santafe
Sábado 02 de Agosto de 2014

Una fusión de estilos y sabores

Mario, Nicolás y Alejandro en algún momento se dedicaron a otra actividad. Ahora hacen gastronomía. Es una tendencia que crece en Santa Fe. La huella que dejó el programa MasterChef

Tres personas, tres historias diferentes con un final común. En ningún momento los protagonistas de esta historia pensaron que iban a incursionar en el mundo de los sabores, entre utensilios de cocina y usando un delantal. Nicolás Delfo, Alejandro Russo y Mario Barquín son los fundadores del espacio culinario conocido como La Boutique del Cocinero. Antes de dedicarse al mundo gourmet, estos tres santafesinos recorrieron caminos tan diferentes como intocables unos entre otros.

En todos los casos el encuentro con el arte de la cocina comenzó de casualidad. Ya sea por necesidad, gusto o puro placer, al momento de responder si años atrás se imaginaban en una isla de cocina, utilizando cuchillos de diferentes formas y tamaños o enseñando, contestan riendo y casi a coro: “No”.

En el caso de Nicolás, su experiencia en el mundo de la cocina surgió cuando su hermana comenzó un emprendimiento personal. De a poco, se fue metiendo cada vez más en un mundo de ajetreos, presión y sabores que lo sigue cautivando. Este ingeniero en sistemas decidió arriesgarse y comenzar a incursionar en el ámbito culinario.

Mario, luego de incursionar por varios caminos académicos como la abogacía y el diseño, decidió arriesgar, apostó y hoy se siente un ganador. Tanto en el ámbito práctico de la cocina como en el pedagógico, la presión de estar contra reloj al momento de tener que realizar un plato, es lo que le genera una enorme satisfacción.

Por su parte, Alejandro, antes de aprender a manejar la sartén incursionó en el ámbito de la comunicación social y de la música. Este joven se define como un cocinero autodidacta, luego de haber dado sus primeros pasos en la cocina cuando en 2001 viajó a Europa. Había que mantenerse y el sector gastronómico le brindó una salida que no desaprovechó. Poco a poco, el mundo de oportunidades que la cocina ofrecía lo cautivó.

Casi por casualidad, estos tres jóvenes se reunieron para comenzar a dar forma a un emprendimiento gourmet, el cual conjuga los elementos que a cada uno de ellos les interesa. La cohesión de los sentidos, sabores y gustos personales se entremezclan para dar paso a nuevas experiencias.

 

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Arriesgarse. Nicolás, Mario y Alejandro apostaron a una pasión que nunca pensaron que tendrían: la cocina.

 

Mario Barquín: “Decidí sacrificar dinero por lo que me gustaba”

A la cocina la encaré de grande. Vengo de una familia en donde mi papá era abogado, entonces mi primer estudio fue Derecho. Me di cuenta rápido de que no era lo mío, no me llevo bien con libros muy altos. Después fui para el lado del diseño, pero tampoco seguí. Cuando a los 18 años me fui a vivir solo, como me gusta mucho comer, inevitablemente tuve que empezar a cocinar, y cuando empecé a hacerlo me gustó. Compré libritos de recetas y a invitar amigos. Se fue formando una peña donde empecé a cocinar. Ahí me dije: “Cómo no lo vuelvo una profesión, si me gusta tanto”. Me arriesgué y fui a estudiar a Buenos Aires y me recibí en 2005. Ese mismo año empecé a trabajar en cocina. Dejé mi trabajo, donde ganaba bien y sacrifiqué dinero por lo que me gustaba y empecé a cocinar.

 

Nicolás Delfo: “En mi casa no había hecho ni un huevo frito”

Me recibí de técnico mecánico electricista en la Escuela Industrial Superior y estudié hasta 3º año de ingeniería en sistemas. En la cocina arranqué ayudando a mi hermana que lo hacía bien y armamos una pequeña empresa de desayunos, tortas y demás. Empecé ayudándole a hacer las compras, repartiendo los pedidos, haciendo de “che pibe”. Empezamos a tener mucho laburo, necesitaba alguien que la ayude, empecé a colaborar y de a poco me empezó a gustar. Un amigo de toda la vida me invitó a estudiar a Buenos Aires en la escuela de Gato Dumas. Al principio dije que no, que era una locura, pero me convenció. Fui medio a la deriva y cuando empecé a estudiar me atrapó y hoy amo cocinar. Lo loco de todo esto es que en mi casa no había hecho ni un huevo frito, lo máximo que había hecho era un sandwich.

 

Alejandro Russo: “No dejo de ser un fan de la cocina del mundo”

Mi relación con la cocina fue accidental. Después de la debacle de 2001 me fui a vivir a Barcelona, España. Antes de irme me dedicaba a la música, Nico era el productor, y nos iba muy bien con la banda Flor Moztaza. Nos queríamos dedicar a eso. Nos fuimos a Europa y el mundo nos flasheó a todos de distinta manera. La banda se disolvió y cada uno siguió un camino diferente.

Mi primer trabajo fue de panadero, de 0 a 120 kilómetros por hora, como quien dice. No tenía ni idea de nada y con mucha paciencia me enseñaron lo que hace un oficial panadero. Me fui a vivir a Londres, luego a Toulouse, Francia, donde también trabajé en cocina. Hoy me puedo clasificar como un cocinero autodidacta y no dejo de ser un fan entusiasta de la cocina del mundo.

 

Por Romina Elizalde

Diario UNO de Santa Fe