Ovación
Lunes 28 de Marzo de 2016

Temple de acero

La santafesina Andrea Dalmasso también se clasificó al próximo Mundial de Sunshine Coast, Australia, aunque el 2016 tendrá además su presentación en la máxima distancia de este deporte en Florianópolis, Brasil, el próximo 29 de mayo. “Es todo un desafío”, reconoció

En noviembre de 2015, Punta del Este (Uruguay) fue epicentro del Ironman 70.3 clasificatorio para el Mundial en Sunshine Coast, Australia, del próximo 4 de septiembre, que contó con los mejores representantes de todo el planeta y donde un santafesino había logrado lo que parecía imposible: la clasificación. Ese fue Agustín Carrizo, quien fue primero en su categoría (25 a 29 años) y quien, tras partir en el puesto 1.276, fue superando rivales hasta llegar 8ª en la general, en su debut en este tipo de competencias. Las páginas de Ovación graficaron dicho logro semanas atrás.
 
Pero la realidad es que no fue el único nacido en esta tierra que también alcanzó dicho cometido, ya que una dama se contagió y casi que siguió sus pasos. Ella es Andrea Dalmasso que, a los 46 años, tuvo en una performance sin igual al ser la mejor en su categoría (45 a 49 años) y 13ª en la general de mujeres. Esto le otorgó el pasaporte a la cita máxima de esta disciplina en Oceanía. Pavada de alegría.
 
Se ganó una Ovación
Diario UNO le abrió sus puertas y en una charla muy amena y distendida, Andrea contó todo lo que se le viene por delante, donde asoma como primera medida el Ironman Internacional de Brasil, que se desarrollará en Florianópolis, Brasil, el 29 de mayo. Será su presentación en la máxima distancia, donde buscará el boleto al Mundial de octubre en Kona, Hawaii, considerada como la meca de este deporte.
 
—¿Es un año especial?
—Está planificado para sufrir durante muchos meses (risas). Pero también para disfrutar de todos y cada uno de los entrenamientos con la gente que uno quiere, como mi esposo (Gustavo). La gran expectativa está depositada en lo que se vendrá dentro de cuatro meses cuando se desarrolle el Ironman en Brasil, donde la idea es sumar experiencia. Estamos entrenando mucho, porque restan todavía varios días de mucha intensidad y por eso tenemos puesta la cabeza en dar lo mejor de nosotros. Más adelante tenemos el Mundial 70.3 en Australia, así que  estoy muy entusiasmada. Hoy el objetivo principal está en Brasil, porque será la primera vez que participe en distancias poco habituales. El Ironman es todo un desafío y algo que me crea muchas incógnitas. Para eso estamos preparándonos, con el fin de hacerle frente a todo para estar a la altura. 
 
—¿Qué te llevó a probar en el Ironman máximo?
—Es la culminación de una etapa y en la que pensás en nuevas metas. Es algo que confío en poder lograr.
 
—¿Vas a probar suerte o a patear el tablero en busca del premio?
—Me la voy a jugar. Igualmente le tengo mucho respeto a la distancias; no subestimo a nada ni a nadie. La preparación demanda de mucho entrenamiento, de horas muy cargadas, sin olvidar que tenemos nuestras responsabilidades laborales a la par, entonces apuesto a hacer valer todo ese sacrificio como un motor motivacional. Siguiendo al pie de la letra las indicaciones, se pueden alcanzar los objetivos. No voy a pasear, eso seguro. Si no tuviera ansias de ir por algo importante, directamente no me presentaría.
 
—¿Tenés que perfeccionar una de las disciplinas en particular?
—Puede que me esté faltando mejorar un poco en el agua. Admito también que soy buena en la bici, pero mi fuerte es el pedestrismo. El tema está en que, en largas distancias, tenés la posibilidad de recuperar puestos o cortarte al momento de correr más que nada. En el 70.3 son 21 kilómetros y ahora se vienen 42. Por ende tendré que estar bien preparada. No hay nada definido igualmente, porque ser muy buena en pedestrismo no te asegura que ganarás, entonces se necesita de mucho análisis y concentración. Una sabe lo que puede dar y, en base a eso, salís en busca de algo. No nos olvidemos de los factores también, porque llegado el día de la carrera pueden pasar muchas cosas, desde lluvia a mucho viento. 
 
—¿Tenés tácticas de carrera?
—Por supuesto que una tiene estrategias dependiendo cómo se presente cada carrera. Por ahí, como lo reconocí antes, al no ser mi fuerte el agua, trato de tener cabeza fría pegándome a un pelotón de punta y de ahí en más empiezo mi competencia. La idea pasa por recuperar terreno en la bici y después tratar de rematar todo en pedestrismo. 
 
—¿Si no sos fuerte mentalmente, tener un buen estado físico no sirve de nada?
—Ambas cosas son importantes. La cabeza juega un papel fundamental, especialmente en carreras de muchas horas. Si uno está bien entrenado, seguramente sufrirá menos y tendrá menos posibilidades de lesiones. En pocas palabras, te encontrarás más entero y podrás aspirar a llegar a lo más arriba posible. Pero es verdad que si mentalmente sos débil de poco te sirve ser fuerte en el resto Algo personal
 
—¿Cómo es un día tuyo?
—(Piensa) Me levanto 6.45, a las ocho entro a trabajar; salgo a las 16.30 y, dependiendo el día, entreno algo en particular. Muchas veces esto lo hacemos con las cosas ya dentro de la camioneta, para luego ir al club (lo hace en Gimnasia y Esgrima y Banco Provincial) a nadar, andar en bici o correr. Lo que sí está más que claro es que todos los días se entrena, a no ser que estés cansado. El entrenador nos dice siempre que, cuando el cuerpo te pide un respiro, se lo des. No hay feriados ni fiestas. Así sería más o menos mi forma de vida. Quizás durante los días de semana no tenemos mucha vida social, pero el finde sí ya compartimos más cosas con el resto de nuestros afectos. 
 
—¿Cómo está Santa Fe preparada para tus entrenamientos?
—Se podría decir que bien. En invierno lo que hacemos es ir a nadar bien temprano, antes de ir a trabajar, algo así como a las 5.30. Lo único malo es que no contás con la misma posibilidad en todos los clubes, entonces cada vez que se nos abre una puerta la aprovechamos. En cuanto al ciclismo, el circuito que nosotros tenemos para entrenar es desde la Costanera al Túnel Subfluvial; dentro de todo te permite hacerlo con normalidad. Es verdad que a veces hay mucho transito y eso atenta un poco con la idea de hacer algún sprint fuerte. Puede que suene raro, pero muchas veces siento que para la gente los ciclistas molestan (risas). Con respecto al pedestrismo, tenemos un lugar ideal en la Costanera. 
 
—¿Practicás las tres disciplinas por separado o con la transición?
—Generalmente en los sábados de verano metemos transición en el río, bici y correr. Después los otros días hacés natación por separado y metés el doblete en continuado con bici y pedestrismo. Igualmente hay que ver también el tipo de distancia que estás preparando, ya sea corta o de batería, como decimos nosotros, o más extensa. Todo depende.
 
—¿Por qué hacés esto?
—Esto es una pasión para mí. Lógicamente que a veces cuando me siento en el sillón de mi casa no me dan ganas de entrenar, pero una vez que agarré el ritmo no puedo parar. Después cuando vuelvo siento una satisfacción muy grande. Suena irónico, pero es así. Me doy cuenta de que es algo importantísimo en mi vida y no puedo dejarlo. Es así.
 
—¿Alguna vez pensaste en dejar todo por completo?
—Hasta ahora no. Admito que a veces me agarra esa cosa de no querer hacer nada. Tengamos en cuenta que una viene con una carga emocional importante del trabajo y saber que después tenés que hacer tantos mínimos 20 kilómetros en bici, es chocante. Pero nunca llegué al extremo de querer retirarme y ponerle punto final. Quizás el destino me impulsa a continuar. El apoyo de mis compañeros de deporte es fundamental para mantener viva está pasión.
 
—¿Cómo sos como persona?
—(Risas) Soy súper exigente, bastante estructurada en las planificaciones y muy constante en lo que hago. Quizás mi manera de ser tiene que ver con la forma en que me desempeño en mi trabajo, a la vez que en el deporte. También soy un poco obsesiva, por lo menos eso fue lo que escribió mi psicóloga en el diagnóstico (risas), y ansiosa. Así sería más o menos. 
 
—¿Qué dice la familia sobre tu idea de practicar este deporte?
—Mi papá era ciclista y cuando falleció yo aún no hacía esto. Ahora siento como que unas alitas me están ayudando y que de seguro está contento. Mi mamá sí pudo verme, falleció hace un año y medio, y recuerdo que se puso muy feliz cuando clasifiqué al Mundial de Canadá. Al principio tenía esos miedos de madre, pero a medida que fue pasando el tiempo entendió lo bien que me hacía. Mi hermano, mi cuñada y mis dos sobrinos son los únicos familiares de sangre que tengo y viven en Córdoba, y también pensaban que estaba loca cuando empecé a hacer esto. Pero al saber que me cambió la vida para bien, me apoyan con todo.
 
—¿Qué te queda por hacer?
—Solo pienso en continuar conquistando carreras. No llegué a ningún lado todavía, eso lo tengo en claro, pero quiero seguir avanzando y superándome a mí misma en las competencias que más me gustan. De la misma manera que me presento a una carrera en Santa Fe, de la misma manera me preparo para el resto de las cosas. Así es mi vida y estoy orgullosa de que sea así. 
Juan Diego Ferrante / juandiego.ferrante@uno.com.ar / Ovación

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