sociales
Domingo 30 de Agosto de 2015

Asociación Vecinal Pro Adelanto Barranquitas: Talento de barrio

Con un arraigo muy importante en la comunidad, esta entidad trabaja intensamente para acaparar las necesidades de la gente. Con algo más de 500 socios, es un ejemplo a seguir

El barrio Barranquitas, que en sus comienzos era un sector campestre, supo sortear un sinfín de situaciones que, lejos de torcerle el brazo, le dieron empuje y lo ayudaron a seguir creciendo.
 
Los primeros pobladores se fueron emplazando en la década del 10, cuyo principal trabajo era la fabricación de ladrillos. Se conserva el nombre de Doña Josefa de Murilla, pionera que levantó una de las primeras casas con chapas arrimadas al mismo horno donde se trabajaba. Esta actividad le fue restando tierras a los lugares y quedaron formadas siete cavas intercomunicadas formaban un sistema lacustre más peligroso que pintoresco. 
La ubicación de la Asociación Vecinal, en Domingo Silva y Francia:
La profundidad de estas imitaba el formato de pequeñas barrancas, particularidad que puede ser la causa originaria por la cual el barrio lleva el nombre de Barranquitas. La zona se asemejaba a un gran campo, en el cual antes de la llegada de los pobladores, había muchas vacas y se vendía leche en jarros. Podían contarse solo algunas construcciones precarias y sembradíos de quintas de hortalizas y árboles frutales.
Para 1920, López y Planes estaba empedrada en la mano oeste y en la este corrían los rieles del tranvía de las líneas 3 y 5. Este trazado llevaba el nombre de Camino al Matadero; existían muy pocas viviendas y las calles no estaban marcadas tal como pueden verse actualmente.
 
En la esquina de López y Planes y Pedro Ferré había un gran baldío que ocupaba un cuarto de manzana, propiedad del Doctor Menchaca y que era el lugar preferido de los circos, calesitas y parques de diversiones que visitaban el barrio.
 
Ya en 1930 habían desaparecidos los hornos de ladrillos para dar lugar a tres inmensas cavas: una ubicada en la intersección de Francia y Domingo Silva, donde hoy se emplaza la escuela Nuestra Señora de Fátima, la Capilla Santa María Goretti y la sede de la Vecinal Pro Adelanto del Barrio Barranquitas, llamada la ciénaga, donde los chicos jugaban, arriesgando sus vidas. Otra en Juan del Campillo entre Francia y Saavedra, lugar que está la Plaza Amalia Mablioni de Rebeck y, la tercera, formada por Francia, Córdoba, Saavedra e Iturraspe, calle que los días de lluvia parecía desaparecer, ya que el nivel de agua la tapaba y conectaba las cavas entre sí. 
 
En 1939 se fundó el Club Quilmes (4 de Enero al 4100). Más tarde, en 1941 se creó el Bochas Club El Litoral, en Córdoba al 3300, que ahora radica en Pedro Centeno al 3400.
 
Entre las historias más amargas, sobresale la contada por Juan Doello, un vecino que, en 1946, perdió la vida por tifus debido a la gran contaminación que existía en las aguas de las cavas. Pero no era lo único malo que traían estas aguas, sino también roedores, que se adueñaban de las casas linderas. Movilizados por esta terrible situación, un grupo de vecinos se reunió con la intención de constituir una sociedad vecinal para reclamar con mayor fuerza ante las autoridades, exigiendo una pronta solución al problema.
 
La concreción de un sueño
El 17 de octubre de 1946, la fundación se hizo realidad y comenzó a funcionar en Domingo Silva 3351, con una comisión encabezada por Nicolás Gentile. Este se preocupó por engrandecer el barrio solicitando el desmalezamiento, la colocación de pasos de piedra, la instalación de agua corriente y el arreglo de las calles. Pero eso no fue todo, porque demás bregó por el desarrollo de una importantísima labor social sostenida también por el trabajo de la Comisión de Damas, encargada de brindar a los niños del barrio útiles escolares, ropa y golosinas, entre otras cosas.
Entre 1946 y 1947 se construyó una casa bomba con el fin de extraer el agua de las cavas a través de zanjas abiertas, que desembocaban en el río Salado, que luego se entubaron. Estas bombas en algunos casos eran provistas por la Arrocera de Fraga. 
En 1954 y, tras el arduo trabajo de la Comisión Directiva de la Sociedad Pro Adelanto del Barrio Barranquitas, que significaron notas, reuniones, reclamos a través de los medios y otros tantos recursos, se comenzó el relleno con tierra proveniente del desagüe construido entre Candioti y Recreo hasta Monte Vera. Otra de las cavas se tapó con la tierra extraída para la construcción de la pileta del Club Unión. La eliminación de las cavas concluyó en 1972. Los propios pobladores acompañaban a los carros de basura asegurándose de que la misma llegara a destino. Un vecino jubilado consagraba sus horas disponibles a controlar los materiales arrojados. A la vez que se rellenaba se construían asfalto y cloacas y la propia gente del barrio se unía para vigilar que la tierra extraída no se evadiera.
 
Todo fue tomando forma, y de la mano de quien fuera presidente, Higinio Veiga, la población soñó con tener calles y viviendas dignas. En 1973 llegó una tarea aun más comprometida: la de ser concejal, donde ocupó el cargo de vicepresidente primero: durante su gestión procuró al barrio 16 viviendas, obra realizada por el municipio. Las construcciones fueron sorteadas en la sede y luego los vecinos las fueron pagando mensualmente. La vida política de Veiga quedó trunca cuando, en 1976, el proceso democrático se vio interrumpido y con él las posibilidades de continuar generando proyectos.
 
La Asociación Vecinal Pro Adelanto del Barrio Barranquitas comprende una jurisdicción de 47 manzanas delimitadas al sur por las vías del ferrocarril General Manuel Belgrano con destino a Rosario; al norte por la calle Quintana al 4800; al este por las vías del ferrocarril General Manuel Belgrano que conducen a San Cristóbal y al oeste por la Avenida López y Planes. El barrio cuenta en su jurisdicción y en su periferia con todos los servicios elementales que se tornan imprescindibles al momento de considerar los niveles de vida.
Juan Diego Ferrante / Diario Uno Santa Fe