Él siempre llevaba la palabra, el aliento, hasta el último momento vivió con alegría”, sostuvo Dora.
 
Los restos del párroco descansan momentáneamente en el Cementerio Municipal santafesino, ya que en pocos días comenzarán los trámites necesarios para trasladarlo a la parroquia que fundó. El pedido será hecho tanto por la comunidad como por el párroco al Arzobispado.