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Lunes 11 de Enero de 2016

Santa Fe: logros y desafíos en la prevención de las adicciones

Sin ánimo de dar “recetas”, el referente en la temática Osvaldo Chiarlo propone una mirada lúcida sobre la cuestión y considera imperativo repensar tanto los abordajes terapéuticos como las políticas nacionales y locales en marcha

El licenciado Osvaldo Chiarlo es docente del posgrado Herramientas Teórico-Prácticas para el Abordaje de las Adicciones que se dicta en la UNL y en la Uces, y psicólogo de la Dirección General de Prevención y Control de Adicciones, del gobierno de la provincia.
Se trata de uno de los referentes locales ineludibles a la hora de profundizar sobre la complejidad de una problemática frente a la que los Estados parecen no encontrar “la” receta.
Tampoco Chiarlo la tiene ni pretende tenerla, pero sobre la base de su formación y experiencia intenta dar algunas respuestas, en diálogo con Diario UNO
—¿Cuáles son las materias pendientes en la provincia en lo que a prevención y control de adicciones respecta?
—No es solo la provincia quien tiene cuestiones “pendientes” en cuanto a prevención y asistencia de adicciones; y a control del narcotráfico. Tanto Nación como otros países, deben repensar las políticas públicas sobre drogas y poner foco –de modo firme– en lo que surja luego de esa redefinición.
—¿Por dónde debería pasar esa redefinición?
—En prevención, el desafío es muy complejo porque la estrategia terapéutica no es la misma para las diferentes poblaciones de consumidores. Durante muchos años se creyó que divulgar información científica sobre las consecuencias negativas del consumo era un método efectivo. Hoy sabemos que un gran porcentaje de personas, aunque tenga consciencia sobre los efectos negativos, continúa consumiendo. El ejemplo quizás más palmario sea el que describe Fros Campelo en su libro El Cerebro del Consumo: argumenta por qué no son efectivas las imágenes tan “fuertes” –por usar un eufemismo– de advertencia en los paquetes de cigarrillo. A grandes rasgos y simplificando se observan dos fenómenos: en la cultura del consumo operan mecanismos diversos y complejos en los que el mercado juega todas las cartas que le son posibles jugar: el uso del neuromárketing y la propaganda en todos los órdenes. También, el propio sujeto reproduce sin proponérselo o de modo inconsciente esa misma cultura del consumo en una búsqueda incesante –y nunca satisfecha– de nuevos objetos que consumir. 
“Por otra parte, las organizaciones criminales han desarrollado por efecto de su propio modo de funcionamiento, subsistencia y no solo proponiéndoselo, estrategias de cooptación y contención –en los que se crea identificación, pertenencia y dependencia– de las poblaciones más vulnerables; adonde al Estado le cuesta llegar. En esos espacios –muy dinámicos, por cierto–, se ha generado no solo una nueva consciencia social sino también otro modo de ser social. Se despoja a nuestros jóvenes de estilos de vida saludables y los ubican en creciente tensión con la ley”, distinguió el psicólogo.
“Por lo tanto –prosiguió Chiarlo–la prevención debe ser pensada desde un paradigma integral en cuanto a lo disciplinar e intersectorial, en cuanto al rediseño de las políticas. Y está claro que la prevención en los sectores marginados es impensable si no se amplía la inclusión social y el control de esas mafias que se alimentan de la marginalidad y reproducen la dependencia a las sustancia; y al narconegocio como forma de subsistencia precaria”.
 
Diferenciar estrategias
—¿La prevención es distinta según el sector social al que se dirija?

—Básicamente, con la prevención intentamos llegar antes que la enfermedad; y debe ser diseñada sobre tres niveles: universal, selectivo e indicado. En cualquier espacio (individual, familiar o social) debemos brindar herramientas prácticas para el autocuidado y la mejora de la calidad de vida teniendo en cuenta el contexto y la historia de cada sujeto. Un niño puede ser educado sabiendo que podrá consumir alcohol, moderadamente, luego de los 18 años –en los menores, entre otros graves problemas, esta sustancia perjudica el desarrollo cognitivo–. Pero no le digo “no tomes”. Promuevo que espere, que aprenda a esperar. 
“Por otro lado –contrastó Chiarlo– la prevención en poblaciones más vulnerables deberían profundizar las políticas de reducción de riesgos”.

Los que marcan un Norte
Según Osvaldo Chiarlo, los países que avanzaron significativamente en “control” de las adicciones han sido Portugal, Australia, Suiza, España, Canadá, Uruguay, Colombia, entre otros.
“Por un lado, han diseñado planes de asistencia integral y promoción comunitaria para las personas con adicción, han invertido en capacitación para los profesionales sobre las nuevas políticas de drogas, quienes se han entrenado sobre intervenciones integrales que están demostrando mayor efectividad. También, han elaborado leyes para debilitar la narcocriminalidad y han utilizado los medios de comunicación del mismo modo en que lo han hecho las grandes marcas para lograr incrementar el consumo solo que de modo contrario: educando en una cultura anticonsumo”, aseguró.
—¿Cuáles son las “nuevas políticas sobre drogas”?
—En abril de este año, las Naciones Unidas (ONU) dedicarán, por tercera vez en su historia, una Sesión Especial de la Asamblea General (Ungass) a revisar el funcionamiento del sistema de control de drogas en donde se intentarán mejorar las pautas normativas y el marco institucional y jurídico al respecto. El propio organismo declaró que las iniciativas adoptadas en la Ungass de 1990 para desarrollar una estrategia coherente para todo el sistema de la ONU, fracasaron estrepitosamente en la década posterior.
“Ahora bien –profundizó el especialista–, toda promesa de avance dependerá de si se logra un debate realmente abierto, sincero e inclusivo. La propia ONU expresa en la convocatoria para abril que es probable que el encuentro derive en una agenda «diluida» pero que, aunque «vagamente», reflejará un cambio de rumbo político: un mayor acento en la salud y el desarrollo, menos criminalización, más respeto por los derechos humanos y la proporcionalidad de las penas, un mejor acceso a los medicamentos esenciales, etcétera. 
Y consideró: “Este tipo de reuniones de alto nivel ratificarán términos más progresistas sobre cada una de estas cuestiones claves. Esto ineludiblemente impactará sobre las políticas de prevención y asistencia de las adicciones”. 

Una “conquista” 
—La ley Nacional de Salud Mental, vigente desde 2010 y que en gran medida comparte el espíritu de la ley provincial homónima de 1991, ¿qué aporta para el abordaje de las adicciones? 

—La Ley 26.657 sintetiza un paradigma y propone un cambio notable en todo el campo de la salud mental, que era necesario y que debemos profundizar. Bajo esta concepción, la problemática de las adicciones no puede ni debe abordarse de manera unilateral, simplificadora o recortada del escenario social donde el sujeto se relaciona. Esta norma invita a complejizar el abordaje y brinda herramientas concretas y superadoras. En su artículo 4 dice que las adicciones deben ser tratadas como parte integral de las políticas de salud mental; y que las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en esa ley en su relación con los servicios de salud. Pone también el eje en la singularidad de la persona en tanto sujeto de derecho. En este marco, la salud es una conquista diaria que debe sostenerse con trabajo. 
—¿De qué modo las distintas corrientes y prácticas de la psicología (psicoanálisis, cognitivo conductuales, sistémica, etcétera) deberían integrarse en un diálogo sin confrontaciones para buscar soluciones concretas?
—Primero, todos debemos comprender que las adicciones son de origen y evolución multifactorial (biológico, subjetivo, familiar, social y cultural). Si nos enfocamos en uno solo de estos determinantes no veo chances de progreso. Cada orientación tiene algo que aportar mediante el diálogo, la interdisciplina y desde un paradigma abierto a la integralidad en el campo de la salud.

Mariano Ruiz Clausen / mruiz@uno.com.ar