santafe
Viernes 29 de Abril de 2016

Silas Bassa: “Este disco es moderno y muy personal”

El pianista santafesino que reside en París llega a la ciudad para presentar su disco Oscillations al que describe “integrado por música minimalista, repetitiva, tango y composiciones propias”

Silas espera en el living de la que fue su casa tal como le gusta aclararlo en tiempo pasado. Escapa a las fotos junto al piano y sonríe mientras piensa qué camisa ponerse en la foto. Tiene la tranquilidad que le dan los años en la música y  a la vez cierta inquietud que es provocada por la sensación de tocar su disco en el coliseo principal de esta ciudad. 
Hoy, desde las 21, la sala Mayor del Teatro Municipal “1º de Mayo” recibe al pianista en una ocasión especial para el encuentro del artista que reside desde 2002 en París, donde continúa su formación y actividad artística, y donde ha editado recientemente el disco “Oscillations”. Silas estudió con grandes maestros y compartió Máster Class con Bruno Gelber y hoy mostrará su disco en la sala Mayor del coliseo. Escenario habló con el artista. 
—¿Cómo nació tu relación con la música? 
—Empezó en esta casa. En este comedor. Estaba el piano de mi madre. Lo tocaba y lo fui descubriendo de a poco. Creo que ese fue mi primer contacto. Luego mi madre vio ciertas habilidades y decidió mandarme a un conservatorio del barrio Sur. Tenía mucha facilidad. Me daban obras y las leía muy rápido y siempre preparaba algo más para las clases así fue que mi madre decidió buscarme otra profesora Martha Part Ebrecht, que fue con quien estudié hasta los 18 años. Era más rigurosa, siempre pedía más. Ahí ya mi carrera iba en serio.
—¿Y nunca dudaste si había que seguir o no?
—No. Con el piano no. En realidad dudaba con otras cosas. Tuve un período de crisis existencial pero más con el contorno social y con la escuela pero no con mi vocación. De hecho eso me molestaba y era una piedra en el camino para seguir creciendo. 
—Entonces decidiste irte a Buenos Aires.
—Sí, cuando ya podía decidir me fui. Ahí fui dando con varios profesores ya de un mejor nivel y pude entrar al conservatorio nacional de música gracias a Aldo Antognazzi. Ahí se resolvieron varias cosas. Seguía con la música y logré emanciparme. Fue un cambio positivo. Nunca sufrí ese cambio de ciudades. Todo lo contrario, era un crecimiento muy grande para mí. Igual, era como que en alguna parte de mi destino estaba escrito irme. 
—Después llegó París. ¿Por qué elegiste ese destino?
—Algo que ver tuvo Bruno Gelber. O todo, pero indirectamente. Yo lo conocí  en el conservatorio. Yo estaba en una clase y viene una de las secretarias a decirle a mi profesor que Gelber quería a uno de los alumnos para una Máster Class. Mi profesor me mira y accedí. Fue entre casualidad y destino. En una semana preparé una obra de Brahms y me fui a la clase. Fue mágico. Después a los dos días me llaman y me dicen que el maestro me había seleccionado y fue una alegría enorme. Sigo trabajando en privado con él y al mes se fue a Europa. Me ofrece una beca para ir a Europa y allá nos fuimos. Ese fue el prólogo de París. París no tuvo que ver con Gelber, pero sí la llegada a Europa. Francia es otra parte de mi carrera. 
—¿Seguiste estudiando en París?
—Sí. Es más creo que fue el trabajo más profundo de mi carrera. Fue todo nuevo. Fue  empezar de nuevo. En París recomendado por Aldo Antognazzi conozco al pianista que me habla de Monique Deschaussées . La contacto y me da una entrevista que duró tres horas. Ella decidió darme clases pero las condiciones era revisar todo lo aprendido anteriormente y llevó ese aprendizaje a un ejercicio que no solo mejoraba lo musical sino que también unía ese trabajo a lo físico y a lo espiritual. Fue reencontrarme.
—¿Cómo es para un músico argentino trabajar allá?
—Creo que es interesante. Al principio uno cree que está solo pero esa soledad es la que te hace salir de la zona de confort y conocer nuevas amistades y conocer otras realidades. Eso te conecta muchísimo con nuevos caminos. Es mucha la gente que fui conociendo. 

Sobre el disco
El disco se compone de “una selección de piezas sutiles que se amalgaman unas con otras, que nunca se suceden, que no parecen provenir de un antes y un después, sino simplemente engendrarse. La música envuelve al público y lo sorprende, lo transporta, lo cautiva, en sentido literal, para introducirlo dentro de ese entrecruzamiento entre el espacio y el tiempo, de la música y el silencio. Un lugar sin lugar. Un tiempo donde reina el infinito. Silas Bassa propone en este espectáculo un repertorio moderno y personal, integrado por música minimalista, repetitiva, tango y composiciones propias, que expresa en escena los dramas más íntimos, los interrogantes existenciales y las alegrías efímeras”. 

Por Maxi Marano / De la Redacción de UNO Santa Fe